Estuvo a cargo del negocio de ropa “La Reina de Urquiza” durante ocho décadas, una marca que lo convirtió en el comerciante más longevo y de mayor trayectoria del barrio. En noviembre de 2014 nos concedió una extensa entrevista en la que evocó los inicios del histórico local de Triunvirato y Olazábal, hoy continuado por su hijo Daniel. “Siempre quise ser tendero”, aseguró.

A mediados de la década del 30, el inmigrante andaluz Modesto Sorroche se instaló con su familia en el 4547 de Triunvirato para probar suerte en la industria textil. Así fue que en setiembre de 1936 abrió “La Reina de Urquiza”, un local dedicado a la venta de indumentaria para la mujer, el hombre y el niño. Ayudado por su hijo Roberto, de apenas 11 años, Modesto inició su trayectoria transformando al lugar en uno de los comercios característicos de la zona.
Con más de ocho décadas en Villa Urquiza, “La Reina…” sigue vigente entre los vecinos a la hora de vestirse, aunque es indisimulable la ausencia de Roberto, quien falleció el 6 de diciembre de 2016. “Nosotros vinimos al barrio porque estaba el proyecto de extender el subte. Mi familia vivía en Triunvirato (hoy Corrientes) y Acevedo y a mi papá esta zona le pareció muy buena; tuvo la intuición de que iba crecer. Lo confirma el hecho de que con el paso de los años se han levantado muchos edificios”, nos contaba Roberto en noviembre de 2014, con 89 años.

Con negocio propio
Sorroche adquirió el terreno de Triunvirato 4547, construyendo el local comercial en la planta baja y la vivienda familiar en la alta. Desde entonces, “La Reina de Urquiza” nunca cambió de lugar y, salvo algunos retoques en los 70, el negocio se mantiene casi intacto, tal como lo había levantado Modesto. “Mi papá era mayorista de medias y camisetas; era el que le vendía la ropa a los negocios. Por eso decidió iniciar su propio proyecto y esta zona era propicia”, aseguraba Roberto. Recordaba además que “los primeros tiempos fueron complicados, porque no había mucha gente”.
A lo largo de estas décadas de trabajo, el local tuvo que adaptarse a las diferentes demandas de los clientes. “La gente va cambiando -analizaba Roberto en la nota de tapa, titulada “Un tendero digno del Guinness”-. Antes se vendían muchos batones y de bombachas había un solo modelo, pero ahora existen un montón de variedades. Ropa de trabajo, que fue nuestro fuerte durante muchos años, ya no vendemos más. Llegamos a ser los número uno durante un tiempo, hasta que empezó a llegar la indumentaria de los chinos y no pudimos competir. Después nos volcamos definitivamente a la venta de bombachas y corpiños”.

Firme junto al mostrador
La calidad de la ropa y el excelente servicio al cliente hicieron que el local nunca tuviera una competencia fuerte en la zona. “En este rubro casi no quedan negocios con esta variedad de mercadería. Nosotros somos vendedores natos. Cuando una clienta se queda demasiado tiempo hago que la saquen, porque seguro que está charlando”, bromeaba Roberto, quien empezó a trabajar con su papá el mismo día que abrió el local, con tan solo 11 años. Su primera actividad fue volantear, por la zona de San Martín, avisos que difundían la incipiente actividad familiar. Respecto a la fisonomía de Villa Urquiza por aquel entonces, evocaba: “Eran otros tiempos. Se podía tomar mate en la vereda y no pasaba nada. El tranvía circulaba en doble mano y el coche paraba en medio de la calzada, porque no había mucho tráfico”.

-En estos 78 años de actividad ininterrumpida, ¿pensó en dejar este trabajo?
-Nunca pensé en dejar ni cambiar de rubro: siempre quise ser tendero. Tengo 89 años y no creo que haya muchas personas que lleven el tiempo que yo estuve trabajando en un mismo lugar.

-¿Alguna vez faltó al trabajo?
-Muy pocas veces, casi ni recuerdo haber faltado. Hasta el día de hoy sigo atendiendo a la clientela cuando están todos ocupados. Mucha gente que pasa se asoma para ver si sigo estando. Supongo que será parte de una apuesta.

-¿Entonces hasta cuándo piensa seguir?
-Pienso seguir hasta que me muera.

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