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Colocación de un semáforo en Larralde y Conde
Conozco perfectamente la responsabilidad derivada por accidentes de tránsito. Puede ser civil y penal y no se limita a los conductores. Los juzgados civiles patrimoniales tienen una cantidad enorme de expedientes por daños derivados de accidentes de tránsito. Algunos podrán decir que es culpa y responsabilidad exclusiva de los conductores de los vehículos y tienen algo de razón, porque en ellos puede haber negligencia y falta de cuidado.
Se conduce muy mal y con escaso control de las autoridades. El uso de los teléfonos celulares no está tan controlado como lo estuvo el uso del cinturón de seguridad y el casco en las motos. Pero también hay responsabilidad estatal, cuando se informa de una situación peligrosa para los peatones y el Gobierno no hace nada para evitarlo, ya sea por culpa (falta de prevención) o dolo eventual.
Uno o ambos conductores son responsables. Tendrán sus compañías de seguros que se harán cargo de las indemnizaciones pertinentes, pero muchos vehículos se suben a la vereda y atropellan a transeúntes. Hasta ahora sólo causaron lesiones, pero en cualquier momento habrá que lamentar una muerte. Y a ese transeúnte no se le puede atribuir ninguna responsabilidad y no habrá indemnización que repare la pérdida de la vida.
El caso puntual que me preocupa es el de la intersección de la calle Conde y Crisólogo Larralde. Esta última es avenida, pero no tan ancha, y los vehículos circulan a excesiva velocidad. Ninguno, o muy pocos, disminuyen la velocidad al llegar a la esquina. Varias veces se han producido graves siniestros que terminaron arriba de la vereda, dentro de una veterinaria o de una pizzería. Hay imágenes que lo demuestran. Hubo peatones lesionados que estaban arriba de la vereda.
Ante la gravedad de los hechos, se hizo un pedido en mayo de 2015 (Trámite 424396/15) que fue denegado. Dijeron que había que dirigirse a Maipú 255, Ciudad de Buenos Aires, donde no funciona ningún organismo de la Ciudad. Se hicieron pedidos por Change.org, en Informador Público y en Twitter, pero el gobierno no dio respuesta. Solamente se ocupó del tema la Defensoría del Pueblo de la Ciudad que, con fecha 18/4/17, dictó una fundada Resolución N° 557/17. Allí recomienda a la Directora General de Tránsito y Transporte de la Ciudad, Ing. María Eva Jokanovich, la instalación de un semáforo en la intersección de Larralde y Conde.
A su vez, antes de que se dictara esta Resolución, el 4/4/17 fue presentada una nota con copia sellada en la Dirección General de Tránsito y Transporte de la Ciudad y más tarde se envió una carta documento a la misma dependencia ofreciendo cinco testigos, que no fueron citados a declarar. O sea, no se hizo lugar a la prueba, lo que podría pensarse como una violación del debido proceso.
El 12/7/17 se emitió un informe dirigido a la Dirección General de Tránsito y Transporte, suscripto por el Gerente Operativo Silvio Sampedro, diciendo que en la calle Conde existe un reductor de velocidad. Efectivamente, hay instalado uno, comúnmente llamado “lomo de burro”, pero está muy gastado y bastante alejado de la esquina, por lo que no sirvió para evitar los graves siniestros ocurridos.
Los conductores podrán disminuir la velocidad pero luego “pican”, con lo cual es más peligroso. Y encima en las esquinas siniestradas pusieron bajadas para discapacitados, para que no los frene ni el cordón de la vereda. La realidad da cuenta de que ese reductor de velocidad nunca sirvió para nada y que no servirá para eximir de responsabilidad al Gobierno en caso de costarle la vida a uno o más transeúntes.
Estos trámites podrán ser tenidos como prueba en causas judiciales y el Jefe de Gobierno también tiene su responsabilidad, sin perjuicio de la que quepa a los conductores de los vehículos siniestrados. No esperemos una muerte para colocar un semáforo en Conde y Larralde. Se colocan maceteros decorativos en la Av. San Isidro y no un semáforo para cuidar la salud, la integridad y la vida de las personas.

Bernardo Nespral
Ex juez de la Nación
bn.nespral@gmail.com

Críticas al estado de las veredas en Villa Urquiza
Una mezcla de indignación, bronca y vergüenza ajena me produce el estado calamitoso que presentan las veredas de nuestro barrio. No hay cuadra exenta de baldosas rotas, flojas, faltantes o hundidas, lo que ofrece una penosa muestra de abandono y desidia. Incluso tan serios deterioros afectan a esos adefesios de cemento rayado que reemplazan al clásico embaldosado. Un ejemplo lamentable se puede encontrar en la vereda de Altolaguirre 2275.
Las veredas no se rompen de un día para el otro. Su deterioro es progresivo y paralelo. No puede soslayarse la culpabilidad de las empresas de servicios (gas, agua, electricidad), que parecieran turnarse para renovar un ciclo de apertura de zanjas, relleno precario y colocación de baldosas de manera deficiente. ¿Quién controla a estas empresas? ¿Qué autoridad ordena pagarles a pesar de tales deficiencias? Ante lo prioritario del tema, ¿qué función cumplen los comuneros?
Todos los comentarios precedentes pueden resumirse en el estado de una vereda emblemática: Bucarelli casi Monroe, lado impar, tan variopinta como destrozada. Hay que poseer dotes de equilibrista para caminar sobre nuestras veredas, que desmienten el refrán, ya que en Villa Urquiza un tropezón sí es caída.

Domingo Garrido
DNI 4.010.695

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