En varias oportunidades hablamos de la arquitectura medieval románica, refiriéndonos tenuemente a los modelos lombardos. Mencionamos iglesias y construcciones de tipo industrial, pero en esta ocasión nos avocaremos a las edificaciones domésticas. Un ejemplo lo encontramos en Estomba al 2600, donde funciona el Colegio Horizontes.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Hace poco más de un año, en un artículo titulado “El castillito eléctrico de Coghlan”, abordamos el tema de la llamada arquitectura neo-lombarda, que tuvo cierta influencia en las construcciones porteñas de la primera mitad del siglo XX, a través de lo que se conoce como arquitectura ecléctico historicista. En esa oportunidad hablamos de los edificios de la compañía Ítalo Argentina de Electricidad, que habían tomado como modelo los lineamientos lombardos. Pero no fue sólo en la arquitectura industrial donde se implantó este tipo de modelo estilístico.
Sabemos que Buenos Aires, por aquellos años, vestía su arquitectura con un ropaje a la francesa, de allí el famoso mote de “La París de Sudamérica”. Pero hubo algunas excepciones dentro de ese gran eclecticismo historicista que reinó en nuestra ciudad desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del XX, incluso en algunos casos extendiéndose hasta la mitad del siglo.
A pesar del predominio francés, la mezcolanza estilística le ha dado una impronta urbanística a la ciudad que la hace distinta del resto de las capitales de América. Es así que cuando caminamos por ella se nos abre un panorama de contrastes arquitectónicos incomparables. Todo esto sigue vigente, incluso a pesar de la gran cantidad de demoliciones que viene afrontando la metrópoli.
Esta fisonomía urbana creada a través de una dinámica de modernidad fue soñada por nuestros antepasados. Es decir, hubo un pensamiento planificado de la ciudad pujante que debía mostrar Buenos Aires, sin olvidar todo el bagaje cultural traído por las distintas colonias de inmigrantes europeos que llegaron a nuestro país. Iglesias, edificios públicos, viviendas y demás tipologías se hicieron en los más diversos estilos, como ya dijimos con influencia principalmente francesa pero también italiana, española, alemana y nórdica, entre otras nacionalidades. Así, por ejemplo, en un mismo edificio podemos encontrar diferentes estilos, como sucede con casi toda la arquitectura porteña.

Orígenes de la arquitectura lombarda
Se puede decir que la arquitectura lombarda, a partir de los siglos VII y VIII, ocupó gran parte del norte de la actual Italia. Antes de desarrollarse el reinado de Lombardía, no existía prácticamente una tradición arquitectónica y cultural aunque tampoco han quedado importantes huellas de la historia primitiva del lugar. Por eso tomamos el románico como el modelo de la arquitectura lombarda que se dio principalmente en su capital, Pavía, ubicada al sudoeste de la Lombardía.
Durante el período carolingio (siglos VIII y IX) se fue formando una escuela de artesanos de la construcción que terminaron por dar origen a lo que luego conoceríamos como arquitectura románica lombarda. Sin embargo, sabemos que ese grupo de albañiles y maestros ya se habían formado en la Roma antigua. Después de la caída del Imperio Romano de Occidente (año 476), muchos constructores huyeron hacia el norte por causa de las amenazas bárbaras sobre Roma y se establecieron cerca de Milán, en la ciudad de Como, alrededor del famoso lago.
Aunque a los reyes lombardos no les caía muy simpática la llegada de forasteros, al poco tiempo debieron reconocer la importancia y la habilidad de los trabajos que empezaron a crecer en la región. En un breve período, a estos maestros de la construcción se los empezó a conocer como Magistri Comacini, nombre que se cree que surgió en la región del lago de Como. Por lo general, en la arquitectura lombarda difícilmente se adornaban los templos con esculturas. Una característica era la utilización del ladrillo y la piedra como revestimientos, así como también se empleaba una cornisa con saliente como remate de los campanarios. Pero este tipo de arquitectura fue producto no sólo de la influencia romana y bizantina, sino también de las distintas invasiones culturales que sufrió el lugar.
En el siglo XI, debido a las invasiones normandas, se dio por terminado el período de esplendor de lo que se considera la cultura lombarda. Esta arquitectura, que representó un cierto avance en las técnicas constructivas, tiene a la Basílica de San Ambrosio, en la ciudad de Milán, como una de sus obras más significativas. La influencia de este estilo ha traspasado los límites de la región, incluso llegando a lugares tan distantes como la península ibérica. Así sucedió en gran medida en Cataluña, donde han quedado grandes ejemplos de este estilo, sobre todo en los templos y monasterios cristianos, los modelos más característicos y destacados de la época.

