En este artículo quisiéramos conversar con ustedes acerca de nuestra relación con la tecnología. En nuestros tiempos se ha vuelto algo que tenemos a la mano: pantallas, teléfonos, redes sociales, aparatos de distintos tamaños, hilos invisibles que nos conectan. Sin embargo, la tecnología nos acompaña desde siempre, no es sólo un artefacto novedoso que no podemos dejar de tener. Crecemos en entornos tecnológicos (las ciudades, por ejemplo) y hasta los modos en que enfermamos tienen que ver con las formas en que organizamos nuestras vidas.
El uso de las tecnologías se ha vuelto tema de debate. Consideramos, socialmente, que la crianza se ve afectada por aparatos que nos seducen, juegos de moda, redes sociales, teléfonos, etcétera. ¡Estímulos por todas partes! ¿Cómo no distraernos? ¿Qué efectos tendrán en nuestros hijos?, nos preguntamos. ¡Que algún especialista opine! Los niños y niñas criados en entornos virtuales, así, ya no nos prestarían atención. La educación, también, se vería interferida por dispositivos móviles que les permitirían escaparse del aula, quitarles horas de sueño. Y la disciplina se vería aquejada por este entretenimiento a hurtadillas de la mirada adulta. ¿Cómo puede suceder esto?, refunfuñamos.
Y sin embargo, si dejáramos de mirarlos con extrañeza (¿de dónde salieron así?) y nos viésemos quizás podríamos decir que la misma situación tiene lugar entre nosotros. ¿No perdemos, acaso, el tiempo en WhatsApp? ¿No “estamos” en las redes sociales? ¿No nos tropezamos en las calles por ir enganchados con otros que nos hablan y no pueden esperar? ¡Pero tenemos necesidad de estar conectados!, nos excusamos. El trabajo, la familia, múltiples vínculos esperan que estemos en línea.
Es importante que nos detengamos a pensar en estas formas actuales de vincularnos. Son estas formas las que enseñamos, involuntariamente. Poder esperar, saber que hay tiempos para cada cosa, es todo un aprendizaje que nos es útil para vivir con otros. Nadie nace sabiendo cómo ser social. No hay que subestimar esta capacidad que nos permite conducirnos, saber que todo no se puede. Es importante, asimismo, no perder de vista que estos aprendizajes dependen de nosotros. Los niños no llegan a este mundo sabiendo cómo esperamos que se comporten.
En tiempos en que se publicita en todas partes que “no hay límites” para el consumo, bueno es saberlo. O, mejor, enseñarlo.

Residencia Interdisciplinaria
de Educación y Promoción de la Salud (RIEPS)
riepspirovano@gmail.com
Facebook: Rieps Pirovano
CeSAC N° 12 Olazábal 3960

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2017/08/Common-traits-of-people-having-whatsapp-addiction-150x150.jpg