Vendió tierra, turba, palanganas, baldes y tuvo almacenes. Hasta hace quince años administraba un bar de “solos y solas” en Palermo. En Ceretti y Olazábal atendía con su papá un negocio de carteles luminosos. Pero su carismática figura trascendió por salvar a infinidad de equipos del descenso. Criado entre Villa Ortúzar y Villa Urquiza, en una entrevista caliente disparó contra la dirigencia del fútbol argentino, incluidos Marcelo Tinelli y Aníbal Fernández.

Por Marcelo Benini y Tomás Labrit
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Festejará 55 años el 10 de febrero y acaba de cumplir una década dirigiendo equipos de primera división. El 6 de enero de 2007, en Argentinos Juniors, arrancó su carrera como entrenador en la máxima categoría del fútbol argentino, con una especialidad que lo hace único en la profesión: salvar equipos del descenso.

Ricardo Caruso Lombardi no compone un personaje: es un personaje en sí mismo. Locuaz y desinhibido, vivió casi toda su vida en una casa de la calle Giribone, en Villa Ortúzar, pero se considera vecino de Villa Urquiza. Vendió tierra, turba, palanganas, baldes y tuvo almacenes. Hasta hace quince años administraba un bar de “solos y solas” en Palermo: “Formé más parejas que Roberto Galán”, asegura. En Ceretti y Olazábal atendía con su papá un negocio de cartelería eléctrica. “Todos los letreros luminosos de Villa Urquiza los hacíamos nosotros”, cuenta. También estuvo vinculado al ámbito de la construcción. Un auténtico buscavidas.
“Nunca me quedo quieto. Muy pocas veces me doy el lujo de sentarme a tomar un café. Trabajando en la radio y la tele podría vivir tranquilo, pero no puedo. Me gusta hacer cosas. Soy muy dadivoso”, explica. Comenta que ayuda a su tío y a su mamá, que sigue viviendo en el barrio. En Villa Urquiza también residen sus dos hijos grandes; el más chiquito, fruto de una nueva pareja, está con él en San Isidro. “No tomo, ni fumo y tampoco me drogo. Hablo, nada más”, dice, a las carcajadas, mientras se acomoda en una mesa sobre la vereda de “El Barrilito”, el bar de Combatientes de Malvinas y Urdininea. “A ellos también le hicimos la cartelería”, informa Caruso.

-Hoy no estás dirigiendo. ¿La mayoría de los clubes incumplen los contratos?
-No todos. En Arsenal, el hijo de Grondona deja mucho que desear. Nada que ver con el padre. No cumplió en nada. Aparte somos seis en el cuerpo técnico, no estoy sólo yo. Quilmes, por Aníbal Fernández y José Luis Meiszner, no cumplió en nada. Y en Newell’s me quieren pagar de acá a cuatro años como si el dólar estuviera a tres pesos. Este país es una risa. Es como que aplaude y les da ventaja a todos los equipos que hacen las cosas mal.

-En tu carrera como DT te relacionaste con varios políticos. ¿Cómo era tu vínculo con ellos?
-Normal, salvo con Aníbal Fernández, que no cumplió con todo lo que me había prometido. Con los demás no tuve problemas. Yo con la política no me meto.

-¿Es más estresante salvar a un equipo del descenso o intentar cobrar tu sueldo?
-La presión está por el ego que uno tiene: no querés irte al descenso y que se agarren los huevos cuando te vean. Sufrís, transpirás, no podés dormir, mirás los partidos de los rivales, llorás, te amargás… Pero la traición de los dirigentes es inigualable. Lo del presidente de Newell’s, Eduardo Bermúdez… Me dijo que tenía que cobrar porque el club estaba en Primera gracias a mí, me hizo todo una música y después me terminó dando la espalda. Es un trucho, como Grondona y Meiszner. Son todos iguales. Por suerte la camada de ahora es más sana, quiere hacer las cosas bien.

-En San Lorenzo tuviste problemas también.
-Me volví loco para poder cobrar. Con Carlos Abdo estuve muy bien, se me complicó con Tinelli que no me quería pagar. Con Marcelo tuve muchas agarradas, fuimos a juicio; fue bravísimo. Los dirigentes, cuando están ahí arriba, no te quieren pagar. Pero cuando están por descender, te piden por favor que vayas y te lloran.

-¿En San Lorenzo había terminado tu contrato o te despidieron?
-Me hicieron quedar de prepo, para que les armara el equipo. Trajimos a Mercier, Piatti, Gentiletti y a un montón más. Pero a los diez partidos me di cuenta de muchas cosas que no me gustaban. Me hacían de todo para desgastarme. Por eso me tuve que ir, pero yo porque soy un loco. No tengo vuelta atrás, no es que me quedo a pelearla. Cuando no me gusta algo, me voy.

