El ex Síndico General Adjunto de la Nación asumió la titularidad del organismo que controla los servicios públicos porteños. Es uno de los primeros afiliados al partido fundado por Mauricio Macri, al que se sumó inesperadamente en 2001. En su primer rol ejecutivo como funcionario político, anticipa cuál será el perfil de su gestión.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

Poco antes de cumplir 40 años, el contador público Alejandro Roberto Ameijenda (1962, casado y padre de una hija de 25) se encontró con un piquete en la Autopista Ricchieri. Regresaba de España luego de un viaje laboral y el bloqueo lo obligó a caminar tres kilómetros por la ruta. Corría el año 2001.
Preocupado por la situación política y económica del país, envió un mail a la Fundación Creer y Crecer, recientemente creada por Mauricio Macri, y allí expresó sus inquietudes. Como hincha de Boca, Ameijenda se sentía atraído por la transformación que el actual Presidente de la Nación había logrado en el club de la ribera. La respuesta llegó dos semanas después: lo invitaron a participar de una reunión. Y luego a otra. Como vecino del límite exacto entre La Boca y Barracas, su primera tarea fue el armado territorial de esa comuna.
“Hacía militancia rasa. En 2002 me dieron una mesita de madera y me senté en la Plaza Colombia a repartir folletos con la foto del Mauricio de ese entonces, con camisa celeste y bigotes. Y así empezó mi nueva vida”, evoca Ameijenda, flamante presidente del Ente Único Regulador de los Servicios Públicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, su primer cargo ejecutivo en el ámbito político. Una entidad de nombre tan extenso como las funciones que ejerce: controla el alumbrado público, las autopistas, los colectivos, el estacionamiento concesionado, el estacionamiento medido, las fotomultas, la higiene urbana, los residuos patogénicos y peligrosos, los semáforos, los subtes, los taxis y el tendido de televisión por cable y transmisión de datos.

-Hace 16 años, en aquellos meses convulsionados del país, estaba participando sin saberlo del nacimiento del espacio político liderado por Mauricio Macri.
-Podría decirse que fui uno de los socios fundadores, el que se ocupó de los temas territoriales. A partir de ese año me empezó a entusiasmar cada día un poco más. Al tiempo se sumó Marcos Peña, con tal sólo 23 años. No leo ningún libro sobre el surgimiento de Compromiso para el Cambio, Propuesta Republicana (PRO) o de Cambiemos porque fui un testigo privilegiado.

-Pasaron muchos años hasta que el partido logró tener una participación dirigencial.
-Yo tenía mi trabajo particular y participé ad honorem del proyecto durante la última parte de 2001, todo 2002 y hasta diciembre del 2003. Con la conformación de Compromiso para el Cambio, en 2002, al año siguiente nos presentamos a elecciones a Jefe de Gobierno, que ganamos en la primera vuelta y perdimos en la segunda con Aníbal Ibarra. En 2005 Mauricio fue candidato a diputado nacional y le ganó a Lilita Carrió. Ese año entró como asesor Jaime Durán Barba y comenzaron los timbreos.

-¿Qué tipo de relación construyó usted con el actual Presidente de la Nación? ¿Se hicieron amigos?
-No, por mi formación soy muy respetuoso y mantuve distancia, aunque suelo jugar los picados en la Quinta de Olivos. Macri es una persona muy profesional e inteligente y sé que no le gusta que lo estén adulando, algo que en política se da mucho. Los lugares que obtuve fueron a base de trabajo. Después de la derrota en 2003 me convocó Marcos Peña para ir con él a la Legislatura como asesor y decidí dejar todo para dedicarme a la política, a pesar de que en el sector privado ganaba mucho más. Me atrapó la profesionalidad con la que se trabajaba en nuestro partido. Cultural y emocionalmente, hemos crecido todos y cada vez con mayores desafíos. La suerte te puede hacer llegar, pero mantenerse no es fácil.

