Un problema recurrente de la Capital es la dificultad para transitar en determinadas arterias que, pese a sus estrechas dimensiones, cuentan con doble sentido de circulación y permiten el estacionamiento en ambas manos. Repasamos casos en Villa Pueyrredon, Villa Urquiza y Parque Chas, que provocan accidentes y peleas.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

En lo referido al caudal vehicular, la tendencia mundial apunta al ordenamiento y organización del tránsito en base, por ejemplo, a la restricción del ingreso de autos en zonas céntricas de las grandes ciudades. De esa manera, muchas arterias se transforman en peatonales y los vehículos quedan estacionados en la periferia, todo esto complementado con un servicio de transporte público eficiente. Esta situación se puede apreciar en las ciudades más desarrolladas del mundo y sería ideal que se aplicara en nuestra Capital. Sin embargo, en la Ciudad de Buenos Aires es incipiente la puesta en práctica de los llamados metrobuses y todavía falta ampliar la red de subtes con nuevas líneas, algo que requiere una enorme inversión.

Calle angosta, calle angosta
Seguro muchos lectores interpretaron este subtítulo de inmediato, pero los más jóvenes quizás no sepan de qué se trata. Dentro del acervo musical argentino, existe una famosa cueca llamada Calle angosta, del autor José A. Zabala, que hace referencia a un pasaje muy particular de Villa Mercedes, Provincia de San Luis.
A fines del siglo XIX, detrás de la estación del ferrocarril de esa localidad, había una calle que utilizaban aquellos que llegaban con sus carretas desde el norte de San Luis, para embarcar sus productos en el tren con destino a Buenos Aires. Esa estrecha callecita se redujo cuando la estación alambró todo su perímetro y luego con la construcción de las casas de los empleados ferroviarios. Tal fue la disminución de ese pasaje que quedó libre solamente una vereda. Tomando como referencia esta emblemática canción folclórica, nos ocuparemos ahora de las calles de nuestro barrio, que en muchos casos se ven reducidas por el doble sentido de circulación de vehículos o por el estacionamiento en ambos lados de la vereda.

Avances en Villa Pueyrredon
Finalmente, el año pasado se cambió el doble sentido de circulación de muchas de las calles que cortan la avenida Mosconi, en el barrio de Villa Pueyrredon. La modificación fue positiva ya que durante décadas los autos debían esquivar a otros que estaban estacionados y el ajustado ancho no les permitía el paso de los dos a la vez. En muchos casos era difícil evitar que se tocaran sus espejos y mucho menos se podían abrir las puertas sin que se produjeran rayones. Ni que hablar si tenía que pasar un colectivo o camión de mediano porte: ahí sí se paralizaba el tránsito.
Pero todavía, inexplicablemente, quedaron algunas calles, como Caracas, que conservan su doble circulación y además con estacionamiento permitido a ambos lados, agravado a que en un tramo circula una línea de colectivos. En muchas ocasiones no alcanza doblar los espejos retrovisores para evitar rayaduras, ya que el ajustado ancho no permite el paso de dos autos al mismo tiempo.


Cuando los espejos se tocan, los automovilistas reaccionan de forma violenta, con gritos y hasta con golpes. Para que esto no suceda más, se tiene que prever que si una calle no tiene las dimensiones suficientes, hay que llevarla a un único sentido de circulación o bien prohibir estacionar en una o ambas aceras. Los vecinos-residentes vienen reclamando desde hace años que la calle Caracas tenga una única mano hasta Salvador María del Carril. No se sabe por qué no se la incluyó dentro de las calles de Villa Pueyrredon que fueron modificadas durante el último año.

Calle conflictiva en el laberinto
La calle Gándara, en Parque Chas, presenta una situación similar a la de Caracas. A lo largo de toda su extensión hasta Constituyentes, especialmente entre Triunvirato y Gamarra, es muy angosta para todo el tránsito que circula por ella. Al estar permitida la doble circulación y el estacionamiento en ambas aceras, en muchas ocasiones se dificulta transitar fluidamente. Los guiños de luces, bocinazos y adelantamientos previos están a la orden del día.
Aquí gana el que primero pone la trompa o bien el que tiene mayor masa vehicular, como en el caso de las camionetas 4×4, mientras que el otro debe esperar agazapado. Por eso resulta imperioso que no se permita estacionar por lo menos en una de esas dos aceras, principalmente en las cuadras previas a la avenida Triunvirato. Así se evitaría estrangular el tránsito en lugares clave y se reducirían los incidentes entre conductores.


Semáforo con giro a la izquierda
Algo parecido a lo que sucede en Gándara se da en otras calles que, además de contar con doble sentido de circulación, tienen semáforos con giro a la izquierda permitido. Es el caso de la esquina de Nahuel Huapí y Lugones, en Villa Urquiza, donde el ancho tampoco admite que un auto pueda esperar detenido mientras otros vehículos quieren seguir circulando. Se suma, también, que en sentido contrario avanza el tránsito que va hacia Belgrano, sin dejar mucho margen para maniobrar. Para prevenir peleas y destrozos en puertas y paragolpes, la solución sería prohibir estacionar sobre la mano derecha de Nahuel Huapí entre Acha y Lugones.

Mendoza esquina Bucarelli
Un caso semejante también se da en Mendoza y Bucarelli, donde el lugar reservado para girar a la izquierda es utilizado inapropiadamente por los vecinos y visitantes para acomodar sus vehículos a 45 grados. Al haber autos estacionados paralelos al cordón, tampoco alcanza el ancho de Mendoza para que puedan pasar tres vehículos a la vez. A pesar del importante cartel de prohibido estacionar, la mayoría hace caso omiso. Hecha la ley, hecha la trampa…

Vereda angosta
Pero no sólo existen calles angostas, como dice la cueca de Zabala, sino que también hay veredas muy estrechas que inexplicablemente siguen vigentes. En el barrio de Saavedra, puntualmente, el bulevar central de la avenida Goyeneche, entre Besares y Ruiz Huidobro, presenta una vereda mínima que es utilizada casi en forma de fila india por los vecinos que pasan por allí.


Quizás esto se desencadenó cuando, en la década del 80, se expropiaron inmuebles de la zona para construir la autopista que nunca fue. Lo cierto es que, para caminar cómodamente, el peatón tiene que bajar peligrosamente a la calzada por donde circulan vehículos a alta velocidad. Es este otro ejemplo concreto que las autoridades deberían rever.

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