-¿Te serrucharon el piso al contratar a Juan Antonio Pizzi para sucederte como DT?
-Esa fue una movida que me hicieron por atrás. Julito Grondona me hizo lo mismo. Pero eso no te tiene que sorprender: el dirigente, de por sí, es traidor. Son muy pocos los que no te traicionan.

-Con este antecedente conflictivo con Tinelli, ¿te atrae como presidente de AFA?
-Me da lo mismo. Honestamente no me interesa, ellos pelearán por lo suyo. A mí me molesta que te den vuelta la espalda, como me hizo la mayoría. Salvo Sarmiento, Tristán Suárez y Huracán, que me cumplieron. Quilmes y Arsenal merecen irse a la C y que empiecen a subir de a poquito, cuando puedan pagar lo que deben. No es normal un club como Quilmes, que le debe diez técnicos. Y la Asociación de Técnicos no hace nada. ¡Hasta que no cobren los técnicos anteriores no dejés que contraten a ninguno!

-Sorprendió tu salida prematura de Huracán.
-Huracán jugó bien conmigo. Estuve ocho partidos y me fui porque no se dieron los resultados. No tuve la suerte necesaria: si meto tres tiros en los palos, el arquero del rival es figura y cada vez que nos llegan es gol, no debía ser para mí. Huracán es hermoso, uno de los mejores clubes en los que me tocó dirigir. No quise esperar, a mí me gusta tener rápido el resultado. La dirigencia tiene muy buena gente y uno cuando pierde partidos piensa que los está cagando. Y no me gusta eso. Como no tengo paciencia, preferí irme. No me gusta lastimar a un club.



-¿Se puede decir que es tu primer fracaso en tu carrera como DT?
-Sí, porque en los demás equipos anduve bien en casi todos. No podía sacar puntos. Ocho partidos no es nada, pero yo veía que me costaba. Podría haber esperado hasta la pretemporada, por ahí me apuré. Si es así, me joderé por boludo. Fue una lástima. Pero sé hasta dónde puedo dar, tengo que ser consciente de lo que hago. También necesito adrenalina para dirigir: no quiero dirigir fastidioso, sino con ganas. No me gusta cagar a la gente que se porta bien conmigo. Con ellos tengo códigos. A los que se portan mal los voy a defenestrar de por vida.

-¿Sentís que tus colegas te terminaron aceptando o todavía existe el prejuicio por haberte formado en el ascenso?
-No les gusto. No les caigo bien porque digo la verdad. No me callo y tengo los huevos necesarios para decir lo que está mal en el fútbol. Soy el único entrenador que se queja en contra de la Asociación de Técnicos. Todos me llaman para decirme que es un espanto, pero ninguno dice nada para cuidar su quintita por miedo a no trabajar más o irse al descenso por hablar de Grondona y Meiszner.

Una breve interrupción pone a prueba el carisma de Ricardo Caruso Lombardi.

-Hola, buenas tardes. Disculpame, ¿te puedo saludar? Te conozco de la tele -le dice tímidamente una joven que iba acompañada por su novio.

-¿Querés dejar a tu marido? No puedo, estoy comprometido -repone pícaro Caruso.

Tras sacarse una foto, el novio de la chica le pide grabar un video con su teléfono celular para su equipo de amigos. El DT, muy predispuesto, accede y realiza un desopilante monólogo de 30 segundos. Así es Caruso…

-¿Esto es algo cotidiano para vos?
-Me pasa todos los días. Hoy me bajé a comer una pizza de parado con mi hijo en Guerrin, ¿sabés qué quilombo fue? Me terminé sacando fotos con el portero. En la calle me vuelven loco.

-Es impresionante lo que generás. Muy pocos logran algo igual…
-Por eso tengo enemigos, les da bronca que sea así. Soy realista, yo no te miento. No te digo que nací en Recoleta: soy de Villa Urquiza. Vengo a “El Barrilito” hace mil años, voy a esa heladería, al zapatero, voy a pagar mis cuentas. Por esas circunstancias de la vida hoy vivo en San Isidro, pero llevo una vida normal. Hago los mandados, hoy hice la cola en la ANSES y me reía con todos los viejos. Uno tiene que ser así en la vida. Hay técnicos que dicen que no les interesa lo mediático, pero porque no los llaman.

-Hay que tener carisma…
-Más bien. Soy simple para hablar. Soy un tipo de calle, de barrio. Cuando hablo la tengo clara, no soy boludo.

