Nota publicada en la edición Nº 111 de El Barrio, junio de 2008.

“Los viernes a la noche juegan al ajedrez a la vista y paciencia del público, en La Curva, de Alvarez Thomas y Donado”. Lucio Bordenave, un empleado de banco dejado cesante y ahora relojero, lleva una apacible existencia en su casa del barrio porteño de Villa Urquiza. El texto anterior pertenece a una novela de Adolfo Bioy CasaresDormir al sol, editada en 1973, tal vez uno de los mejores trabajos literarios del autor. Unos años atrás, en 1953, Bioy Casares había escrito su novela El sueño de los héroes, cuya acción se desenvuelve en varias oportunidades en Saavedra. Su protagonista, Emilio Gauna, vive en una casa frente al parque ovalado.
Leopoldo Marechal, uno de los más ilustres escritores nuestros, ubicó buena parte de su libro Adán Buenosayres (1948) en el barrio de Saavedra. Como relata Alberto Subiela, Marechal inventó en esas delirantes páginas una saga porteña que, si bien sobrevuela otros barrios, centra sus acciones principales en Saavedra. Allí narra el descenso al infierno de su protagonista y el astrólogo Schultze, quienes inician su viaje por Cacodelphia, la ciudad de la tribulación y el sufrimiento. El astrólogo Schultze es Xul Solar, visionario pintor, amigo de varios integrantes de la revista Martín Fierro y, especialmente, de Jorge Luis Borges.
El barrio de Saavedra también aparece en una obra de Leónidas Barletta, titulada La ciudad de un hombre, y en algunos textos de Cuadernos de infancia, de la escritora Norah Lange, vecina de Villa Urquiza. Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares evidenciaban, sin duda, una especial atracción por estos barrios, que en la época de sus relatos eran considerados como suburbios.
En su obra Evaristo Carriego (1930) Borges escribe: “Yo no he sentido el liviano tiempo en Granada, a la sombra de torres cientos de veces más antiguas que las higueras, y sí en Pampa y Triunvirato: insípido lugar de tejas anglizantes ahora, hornos humosos de ladrillos hace tres años, de potreros caóticos hace cinco”. Como manifiesta Leonardo Killian, “lo único que le pareció digno de destacar en los años treinta del siglo XX a don Borges fueron los hornos que construían los ladrillos de lo que sería mi barrio y que poco tiempo antes habían sido ‘potreros caóticos’. Para ser el más genial de los escritores argentinos y sin duda uno de los más grandes de la lengua castellana, algo es algo”.
No obstante, Borges fue asiduo visitante de nuestros barrios. Acudía a las reuniones literarias en la casa de Norah Lange, en Tronador al 1700, y mantuvo una temprana relación amorosa con una niña vecina de Villa Urquiza. En su obra encontramos un poema titulado Último sol en Villa Ortúzar y dos que llevan por título Villa Urquiza. Y habla en varias oportunidades de Parque Chas, aunque nunca se atrevió -él, que amaba los laberintos- a caminar por las calles de este barrio.

La atracción de Parque Chas
Nombramos a Leonardo Killian (Buenos Aires, 1952), cuentista y profesor de historia, que ubica el cuento titulado Ilsa Lund en las cercanías de Parque Chas, en un bar de la avenida Triunvirato. Inés Fernández Moreno (Buenos Aires, 1947) proviene de familia de poetas y escritores. En un volumen titulado Cuentos de fútbol argentino, que editó Alfaguara, podemos leer uno que tituló Milagro en Parque Chas. El sitio Parque Chas Web da cuenta de una comunicación con esta escritora, vecina del barrio. Dice Fernández Moreno: “El cuento lo escribí porque me lo sugirieron para la antología de Fontanarrosa. Yo de fútbol no sé nada. Es más, no me gusta el fútbol, me deprime escuchar de fondo dominguero los relatos. Sin embargo, me gustó como desafío. El cuento lo escribí en el Parque porque, además de ser vecina, siempre me gustaron los nombres de sus calles y su disposición misteriosa”.
Esta zona tiene una abundante difusión: Alejandra Venturelli, vecina de Mataderos, también escribió un cuento, Gándara y Londres, donde refiere una historia que tiene al laberíntico barrio por protagonista geográfico, mientras que Eduardo Suárez, atraído por esa fantástica conjunción de calles circulares y esquinas que se diluyen en sus nombres, le dedicó un cuento llamado Laberinto urbano. En tanto, Plaza de mi barrio es una pieza poética de Cristina Suárez (Buenos Aires, 1948), que vivió su infancia en la calle Gándara entre Burela y Altolaguirre y se recibió de maestra en el Colegio Nuestra Señora del Huerto, de Villa Pueyrredon (1965). La poesía de referencia es un dulce recuerdo de su vida en la zona de su infancia.
Pero Parque Chas tiene su poeta propio: nos estamos refiriendo a Luis Luchi, seudónimo de Luis Yanischevsky, nacido en Villa Crespo el 11 de octubre de 1921 y que se mudó a Parque Chas cuando tenía apenas seis años de edad. Falleció allí el 31 de octubre de 2000 y su prestigiosa obra es un hito insoslayable en el barrio. No podemos olvidar a Tomás Eloy Martínez, escritor y periodista de fuste, que en el penúltimo capítulo de su libro El cantor de tango ubica la acción en el Parque Chas: “Las referencias eran inagotables y, si abría el volumen al azar, nunca tropezaba con la misma página, como sucede en El libro de arena -se refiere al de Jorge Luis Borges-, que Bonorino citaba con frecuencia. Una tarde, distraído, encontré un largo apartado sobre Parque Chas y mientras lo leía pensé que era tiempo de conocer el último barrio donde había cantado Martel”. Otro afamado escritor que compactó el misterio del barrio es Alejandro Dolina, en su libro Crónicas del Angel Gris.

