Nota publicada en la edición Nº 99 de El Barrio, junio de 2007.

Pasada la primera mitad del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX, el sistema educativo argentino había atravesado por uno de los períodos de mayor esplendor, conocido como la “época de oro”. Lamentablemente los años que le sucedieron, tanto desde el punto de vista de la propuesta educativa como desde el aspecto edilicio, sufrieron un importante estancamiento que aún hoy -en distintos aspectos- se sigue reflejando. Quien haya tenido la oportunidad de conocer alguna escuela pública hasta finalizados los años 70 podrá recordar que una gran parte de la arquitectura donde funcionaban estos institutos estaba perimida y abandonada a su suerte. En muchos otros casos se utilizaban viejas casas alquiladas sin las mínimas condiciones de salubridad e higiene necesarias, lo que daba muestra de lo poco aptas que eran para esas funciones.
Recién durante la década del 80 el aspecto edilicio escolar comenzó a ser renovado. A pesar de los gruesos errores cometidos, las nuevas obras no dejaban de ser más efectivas que las ya existentes. Un claro ejemplo de esto fue la situación que vivió el Colegio Julio Argentino Roca, del vecino barrio de Belgrano, el que durante muchos años ocupó una primitiva, derruida e inhóspita casona ubicada en Amenábar entre Sucre y La Pampa, para luego trasladarse a la moderna construcción de la calle Zuberbüller que se encuentra en el mismo barrio. De todas formas, podríamos aseverar que estos flamantes edificios fueron solamente un cambio de maquillaje arquitectónico que no llegó a producir una transformación profunda del tema.

Integración con la comunidad
Hoy las cosas parecen ser diferentes. La dinámica del progreso urbano, sumada a las transformaciones que se vienen produciendo en la sociedad, ha provocado un cambio con respecto al concepto del espacio educativo. Este nuevo replanteo, denominado Polo Educativo, promueve una distinta relación entre el espacio arquitectónico y el entorno urbano existente, cuyo objetivo primordial es lograr una profunda participación e integración de las instituciones educativas con el resto de la comunidad. A diferencia del resultado que se vive a diario en nuestra Ciudad Universitaria, la cual quedó aislada del resto de la ciudad, en la propuesta que se está llevando a cabo en Saavedra prevalece el concepto de integración a través de un parque público común con actividades participativas, de manera que los vecinos no queden ajenos a su funcionamiento. La idea de focalizar a distintas escuelas en un solo punto de la ciudad tiene también como objetivo lograr un cambio profundo y superador de permanente modernización, dejando de lado los viejos conceptos hasta entonces utilizados en la arquitectura escolar del país.
Son varios los polos proyectados para la ciudad de Buenos Aires: Lugano, Barracas y Casa Amarilla. Si bien los tres son de gran importancia, el de Saavedra pasará a ser el más innovador no sólo por sus significativas dimensiones sino también por la variedad de funciones y actividades participativas que tiene proyectado brindar al barrio. Se ubicará en una esquina privilegiada del barrio homónimo, ocupando una superficie de cuatro hectáreas que tendrán su acceso principal en el cruce de Crisólogo Larralde y Galván. En esa importante extensión de tierras se ubicarán las siguientes instituciones:

Escuela de Música Juan Pedro Esnaola. Tendrá capacidad para 1.500 alumnos, contará con instalaciones especiales, como gabinetes individuales y un auditorio, una especie de plaza cívica y anfiteatro.

Escuela Maternal Infantil. Para niños de hasta cinco años, con capacidad para 480 alumnos.

Escuela Especial Nº 1. Con capacidad para 200 alumnos. Junto con la escuela materno-infantil ocupará una tira edilicia de 200 metros de largo en una sola planta.

Escuela Media Técnica Nº 36 Alte. Guillermo Brown. Especializada en computación, medios y obras, esta construcción fue proyectada para 840 alumnos y desarrollada en tres niveles, con planta baja libre y vista hacia el Parque Sarmiento.

Escuela Media, Magisterio y Profesorado de Música. Incluye una escuela de luthiers.

Escuela Primaria y de Capacitación. Con capacidad aproximada para 200 alumnos.

Baja altura y mucho verde
En el lugar también funcionará un auditorio con capacidad para 450 personas -que podrá ser utilizado por los habitantes del barrio- y una imprenta proyectada para más de 1.500 alumnos, además del equipamiento deportivo y de recreación, que incluye un natatorio cubierto de importantes medidas. Las construcciones serán ubicadas en el terreno a través de largas tiras, utilizando el ladrillo y el cemento -materiales generalmente elegidos por su bajo costo, fácil mantenimiento y gran durabilidad- para vestir sus fachadas. Estas construcciones tendrán baja altura, evitando de esta forma proyectar grandes planos de sombra y a su vez respetando las cotas existentes en el barrio. Los pabellones que dan forma al nuevo campus educativo estarán dispuestos en derredor al centro del terreno, formando de esta manera una especie de U. Esto permitirá establecer un parque central de más de una hectárea de superficie que se abre hacia la vecindad.
Los edificios que se ubiquen sobre Crisólogo Larralde quedarán despegados de la línea municipal, flanqueados por una hilera de árboles que forman una interesante calle interna de acceso al complejo. Esta idea de proyecto urbano educativo, donde prima la visión de conjunto y del todo, no debe ser confundida como un mero conjunto de escuelas aglutinadas en alguna parte de la ciudad. Tiene que ser vista como una experiencia de participación en forma interactiva entre las actividades pedagógicas y las actividades barriales, en especial fuera del horario escolar, donde se intenta evitar que el lugar se transforme en un desierto urbano. En los 40.000 metros cuadrados de superficie donde se instalarán las escuelas se prevé que circularán más de 3.000 alumnos. Para ello se han realizado todo tipo de estudios que aseveran que la obra no producirá un impacto negativo que afecte al resto del barrio.
Podríamos cerrar esta nota diciendo que el Polo Educativo Saavedra es una fuerte apuesta que intenta dejar de lado aquellos viejos y perimidos planteos del pasado para dar paso a una verdadera transformación del espacio educativo, como alguna vez sucedió con instituciones como el Colegio Nacional Buenos Aires, la Escuela Félix Bernasconi o la Escuela José Manuel Estrada, entre tantas otras que forjaron el sistema educativo del país. Dice Arnold H. Glasow: “Uno de los objetivos de la educación debe ser ampliar las ventanas por las cuales vemos al mundo”.
Esperemos entonces que el nuevo Polo Educativo Saavedra transforme esas ventanas en ventanales.

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