-¿Falta calle en el fútbol?
-Olvidate… Hay mucha traición. Las cosas que yo veo te sacan las ganas de dirigir. En el fútbol no existen los códigos, es todo mentira. Cada uno hace lo que le conviene. A mí no me gusta ser así. ¿Por qué la gente me vota para ser técnico de la Selección? No es para cargarte, es porque ven a un tipo leal, que labura y hace las cosas como corresponde. Por eso me quieren, a mí no me ataca nadie en la calle. Me pueden gritar “gordo vende humo”, pero algún boludo siempre hay.

-¿Cómo tomás que te traten de vende humo o picapiedras?
-No soy picapiedras, me adapto a los jugadores que tengo. Los equipos que yo armé siempre anduvieron bárbaro. Los que heredé me costó un huevo levantarlos. Muchos me quieren denigrar y creen que soy menos que los demás.

-Tenés 22 años como DT y los últimos diez dirigiste en Primera División, salvando a muchos equipos del descenso. ¿Creés que alguna vez vas a tener la chance de pelear un campeonato o ganar un título?
-Puede ser, pero no me interesa. Si se da, se da. Dirigí San Lorenzo, Racing, Newell’s, Huracán… No es que dirigí en la placita del barrio. Estoy tranquilo porque estoy capacitado para dirigir cualquier equipo. Igual no es lo mismo vivir la adrenalina de un descenso que la de salir campeón. Cuando no saliste campeón te dicen “que lástima, por un cachito no se dio”, pero si te vas al descenso te putean. ¿Sabés cómo sufre la gente?

-¿No sentís que te reivindicaría como profesional ganar un título o clasificar a una copa?
-No me tengo que reivindicar de nada. Decime cuántos técnicos del mundo agarraron diez equipos y salvaron a nueve del descenso. No existe.

-¿Te sentís cómodo en ese ambiente de tanta presión?
-No, pero es para lo que me llaman. Cuando estoy dirigiendo tengo unos nervios internos que son imposibles de explicar: la previa de los partidos, la semana, la noche anterior. Te puedo asegurar que son terribles.

-¿Es enfermizo el fútbol?
Muy. Por eso ahora en la radio y la tele estoy bien. Y hablo de lo que quiero, porque tengo fundamentos.

-¿Viste cosas raras en el ambiente? Incentivación, por ejemplo.
-Sí, hay.

-¿Hay equipos que van para atrás para voltear a un técnico?
-No creo. Y mirá que me tocó estar en Huracán, que de lo único que se hablaba era de eso. Honestamente no puedo creerlo, porque no podría dirigir. Sí hay jugadores que pueden no estar a gusto con vos porque saben que en la semana los vas a hacer entrenar y los podés sacar. Creen que porque tienen demasiado nombre son intocables. Puede ser que en la semana te resistan. Pero, a la hora del partido, todos quieren ganar.

-¿Te llamaron la atención algunos arbitrajes sospechosos?
-Algunas veces sí. Hay veces que ves fallos en los que no puede ser que se equivoquen; es imposible. Hace 20 años dirijo partidos en las prácticas y por ahí me equivoco, pero son las menos porque entiendo el fútbol. Ahora, si vos me das un pito y me ponés a dirigir a los Pumas, se van a agarrar a trompadas a los cincos minutos porque no tengo noción. Si vos no entendés el juego, seguro vas a dirigir mal.

-¿Hoy es más difícil lidiar con el jugador experimentado o con el juvenil que recién arranca?
-Tenés quilombo con los dos: el pibe no te da pelota y el grande te subestima. No es fácil amalgamar eso. Con los pibes tenés que saber manejar la computadora y hablar de “che pibe, guacho”. Y al otro lo tenés que tratar de señor. El fútbol va cambiando y es cada vez más difícil. Por algo ruedan todas las cabezas de los técnicos. Y aparte hay un tema fundamental: cuando los empresarios se meten en el medio, pudren el fútbol. Acá hay un empresario que es el dueño del fútbol: Christian Bragarnik. Si como técnico a vos no te representa, no dirigís. Puso a Cocca en Racing, a Holan en Independiente, a Almirón en Lanús y así va manejando todo el fútbol. A veces van a disputar un puesto cuatro técnicos de un mismo empresario. Es una joda.

-¿Vos sos tu propio representante?
-Sí. ¿Voy a tener un representante para que me maneje un número? Yo sé sumar.

-¿Los clubes son rehenes de los empresarios?
-Sí, cuando no tienen guita. Cuando están muertos, éstos les ponen la moneda y agarran el club.

-¿Muchos equipos se refuerzan mal por los negocios del representante de turno?
-¿Cuántas veces vemos que el mismo representante del técnico lleva a jugadores al club? Hay empresarios que hacen mucho mal. Qué laburo fácil es: ofrecen a un jugador y arreglan un número para ver ellos cuánto se llevan. Este tipo (Bragarnik), lamentablemente, a mí me perjudica porque se mete en cada club que se queda sin técnico. Yo no tengo problema con ellos, pero me molesta que le digan a un presidente “no lo lleves a Caruso porque es quilombero”. Así meten a sus técnicos.

