Respetado periodista gráfico, trabaja de manera independiente como “freelancer”. Actualmente colabora con el diario “El País”, de España, y lleva publicados cinco libros de fútbol, el último de ellos sobre la final entre River y Boca disputada en Madrid. Es oriundo de Núñez, fanático del Millonario y reciente vecino de Coghlan.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

-Arranquemos hablando del barrio. ¿Desde cuándo sos vecino?
-Siempre viví en Núñez. En 2007 me mudé a Mendoza y Melián, Belgrano R, y a comienzos de 2017 me vine a Coghlan, a tres cuadras del túnel de Congreso. En verdad, buscaba un departamento por Saavedra porque es un barrio que siempre me gustó, pero fue difícil encontrar. Cerca de casa, en Villa Urquiza, viven varios colegas: Ezequiel Fernández Moores, Alejandro Caravario, Waldemar Iglesias y Ricardo Sapia. Y Alejandro Wall está muy cerca.

-Se armó una linda banda. ¿Escribís desde tu casa?
-Sí, de 6 a 9 de la mañana, mientras duerme mi hijo Félix, pero en general voy más a bares, sobre todo a la pizzería que está en la esquina del Hospital Pirovano (Bar TV). El café es muy rico y pegué buena onda con los mozos. También voy un montón a El Tábano y a Atilano, en Freire e Iberá. Mi último libro –La final de nuestras vidas– lo escribí ahí. Se me va un presupuesto grande en cafés, a veces pienso que me tendría que alquilar una oficina para escribir.

Andrés Burgo comparte con su hijo Félix la pasión por el Millonario.

-¿Cuándo dejaste las redacciones?
-Mi último trabajo fue en Crítica y desde entonces soy freelancer. Trabajo en TyC Sports, colaboro en el diario El País de España y en La Gaceta de Tucumán y formo parte del programa Era por abajo, en Radio Ciudad. Además, escribí los libros Ser de River, El partido, Argentina-Inglaterra 1986 y La final de nuestras vidas y publiqué otros dos en coautoría: Diego dijo, con Marcelo Gantman, y El último Maradona, con Alejandro Wall. Ahora estoy por entregar otro libro, que trata sobre la paternidad y los equipos de fútbol, con River como columna vertebral.

-Es un tema mucho más íntimo, personal.
-Claro, pero no llega a ser ficción. Siempre digo que no sé escribir ficción ni me considero escritor.

Hace radio los viernes a la noche junto a Ezequiel Fernández Moores y Alejandro Wall.

-¿Cómo germinó La final de nuestras vidas, tu último libro publicado, sobre el superclásico jugado en Madrid?
-River se clasificó a la final el miércoles 30 de octubre, Boca al día siguiente y el jueves 1 de noviembre me llamaron a mí y a otro periodista para ofrecernos escribir un libro, aunque la idea no era muy clara. “Mirá si Boca sale campeón en la cancha de River”, planteé y ofrecí ir haciendo yo un libro sobre River y el otro periodista otro sobre Boca. A pesar de que no sabía si se iba a editar, lo empecé a escribir porque me motivaba la posibilidad de tener una revancha después de haber publicado el libro sobre el descenso. Así fui avanzando, me llevé la computadora a Mar del Pata cuando jugamos por Copa Argentina y después a Madrid para la final.

-¿Durante el partido pensabas en el libro o estabas abstraído?
-No, me acordé recién cuando estaba saliendo del Bernabéu. Me tomé el día siguiente para escribir, seguí en el aeropuerto y después en el avión. Ya de vuelta en Buenos Aires, el miércoles 12 de diciembre, pregunté cuándo tenía que entregar el libro y me dijeron que el viernes 21 a las 12 del mediodía. Eran pocos días, pero por suerte lo pude resolver rápido y fue una experiencia muy buena.

Su último libro es una apasionada crónica sobre el superclásico disputado en Madrid.

-¿Estamos preparados para un nueva definición copera entre River-Boca (al cierre de esta edición, era una posibilidad latente)?
-No lo sé, pero hay motivos para pensar que no por lo que pasó la última vez. Este clásico se rosarinizó mucho.

-¿Hay algo de culpa en los periodistas, que quieren mantener distancia pero a la vez tienen una cuota de fanatismo que no pueden disimular?
-En la vida personal la tengo, pero cuando escribo creo que no. A la cancha vas a tomarte vacaciones de vos mismo. Ser hincha es un poco un simulacro, es prestarse a dejar de ser uno mismo, aun dentro de cierta civilidad que tenemos los que no tiramos piedras ni gas pimienta.

-¿En España percibiste la misma pasión, vos que viviste algunos años en Madrid?
-Lo que pasa es que acá se pone demasiado en tu equipo de fútbol. Me acuerdo de una anécdota de ese tiempo que sirve para graficar. Yo vivía cerca del Bernabéu y en 2006 se jugó ahí la final de la Copa del Rey, que es el único partido de España en el que los dos visitantes llevan muchos hinchas: habrían 40 mil del Espanyol y otro tanto del Zaragoza. Ganó el Espanyol y yo salí del estadio con la banderita del equipo. Estaba llegando a mi casa, tipo dos de la mañana, y en una cortada vi a tres chicos con la camiseta del Zaragoza tomando cerveza. “¿Eres del Espanyol? ¡Enhorabuena, bien ganada la final!”, me dijeron. Eso es hermoso.

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