Supo ser ídolo de Platense a fines de los años 70 y llegó a jugar en la selección. Tuvo fama y dinero, pero hoy la pelea desde arriba de un taxi. Entre viaje y viaje, se tomó un respiro para recordar sus viejas épocas de jugador junto al periódico. Es vecino de Villa Urquiza, lugar que no piensa abandonar porque “le tira”.

 

Por Julián Amerise
platense@periodicoelbarrio.com.ar

 

-¿Qué es de tu vida por estos días?
Tranquilo. Sigo trabajando con el taxi y recorriendo la ciudad día a día, conversando y conociendo gente.

Que se entienda lo que te voy a preguntar, porque todos los trabajos son dignos. ¿Crees que de haber jugado en estos años y habiendo sido goleador de Platense, River e Independiente hubieras ganado mucho más que en los 60 y 70 como para no tener que trabajar todo el día en el taxi?
Como decís vos, el taxi es digno como cualquier trabajo. Y sí, hoy hay muchas más posibilidades que antes para una transferencia. Pero el problema fue mío, no supe aprovechar el momento. Me corresponde hacerme cargo.

Si bien la gran mayoría de los hinchas de Platense sabe quién sos, hay chicos que no. ¿Por qué no contás un poco de tu vida desde chico?
Yo nací y me crié cerca de Rosario, al norte, en un pueblo llamado Oliveros. Ahí estuve hasta los 23 años. Jugué en el club de mi pueblo y a los 17 años fui a Rosario Central, donde jugué hasta 1967. Ese año vine a Platense, donde jugué hasta el 70, luego pasé a River y en el 72 fui a Independiente, donde salí campeón de América. También jugué en Banfield, Gimnasia y Esgrima La Plata, unos meses en Chile y dos años en Medellín. Cuando estaba en Central tuve la suerte de integrar el seleccionado juvenil que dirigía Ernesto Duchini. Salimos campeones del Preolímpico e integré la delegación que viajó a los Juegos Olímpicos de Japón en 1964. Todo eso a los 18 y 19 años son experiencias que te deja la vida, porque saludás y conocés gente inolvidable.

Jugaste en Platense, River, campeón de América con el Rojo, también en la Selección, ¿por qué Villa Urquiza?
Cuando vine de Oliveros vivía en Soler y Julián Álvarez, en Palermo. En Villa Urquiza estoy hace 36 años, a una cuadra del predio de Galván de Platense. No sé, el barrio me quedó, está rodeado de verde, tenés salida rápido a cualquier lado, líneas de colectivos que pasan a cada rato… Estoy cerca de la cancha de Platense, la gente me conoce, me saluda, me pongo a conversar… Villa Urquiza me tira, sería difícil irme de acá.

¿Te hace bien el reconocimiento del hincha, que perdura a lo largo del tiempo?
-Sí, es un poco del ego que tiene uno en cualquier cosa que haga en la vida. He tenido anécdotas arriba del coche que hacen que uno también se sienta bien. Si vos tuviste una profesión, en mi caso haber sido futbolista, significa que algo dejaste. Mucho, poco, pero algo dejaste y la gente lo reconoce. Y eso hace bien.

Jugaste en grandes equipos y ganaste títulos. ¿Qué es Platense en tu vida?
Llegué en el 67, cuando estaba Labruna de técnico. Fue un año muy bueno, donde tuvimos la posibilidad de haber jugado la final para ser campeones, en aquel increíble partido contra Estudiantes de La Plata en cancha de Boca.

Perdón que te interrumpa… ¿qué pasó ahí Carlos?
Nada, son esos partidos que pasan en la vida. Mucha gente me lo pregunta. A veces hablo con el Flaco Poletti, que vive acá a unas cuadras, arquero del Pincha aquel día, y me dice: “Podría haber sido un partido de 5 a 1 para Platense”. Son cosas que tiene el fútbol y que en Platense dejaron una marca. Una marca que no la voy a poder olvidar, hablo a nivel profesional. Y por eso me tira Platense.

-Bueno, seguí nomás contando.
Después en el 68 estaba por firmar para Banfield, porque estaba a préstamo yo, y me llaman de la AFA para decirme que vaya a firmar porque Platense me había comprado el pase. En el 69 salí goleador con 24, 25 goles… Tuvimos un equipo muy lindo. A veces cuando viene Subiat nos juntamos y recordamos aquellos jugadores, como Miranda, Muggione… En aquel 69 hacía falta un técnico y el Gitano Juárez estaba sin dirigir. El Gitano fue la imagen del Flaco Menotti. Hablamos con la dirigencia y a los tres días estaba acá. Tener de DT a alguien que había jugado con uno desde chico te deja una enseñanza terrible. ¿Te cuento una anécdota del Gitano?