-¿Le atribuye a Peña la impronta del macrismo?
-Hay muchos roles. También están Horacio (Rodríguez Larreta), Gaby (Michetti) y María Eugenia (Vidal), entre muchos más. Es un gran equipo. Pero considero que Marcos fue y es muy importante para Mauricio Macri.

-¿Cómo siguió su carrera después de la asesoría a Marcos Peña en la Legislatura?
-De 2003 a 2005 fui asesor en su despacho y ese año me dieron un rol más importante, como Director de Relaciones con la Comunidad en la Legislatura. Y, cuando ganamos en 2007, Marcos me volvió a convocar para que sea su jefe de Gabinete en la Secretaría General del Gobierno de la Ciudad. Ocupé ese cargo hasta 2015. Paralelamente, entre 2009 y 2015, me hice cargo de la parte operativa y técnica del despacho de Mauricio Macri. Mi orgullo es que, sin ser familiar o haber estudiado con él, me gané su confianza. Siempre tuve perfil bajo, de hecho ésta es mi primera entrevista. También estuve en la mesa chica de la campaña, con un rol logístico para que a ningún militante le faltara nada para trabajar. Uno cuando se dedica a esto es solidario, más allá de estar pago por cumplir una función. En este espacio tomamos decisiones por la gente. Siempre voy a insistir con la palabra “equipo”.

-Es el latiguillo de Cambiemos.
-Pero es la realidad. Mauricio rompió con la hegemonía de los viejos esquemas. Nosotros les hablamos a los vecinos y los partidos tradicionales a los dirigentes. Las nuevas tecnologías nos permitieron llegar a muchos más.

-Previo a su cargo actual, ¿tuvo otra función?
-En 2015 Marcos me pidió que fuera a colaborar a la Sindicatura General de la Nación. Estuve un tiempo corto y después iba a ser legislador porteño, pero a pocos días del cierre de listas Horacio me ofreció ser el presidente del Ente Regulador de la Ciudad y Marcos le dio el consentimiento. En septiembre de 2017 renuncié para presentar los pliegos sin que hubiera incompatibilidad. En la sesión llevada a cabo en la Legislatura no tuve ninguna objeción y me votaron por unanimidad los diputados presentes.

-¿Qué sabe del organismo que le toca presidir por los próximos cuatro años?
-Si bien tuve reuniones con la anterior presidenta, por una cuestión profesional e institucional no me parecía correcto hacer una transición porque hay un Directorio. No es como un ministerio. No puedo comentar mucho porque estoy interiorizándome de todo. Cuando asumí me presentaron al directorio y ahora estoy con un pequeño equipo conociendo los distintos sectores y haciendo una evaluación para sacar un diagnóstico. Es la primera vez que presido un organismo público. Lo que sí, como dije en la Audiencia Pública, sueño con dotar al Ente Regulador de la Ciudad de toda la tecnología para que pueda desarrollar los controles con mayor efectividad. Tenemos que aprovechar la tecnología para dar un buen servicio y aprovechar los sistemas de información del Gobierno de la Ciudad. Pretendemos que la gestión sea más transparente y cualquier vecino pueda acceder al manejo de los gastos. Tenemos que ver cuál es nuestro punto de partida para jerarquizar al Ente, que debe ser un soporte importante para los controles de las empresas que prestan servicios en la ciudad.

-El Ente Regulador de la Ciudad posee dos edificios y usted mencionó un proyecto para unificarlos. ¿Dónde funcionará la nueva sede?
-Hoy estamos divididos entre Bartolomé Mitre 760 y Rivadavia 1170, pero esta sede no se encuentra en buenas condiciones. El Gobierno de la Ciudad me ofreció una locación en Parque Patricios para que nos mudemos este año y así poder hacer un mejor trabajo en equipo. Además, trasladar oficinas públicas a la zona sur hace que funcionen más los kioscos, que el transporte lleve a más gente y trabajen más los restaurantes.

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2017/12/Ameijenda-1-150x150.jpg