Con más de tres décadas de experiencia, hoy se define como un “subocupado”. Trabajó en Clarín, Olé, El Gráfico, Perfil, Crítica y ESPN, pero lleva más de un año sobreviviendo gracias al “freelancismo”. “El panorama de la prensa gráfica es incierto y vamos camino a una atomización de medios”, advierte con preocupación.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

-¿Cuál es tu presente laboral? Sabemos que pasaste algunas zozobras.
-Sí, soy un subocupado. Mi último trabajo formal fue en ESPN, donde era columnista de la web. Me desempeñé en esa empresa desde los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 hasta septiembre de 2016, cuando prescindieron de mis servicios. Si bien no trabajaba en relación de dependencia, sino que facturaba, escribía unas diez columnas mensuales que me permitían un ingreso fijo del que dependía. Ahora colaboro eventualmente con medios del Grupo La Nación y la agenda cultural del Gobierno de la Ciudad.

-No siempre fuiste un periodista freelance…
-Trabajé en Clarín, El Gráfico, Perfil, Crítica, Siete Días y algunos proyectos autogestionados como la revista Llegás a Buenos Aires, siempre en gráfica.

-¿En Clarín desarrollaste la etapa más extensa de tu carrera?
-Fueron 14 años, durante los cuales escribí en Deportes y también en la Segunda Sección, un suplemento de periodismo literario y de investigación. Después formé parte del equipo que armó el proyecto de Olé y fui director de la revista Mística, que salía los sábados con el diario deportivo.

-Siempre sobrevoló en tu carrera una mirada contracultural.
-Sí, por empezar Mística expandió el escenario del deporte incorporando cultura y política. La revista tenía un discurso visual e inauguró nuevos lenguajes dentro del periodismo deportivo. Pero era inviable económicamente y en el año 2000 bajó la persiana, cuando yo ya no estaba.

-Pasaste a El Gráfico, que a los pocos años dejó de salir semanalmente.
-Sí, la revista estaba muy deteriorada y la idea era hacerla resurgir. Se convirtió en una publicación menos caliente y más de lectura. Cuando me echaron me fui un tiempo a mi casa, viví de la indemnización y crié a mis hijas. Después trabajé en Perfil, me quedé sin trabajo y me fui a Siete Días. De ahí pasé al diario Crítica, que como todos sabemos terminó prematuramente y mal. A partir de ahí desarrollé un incipiente freelancismo, con ESPN como eje.

-No parece haber sido fácil tu carrera en los últimos quince años…
-La estabilidad y la formalidad laboral son cada vez más difíciles de conseguir. El periodismo, como otros espacios de trabajo, tiende a precarizarse cada vez más.

-Supongo que hoy son pocos los medios gráficos atractivos para ejercer la profesión.
-El oficio de periodista está en extinción. Es muy difícil tener un trabajo estable o dignamente remunerado. Lo primero que habría que explicar en las escuelas de periodismo es lo difícil que resulta encontrar trabajo. Hay cantidad de colegas que emprenden proyectos colaborativos, modelos periodísticos de nicho donde los lectores colaboran en la financiación. Si no te queda el freelancismo, que no da para vivir. Hoy el periodismo se ha vuelto casi un hobby, una inquietud vocacional. Clarín o La Nación, que antes contrataban muchos periodistas, entienden que los negocios están en otro lado y que los diarios pueden hacerse con la mínima dotación de profesionales. El panorama es incierto y vamos camino a una atomización de medios.

-Estás en pareja con Fernanda Nicolini, también periodista, lo cual amplifica los riesgos económicos.
-Sí, ella es directora de la revista Brando, que pertenece a La Nación. Las espaldas son un poco más anchas, pero tampoco tanto. El periodismo gráfico es objeto de replanteo cotidiano y las empresas más grandes lo reformulan todo el tiempo, porque tratan de no perder plata.

-¿Esto te ha lleva a pensar si podrías dedicarte a otra actividad que no sea el periodismo? Tuviste un hijo hace poco tiempo, tenés toda una vida por delante y el escenario para nuestra profesión no es el más propicio.
-Sí, me lo planteo sobre todo ahora. Uno está obligado a reciclarse porque el mercado se ha puesto difícil y porque en este momento el periodismo gráfico no es muy estimulante. A mí me gusta escribir, he publicado algunos libros y me interesa conservar mi lugar de cronista. Ahora estoy trabajando en la biografía del Trinche Carlovich (N. de la R.: Un mito rosarino, para muchos uno de los mejores jugadores argentinos de la historia). Quiero mantenerme dentro de ese planeta que es la escritura. Sucede que, fuera de él, mis capacidades son limitadas.

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