Sí, por supuesto…
Un día íbamos a viajar a Comodoro Rivadavia para jugar un amistoso. Era día de semana, de martes para miércoles, y teníamos que levantarnos temprano para ir al aeroparque. Ese día había llevado a casa a dormir a Pistola Vázquez, que recién asomaba, para ir juntos y hacer más rápido. En eso me suena el teléfono de casa y era el Gitano, que estaba en el hotel en Constitución, donde concentrábamos cuando viajábamos con Central. Me pidió que lo fuera a buscar al hotel y yo me asusté: pensé que le pasaba algo o que precisaba guita, porque le gustaban los burros. Me tranquilizó y me dijo que quería que lo llevara a “Caño 14”, a lo que le dije que estaba con Pistola y me pidió que lo llevara también. Fuimos y pedimos unas gaseosas. A los 10 minutos aparece uno de los dueños del lugar, se abrazan y le dice “Rinaldo…”. Era Rinaldo Martino, quien fue un mago, uno de los mejores números 10 que tuvo el fútbol argentino. Nos presentó y nos dijo: “Les vos a dar un consejo: si ustedes juegan un 10 por ciento de lo que jugó este tipo, van a ser millonarios”. Era una de la mañana. Nos fuimos y nos dijo: “Si a la 1.30 no están en su casa no viajan mañana”. Vos fijate, el tipo nos hizo ir para conocer a esa bestia del fútbol, para motivarnos.

Carlos Bulla 1

¿Qué se siente ser uno de los pocos jugadores que tienen canción propia, la famosa “Bulla, Bulla, Bulla, goles, goles, goles”?
Sí, hay veces que estoy tomando un café en la estación de servicio donde cargo gas todos los días y viene alguno que me conoce y sale con eso. La verdad, todavía me pone la piel de gallina.

¿Cuál fue tu mejor partido en el club o el que más te haya quedado?
Tengo varios por suerte, pero si me apuras rescato contra Boca en cancha de Platense. Año 1967, ganamos 1 a 0. Ese día hice el gol y El Gráfico me puso diez puntos. La nota la escribió Juvenal y puso: “Dos puntos para Platense, diez puntos para Bulla”. Recuerdo que pateó un córner Murúa, la pelota rebotó y cuando estaba cayendo en el medio del área hice una media chilena y se metió arriba en el ángulo del Tano Roma. Uno de los goles que más recuerdo.

¿Qué pasa con Platense hoy en día?
Nada, nunca se supieron aprovechar los momentos. Dejaron pasar momentos en los que Platense podría haber hecho cosas. Pero no hicieron nada, se quedaron. No solo en lo edilicio, sino en el fútbol también. Con todo respeto para los demás clubes, ¿cómo puede ser que Flandria le gane a Platense? La verdad que la gente conocida me pregunta y no sé qué decirles. Me causa una pena tremenda. Platense es una institución grande, le ha dado grandes jugadores al fútbol argentino, no puede ser que esté donde esté. Sin desmerecer a los demás, Platense tendría que estar en Primera División.

¿Seguís al Calamar de alguna manera?
Sí, por televisión o radio. Igual no me atrae, como tampoco me atrae el fútbol de hoy. Parece que actualmente se juega como se vive, veo partidos de cualquier equipo y mamita, se pegan cada patada. En mi época te la pegaban igual, pero te pedían perdón, te daban la mano y a seguir jugando. Acá es alevoso, hay veces que te tapás la cara viendo un partido porque se juega como se vive. La selección tiene al 90 por ciento de los jugadores afuera. Se olvidaron de las divisiones inferiores. Las de River jugaban solas, Boca lo mismo, Platense, Argentinos Juniors que se acaba de ir al descenso… No sé qué pasa: somos uno de los mejores países en cuanto a fútbol y jugamos horrible.

Por último, ¿qué le podés decir al sufrido hincha de Platense?
Por favor, a los dirigentes que hagan algo y pongan a Platense en el lugar que se merece. La gente está desanimada, no sé, que tiren agua bendita, pero Platense tiene que estar en Primera División.

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