En los últimos meses, este periódico registró al menos tres incendios y varias fallas graves en los colectivos del Grupo Plaza que circulan por la Comuna 12. Ante la nula respuesta de la compañía y los organismos oficiales, repasamos la alarmante serie de incidentes que se produjo en las líneas 114, 133 y 140. El testimonio de los choferes.

Por Tomás Labrit
tlabrit@periodicoelbarrio.com.ar

El miércoles 22 de febrero de 2012 no fue un día más en la historia reciente de la República Argentina. Es imposible olvidar que, en aquella tórrida mañana de verano, 52 personas perdieron la vida en la tristemente recordada Tragedia de Once. Seguramente muchos recordarán que, al momento del siniestro, quienes estaban a cargo de la administración del Ferrocarril Sarmiento eran los hermanos Claudio y Mario Cirigliano, directivos de la empresa TBA (Trenes de Buenos Aires).
A causa de este escalofriante accidente, en diciembre de 2015 Claudio Cirigliano recibió una condena de nueve años de prisión en suspenso, mientras que Mario fue absuelto. Asimismo, los ex secretarios del Transporte Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi fueron sentenciados a seis y ocho años de cárcel en suspenso respectivamente, al tiempo que procesaron y embargaron a Julio De Vido, ex ministro de Planificación, en mayo del año pasado.
Otro directivo de TBA que fue procesado fue el Ing. Víctor Alejandro Heinecke, aunque corrió mejor suerte que sus colegas: fue sobreseído y hasta obtuvo un cargo en el actual Gobierno Nacional como Subsecretario de Planificación y Coordinación de Transporte.
Valga esta introducción para alertar sobre el riesgo de que en estos días se produzca una nueva tragedia vial, esta vez a bordo de un colectivo, pero con los mismos responsables que cinco años atrás gestaron el choque ferroviario de Once.

Preocupante seguidilla
Es probable que los vecinos de la Comuna 12, especialmente los de Villa Urquiza y alrededores, hayan notado cómo, entre diciembre y febrero, en la zona se sucedieron un sinnúmero de fallas -incendios y pérdida de gasoil, entre otras- en los colectivos 140, 133 y 114. ¿Qué empresa de transporte administra estos ómnibus? El Grupo Plaza. ¿Quiénes son sus dueños? Los hermanos Cirigliano. Empecemos, entonces, por repasar el extenso recorrido de irregularidades que este periódico pudo registrar en los últimos tres meses. Una aclaración: en agosto de 2015 ya se había incendiado un 140 en Constituyentes y Larralde. ¿Habrá sido el puntapié inicial del descalabro que vendría tiempo después?
En un lapso de 24 horas, y a tan sólo unas cuadras de distancia, a fines de diciembre se prendieron fuego dos unidades de la línea 140 en las calles de Villa Urquiza. El primer colectivo se incendió el lunes 26 en Triunvirato y Monroe, esquina clave del barrio. El segundo al día siguiente, en Olazábal y Álvarez Thomas, otra de las paradas más transitadas de la zona.