La arquitectura lombarda tiene a la Basílica de San Ambrosio, ubicada en la ciudad de Milán, como una de sus obras más significativas.

Medievalismo en Coghlan
Durante el romanticismo, período que abarca desde finales del siglo XVIII y gran parte del XIX -incluso en algunos casos extendiéndose hasta las primeras décadas del siglo XX- nació la necesidad de volver al pasado. Dentro de este estilo aparece la llamada arquitectura ecléctico historicista, corriente que toma los modelos del pasado y compone su arquitectura de forma ecléctica, o sea, eligiendo lo mejor de cada estilo para su conformación. Es así que la variación del estilo puede ir desde una vestimenta neo dórica, un gótico tardío, un renacimiento español (conocido como “plateresco”), hasta un barroco americano y tantos otros modelos entre los cuales también vamos encontrar lo que llamamos arquitectura neo-lombarda.
En ediciones pasadas ya hicimos referencias del estilo neo-medieval lombardo. Recordemos que este tipo de arquitectura la mencionamos también cuando describimos a la Parroquia Santa María de los Ángeles, en nuestro barrio de Coghlan, y cuando hablamos de los templos realizados por el arquitecto Carlos Massa, como por ejemplo la Parroquia San Juan Bautista el Precursor, en el barrio Cornelio Saavedra. Pero este estilo arquitectónico también llegó a la arquitectura doméstica, más allá de no haber grandes producciones y teniendo en cuenta la pérdida de algunos modelos por la especulación inmobiliaria.
Ya hace varios años que desapareció una residencia llamada el “Castillo de Pastor Obligado” (nombre de su dueño), que estaba ubicado al 1500 de la Av. Alvear y fue atribuido al arquitecto lombardo Pablo Besana, quien rompió con la línea francesa que caracterizaba a este rincón de Buenos Aires y le agregó una impronta pintoresca que se asemejaba a un castillo con características lombardas, con un torreón y una loggia (galería exterior conformada por arcos sobre columnas), elemento arquitectónico que nace a finales de la Edad Media y principios del Renacimiento. Como no podía ser de otra forma, hoy el solar es ocupado por una gran torre.
Es obvio que, en esta época de modernidad, se hace difícil sostener este tipo de construcciones, generalmente de grandes dimensiones, para el uso de vivienda familiar. Es por eso que, para mantenerlas, es necesario darles una nueva función sin que la obra pierda su estilo arquitectónico. Esta idea podría ser practicada en el abandonado palacio que aún subsiste en el partido de San Fernando y que fue recientemente puesto en venta por el Estado nacional, que desde hace un siglo es su dueño. La casona, ubicada en la esquina de Sarmiento y Belgrano, fue construida entre 1860 y 1870 por Joaquín Belgrano, descendiente del prócer, y tiene un valor patrimonial e histórico incalculable: fue realizada con materiales de primera calidad como mármol de Carrara y pisos venecianos. Lamentablemente, se encuentra en total estado de dejadez y, si no se toman medidas a tiempo, la especulación inmobiliaria volverá a ganar.
En nuestro barrio de Coghlan, en la calle Estomba 2636 (foto de portada), nos encontramos con una construcción de un porte un poco menor a las mencionadas anteriormente, pero de gran valor arquitectónico, caracterizada por una mezcla de estilos pero donde predominan los lineamientos lombardos. El edificio exhibe un interesante mirador típico del estilo y un cornisamento con características entre medievalistas y algunas líneas renacentistas, en donde además relumbra su buen estado de conservación.
El lugar es actualmente utilizado como establecimiento educativo por el Colegio Horizontes, que fue fundado en 1968 como jardín de infantes. Esta función le permite dar una continuidad de vida a esta obra de carácter singular, la cual debería ser tomada como patrón de una refuncionalización para casos similares.
John Ruskin, pensador, crítico de arte y escritor, decía: “Los antiguos edificios no son nuestros. Pertenecen en parte a los que los construyeron y en parte a las generaciones que vendrán. Los muertos aún tienen algún derecho sobre ellos: aquello por lo que trabajaron, nosotros no tenemos derecho a destruirlo”.

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