Firmas de categoría
Una figura señera de la literatura nacional, Ricardo Molinari, nacido el 23 de marzo de 1898 y huérfano a los
cinco años, se crió con su abuela materna en una antigua casa de Villa Urquiza. Su primer libro de poesías se tituló El imaginero. Le siguieron otros de delicada y portentosa lírica y algunos de ellos merecieron el reconocimiento de importantes premios literarios. Coghlan también guarda celosamente a un escritor de la talla de Mempo Giardinelli que, aunque nació en Resistencia, Chaco, el 2 de agosto de 1947, de vez en cuando vuelve a Buenos Aires, donde conserva un departamento lindero a la estación. Estuvo exiliado en México durante los años de plomo (1976-1984) y cuando regresó fundó la revista Puro Cuento (1986-1992) desde Coghlan. Su vasta obra ha sido traducida a veinte idiomas y recibió numerosos galardones literarios, entre ellos el premio Rómulo Gallegos. Su primer libro, Luna caliente, es prácticamente inhallable. Asimismo, escribió cuentos y en este caso particular debemos recordar su libro Estación Coghlan (2006).
Las calles de Coghlan fueron recorridas además por un porteño escritor, compositor y escritor: nos referimos a Julián Centeya, cuyo verdadero nombre era Amleto Enrique Vergiati, nacido en Parma (Italia) el 15 de octubre de 1910. Sus primeros pasos anduvieron por el barrio de Boedo, pero en un período de su vida habitó en Coghlan. Falleció el 26 de julio de 1974.
Ya El Barrio habló de un escritor lamentablemente perdido en la bruma del tiempo, Néstor Sánchez, cuyo primer libro Nosotros dos (1966) fue publicado por la recomendación que Julio Cortázar le hizo a la Editorial Sudamericana. Sánchez era oriundo de Villa Pueyrredon y publicó una segunda obra, Siberia Blues, con fuerte acento urquicense. Otras obras de este genial escritor fueron El amor, los orsinis y la muerte (1969), Cómico de la legua (1973) y La conexión efímera. Había nacido en 1935 y, luego de la publicación de sus obras, partió al extranjero y estuvo ausente muchos años. Regresó a Buenos Aires y a su casa del barrio, donde murió en 2003. Por su parte Norah Lange, escritora villurca, deja ver la influencia del barrio en dos de sus obras: Personas en la sala y Cuadernos de infancia, donde podemos gustar de la fina prosa de alguien que no ha tenido aún el homenaje que se merece.

Escritores históricos
Claro está que no es posible dejar en el tintero a los historiadores de nuestros barrios, escritores también ellos. En mi caso particular recuerdo un hermoso libro de Luis Alposta titulado Geografía íntima de Villa Urquiza. Pienso que todos los vecinos del barrio deben tener esta obra como “libro de cabecera”. Sobre Villa Urquiza tenemos otro excelente historiador, Diego Del Pino, que escribió varios libros sobre los barrios de Buenos Aires. Es justo aquí recordar El barrio de Villa Urquiza (1974), que publicó la ex Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, y la edición más completa de Villa Urquiza. Barrio centenario (1987) que editó Marymar.
Asimismo, no debemos olvidar los libros pioneros de Héctor ArataVilla Urquiza. Sus primeros cien años (1987); Manuel Enrique PeredaNuestra querida Villa Pueyrredon. Narraciones de nuestro barrio y la ciudad (1985); Alfredo Noceti, con la colaboración de Emilio BenceCoghlan. Una estación, un barrio (2000); y el querible libro de Eduardo Pombo acerca de Saavedra, titulado justamente Saavedra. Un barrio y un tiempo añorados (1992).
Tal vez algo o mucho se nos ha quedado en la penumbra de un involuntario olvido. De cualquier manera, con este trabajo hemos querido ofrecer nuestro homenaje al Día del Escritor, que se celebra el 13 de junio.

Eduardo Criscuolo

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2018/06/Borges-150x150.jpg