Ante estos hechos, en los que afortunadamente no se registraron heridos, una publicación de El Barrio en su cuenta de Facebook desató una ola de comentarios de los usuarios, quienes manifestaron su disconformidad por el servicio que brinda esta línea de colectivo. “Es una de las peores. Se caracteriza por esperas larguísimas, no se respetan las paradas y el mantenimiento de las nuevas unidades deja mucho que desear”, resumió una usuaria. Enseguida agregó su opinión otro lector, también indignado. “Viajo habitualmente en el 140. El estado de todas las unidades es deplorable: sucio por dentro y por fuera, asientos rotos, luces y timbres que no funcionan y choferes que manejan a altas velocidades y cruzan en rojo”, abundó.
“La frecuencia es muy mala -a veces vienen de a varios- y las unidades ya deben tener varios años. Me ha pasado en verano que el aire acondicionado no funcione. Como el colectivo casi no tiene ventanas y además iba llenísimo, fue un viaje terrible”, relató otro lector. Con respecto a la limpieza de las unidades, varios usuarios denunciaron la presencia de cucarachas entre los asientos y en los pasillos. “Jamás en mi vida vi cucarachas en un colectivo. En los 140, sí. Es un asco”, disparó un lector y al instante se sumaron otros usuarios que ratificaron su afirmación.
¿Dónde están los controles de la Comisión Nacional de Regulación de Transporte?, nos preguntamos en ese momento. Más adelante encontrarán la respuesta. Pero eso no fue todo.
El jueves 26 de enero un colectivo de la línea 133 que se dirigía hacia Puente Saavedra se incendió en la intersección de las avenidas Olazábal y Triunvirato, sin que se produjeran víctimas. El chofer advirtió un recalentamiento de la planta motriz, alertó a los pasajeros y les pidió que se bajaran. En ese contexto, la unidad comenzó a incendiarse y rápidamente las llamas se esparcieron por toda la carrocería, que terminó por consumirse en unos pocos minutos.
Para sumar preocupación, el domingo 29 un interno de la línea 114 se quedó atravesado en Blanco Encalada y Burela, perdiendo gasoil y con el motor en marcha. Finalmente, el martes 31 otro colectivo 114 sufrió desperfectos mecánicos y dejó de funcionar en Griveo y Gavilán, Villa Pueyrredon. Tras la difusión de esta serie de graves irregularidades, en las redes sociales de nuestro periódico se volvieron a multiplicar los mensajes de los usuarios, que se quejaron por la falta de mantenimiento de las líneas, la suciedad externa e interna de las unidades, la escasa frecuencia y la imprudencia con la que manejan sus choferes.


El mes de febrero no fue la excepción. El jueves 2 se quedó un 133 en Olazábal y Triunvirato, la misma esquina donde hacía dos semanas se había incendiado otro. Este colectivo, además, tenía el pasamanos de ascenso suelto (el repuesto cuesta 265 pesos) y los espejos retrovisores exteriores de menor medida que los reglamentarios. Esta alarmante secuencia siguió el martes 7, cuando por un desperfecto se estacionó un 133 frente al Hospital Tornú, en Villa Ortúzar.
El lunes 20, en tanto, colapsó otro 133 en Olazábal y Álvarez Thomas. La unidad estaba detenida sobre el carril derecho, con las balizas prendidas, sin el chofer ni los pasajeros. Un verdadero colectivo fantasma. El jueves 23 volvieron a aparecer los defectos: por una falla del motor, un 114 quedó estacionado durante varias horas de la tarde en Mosconi y Constituyentes, Villa Pueyrredon.
Fue por este conjunto de sucesos, que en algunos casos pudieron haber terminado en tragedia, que El Barrio intentó tomar contacto con las autoridades responsables para indagar más sobre una situación que preocupa a usuarios y vecinos.

Silenzio stampa
“Somos una de las empresas líderes en Transporte Público de Pasajeros en la Argentina. Nos define el transporte dinámico, eficiente y vanguardista”. Así se presenta el Grupo Plaza en su cuenta de Twitter, que curiosamente está inactiva desde enero de 2014. Esta compañía de transporte administra las líneas 36, 61, 62, 104, 114, 129, 133, 140, 141 y 143, mientras que en recorridos de larga distancia es dueña de las empresas El Rápido y Mercobus, entre otras. También opera en varios países del continente, como Perú (Transvial Lima) y Estados Unidos (Red Coach).
En abril de 2016 trascendió que, por problemas económicos, la familia Cirigliano habría vendido el Grupo Plaza al holding correntino ERSA pero, a los pocos días, la propia empresa se encargó de desmentir la versión. “En virtud de los rumores que están circulando respecto a una posible venta, aprovechamos para desmentirlo categóricamente. Grupo Plaza es una empresa familiar fundada hace más de 55 años, integrada por más de 5.000 empleados y sus familias, y así lo seguirá siendo”, indicaron desde la cuenta de Facebook de la compañía. Sí se confirmó que en mayo del año pasado la empresa se desprendió de las líneas 136, 153, 163, 174, 243, 317, 321, 322, 503 y 635, que operaba a través de Ecotrans.