-Con este escenario que describís, ¿se puede tener amigos en el fútbol?
-Con la mitad de una mano. Tengo muy pocos amigos. Amigo es una palabra muy difícil. Muchos me han defraudado. Hay varios empresarios que sacaron chapa conmigo diciendo que me representaban y era mentira. Y algunos muy nombrados. Después me enteraba. ¿Sabés cómo te ensucian acá?

-¿Cómo analizás el rol de los periodistas deportivos?
-Muchos periodistas operan, pero gratis no lo hace ninguno. Muchos terminan siendo managers o empresarios del fútbol.

-A veces logran voltear un técnico.
-Olvidate. Hay tres o cuatro que están mandados por la misma dirigencia y te terminan cocinando. Pero para hablar de mí son muy delicados, porque saben que yo les salto a la yugular. Yo no hablo de nadie, pero me tocaste el culo y báncame después. Te voy a decir de todo y lo que no sé lo averiguo.

-Con tu experiencia en el fútbol, ¿recordás una situación tan crítica como la actual? ¿Qué están esperando la AFA y los dirigentes para resolver la crisis?
-Un mesías. O si el Gobierno pone la plata. Yo creo que, antes de ponerla en el fútbol, hay un montón de cosas como para pensar. Hoy estuve en un par de lugares que la verdad están muy tristes.

-¿Sería un error que la política se vuelva a meter?
-A lo mejor, la plata que ponía el Gobierno era una pantalla y no entraba todo lo que decían. Todos los clubes están en déficit y los únicos dos que no están así, que son Temperley y Sarmiento, no cobran hace cuatro meses, igual que los que hicieron todas las cagadas.

-¿Qué va a pasar, entonces?
-El fútbol sigue igual. Es como que me digas que Argentina no va a clasificar al Mundial. Si Messi no va al Mundial Putin cierra Rusia y no entra nadie. El fútbol va a arrancar, pero muchos presidentes que hoy se quejan antes se hacían los boludos y cobraban por adelantado.

-Aprovechando tu experiencia en el Nacional y en la B Metropolitana, ¿está demasiado dramatizado el descenso en nuestro país?
-Acá es la muerte. Los promedios los pusieron para que no descendieran los grandes. No les salió muy bien, eh… Se fueron unos cuantos. No se puede desdramatizar este tema. Es como querer sacar el alambrado de las canchas, como en Inglaterra. Acá hacés un gol, te abrazás con el público y volvés desnudo.

-¿Qué fue lo peor que te tocó vivir adentro de una cancha?
-Cuando jugaba en Chacarita, en un partido contra Central Córdoba. Perdimos 4 a 1, se metió la gente en la cancha y pensé que nos mataban a todos. Hice cien metros en diez segundos, esquivé a los policías y caí adentro del vestuario. Como técnico es todo chamuyo, no pasa nada. Me putean por Twitter y los cargo. Yo mismo les contesto. Tengo muchos seguidores (Su cuenta es @LombaCaruso).

-¿Tu carrera como DT superó tu etapa como jugador?
-Sí, nada que ver. Como jugador fui peor que un cuatro de copas. Como técnico, pasé a ser el ancho de espadas. Sin haber hecho grandes cosas, el fútbol me dio mucho más de lo que esperaba.

-Como jugador, compartiste plantel con Maradona en Argentinos Juniors…
-Sí, pero pasé desapercibido. Era un cinco de marca, metedor, vivo. Pero físicamente era una pizza, ése era mi problema. Entrenaba muy poco. Tendría que haber sido arquitecto.

-Bueno, pero como DT te quieren hasta para dirigir a la Selección. En las encuestas de las redes sociales eras el más votado para suceder al Tata Martino…
-Por choreo. Pero los jugadores no me hubieran dejado, porque he castigado a dos o tres. Dije lo que tenía que decir y eso no lo soportan. Se lo dije a Armando Pérez cuando me reuní con él. Sabía que iba a ser difícil, porque soy muy duro en mis declaraciones.

-¿Para ser el DT de la Selección hay que ser un títere de los jugadores?
-No sé si títere, pero que influyen sí. No me cabe ninguna duda. Por eso te digo que es muy difícil dirigir a la Selección. Salvo a Mascherano y Messi, del medio para adelante cambiaría a todos.

-¿Estás para volver a dirigir?
-Ahora estoy para tomarme vacaciones. ¡Dejame de hinchar las pelotas!

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