Este periódico intentó comunicarse en reiteradas oportunidades con el Grupo Plaza y no obtuvo respuestas, ya sea telefónicamente al 0800-333-1970 -el único número disponible- o a través de su perfil de Facebook. Su cuenta de Twitter, como ya se mencionó, dejó de funcionar hace más de dos años. La única señal de vida la dieron vía mail, luego de efectuar un reclamo en su sitio web oficial. “Podés comunicarte con la cabecera de La Noria en el 4108-1100”. Pero pareció ser un chiste: independientemente de la hora en que se llame a ese número, la línea siempre está ocupada.
Por otro lado, en el caso de la Comisión Nacional de Regulación de Transporte (CNRT), dependiente del Ministerio de Transporte de la Nación, se percibió mayor predisposición para responder las consultas periodísticas de El Barrio. Aunque, al cierre de esta edición, no obtuvimos una contestación oficial. Después de varios llamados telefónicos, este periódico se contactó con el jefe de prensa del organismo, Walter Moyano, quien nos proveyó de un mail de referencia para transmitir las preguntas.
“¿Cada cuánto son auditados los colectivos? ¿Qué aspectos se evalúan en los controles? ¿No se percibe la falta de mantenimiento de las unidades en las inspecciones que realiza la CNRT? ¿Se tiene en cuenta que los dueños del Grupo Plaza son los hermanos Claudio y Mario Cirigliano, quienes administraban el Ferrocarril Sarmiento cuando se produjo la Tragedia de Once?”, fueron algunas de las consultas que El Barrio envió el miércoles 15 de febrero a través del mail y que reiteró una semana después. Sin embargo, al cierre de esta edición no hubo una respuesta oficial. “Tenemos muchos reclamos, no es por mala predisposición que no respondemos”, se excusaron ante los insistentes llamados de este periódico.

En primera persona
En las últimas semanas, El Barrio conversó informalmente con varios choferes de esta empresa, que por razones de seguridad prefirieron preservar su identidad. En líneas generales, al ser consultados sobre el por qué de los desperfectos, la mayoría coincidió en la falta de mantenimiento de las unidades. Concretamente, los choferes evidenciaron fallas en los frenos, la suspensión, los espejos retrovisores (más pequeños de los que necesitan), los motores, las luces internas y externas y el aire acondicionado, entre otros aspectos. “Es la misma metodología de TBA antes de la Tragedia de Once”, resumió un chofer a propósito del escaso control y las irregularidades que derivaron en el fatal choque ferroviario.
Además aseguraron que una de las principales quejas que les manifiestan los usuarios es la suciedad y confirmaron la presencia de cucarachas. “Es una mugre”, sintetizaron. Pero dijeron que, cuando les transmiten estas denuncias a la empresa, las autoridades no toman cartas en el asunto. También apuntaron a los controles de la CNRT, a los que consideraron permisivos.


Por otro lado, reconocieron que en muchos casos viajan a altas velocidades -otra de las quejas de los usuarios- pero se excusaron por el ajustado número de unidades que en la actualidad posee la empresa. En el caso de la línea 140, estimaron que son alrededor de 50, sin contar los internos que a diario sufren desperfectos y tienen que interrumpir su recorrido. Y por eso, consecuentemente, es tan irregular la frecuencia.
Pese a todas las deficiencias, esta línea es una de las vías más directas de la Ciudad de Buenos Aires, sobre todo para llegar a Villa Urquiza en caso de que no funcione el subte. El histórico recorrido  arranca en el Correo Central y concluye, tras pasar por nuestros barrios, en la localidad bonaerense de Boulogne.
¿Alguna vez se podrá viajar decentemente en los colectivos del Grupo Plaza?

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