Nota publicada en la edición Nº 100 de El Barrio, julio de 2007.

Cuando leemos los diarios nos informamos, nos formamos y nos entretenemos. Pero al terminar el día ese ejemplar que devoramos con tanto interés lo arrojamos al tacho de la basura porque lo consideramos viejo, desactualizado. Ahora bien, si ese periódico tiene 90 años la situación es distinta. Seguramente nos despertará mayor curiosidad que el diario de ayer. Intentaremos encontrar en esas páginas amarillentas noticias que tengan cierto parecido con las actuales, descubrir cómo se vivía en el pasado o publicidades de productos que existan en el presente. Esa publicación antigua adquiere mayor interés y los artículos que en su momento eran de actualidad ahora son testimonio del ayer. Quizá por eso dicen que el periodismo es la primera versión de la historia.
Como un homenaje a esos pioneros de la prensa local, El Barrio rastreó el origen de algunos de los periódicos de Villa Urquiza y barrios adyacentes que dejaron su huella. Hallados en bibliotecas y archivos privados, esos primitivos ejemplares nos enseñan que, al menos en materia informativa, todo tiempo pasado fue mejor y que las inquietudes de los vecinos son las mismas de siempre.

Cuando no había TV
El primero de los periódicos que repasaremos tuvo una breve vida en Villa Urquiza: apenas dos años y medio. Se trata de Crónica, cuyo primer ejemplar salió a la venta el 11 de febrero de 1917. Esta publicación, de formato sábana, tenía una salida semanal los domingos y constaba de cuatro páginas. En las dos primeras generalmente incluían las producciones periodísticas, que hacían hincapié en las actividades sociales de los vecinos y el reclamo a las autoridades ante las necesidades del barrio; en las dos últimas se concentraba la publicidad y la guía de profesionales.
A diferencia de las publicaciones barriales actuales, este periódico tenía precio de tapa. Las tarifas se fijaban de acuerdo con el período de tiempo en que el lector deseaba recibir la publicación: un mes, cincuenta centavos; tres meses, 1,50 peso; un año, cinco pesos; y el número suelto veinte centavos. La redacción e imprenta quedaban en Bauness 2692, hoy la parte trasera del Colegio Reconquista. En el editorial de presentación los responsables sostenían: “Estamos libres de todo compromiso que nos ligue a entidades políticas o comerciales que pudieran llamarse de usura (…) Puramente informativo, excusamos además decir que Crónica, dentro de los deberes que se ha impuesto, repudiará todo ataque personal que pueda herir susceptibilidades (…) No aparecerá en estas columnas artículo, comentario o noticia que no estén debidamente comprobados (…) Además fomentaremos el estímulo al bello arte de las letras, insertando en estas páginas las colaboraciones literarias que se nos envíen”.

Crónica fue un medio pionera de la prensa gráfica barrial.

El entusiasmo de aquellos jóvenes era tal que llevaban registro de sus actividades en actas manuscritas, donde especificaban cuestiones relacionadas con las decisiones internas del periódico. En ellas puede leerse que la reunión fundacional fue el 5 de febrero de 1917 y establecieron los puntos con los que regirían los pasos a seguir. Se reconoce como sus fundadores a César AuzoFernando RuizMiguel MiceliEfraín GalíndezClemente Joele y Francisco Rojo. Precisamente fue Rojo, quien redactaba las actas internas y se desempeñaba como administrador del periódico, el que guardó minuciosamente cada ejemplar. Luego sus hijos, Jorge Hugo y Carlos Alberto, donaron la colección completa del periódico a la Biblioteca Sarmiento, de Bucarelli y Roosevelt, para su custodia y preservación.

El líder indiscutido
Otro de los periódicos barriales que han dejado una marca imborrable para el periodismo zonal, el más importante de todos los medios de Villa Urquiza por su permanencia, es El Independiente. Esta publicación es una especie de continuadora del estilo de Crónica, pero con la sustancial diferencia que su existencia se prolongó por casi ocho décadas. Recientemente hemos encontrado una colección con los primeros 27 ejemplares, que abarcan el período febrero-setiembre de 1920.
El primer ejemplar está fechado en “General Urquiza, 8 de febrero de 1920” y, al igual que Crónica, constaba de cuatro páginas tamaño sábana con una tirada declarada de 3.000 ejemplares. Aparecía todos los domingos y la redacción y administración estaba situada en Quesada 5163. Su director propietario era José Mollo, quien al poco tiempo cedió los derechos intelectuales y la explotación a Manuel Canicoba. También había un precio de tapa, cuyas tarifas eran parecidas a las del semanario Crónica: por cada ejemplar el lector debía abonar 20 centavos, si deseaba contar con algún ejemplar atrasado el costo se elevaba a 40 centavos y la suscripción mensual tenía un valor de 60 centavos. El periódico se podía comprar en Triunvirato 4532 y en Guanacache 5162.
En esa época El Independiente se presentó como el “órgano de la juventud de General Urquiza” y en su editorial inaugural fijó sus objetivos periodísticos: “Arrastrado por circunstancias especiales que obligan a presentarse en la arena aparece El Independiente y saludando al vecindario de General Urquiza, a su prensa, a las instituciones y al periodismo en general muestra sus dos armas; la verdad y la justicia, bruñidas ambas, relucientes, limpias, sin una mancha que a su brillo empañe; es su escudo el derecho y campeando por los ideales que sostiene la voluntad popular, se convierte en el paladín de la juventud, de esa juventud llena de heroicidades, amores, ideales y romanticismo”.
Luego de Canicoba, Aldo Chiantaretto se hizo cargo de la dirección en 1945 para ceder finalmente la conducción a Enrique Rodríguez, quien lo dirigió hasta el cierre definitivo a fines de la década del 90.

Otras voces, otros ámbitos
Aparte de los semanarios mencionados, otras dos publicaciones contemporáneas compartieron el mercado periodístico del momento: La Palabra e Información. El primero fue fundado por Laureano Cuesta y apareció por primera vez el jueves 2 de mayo de 1929 en formato tabloide con 12 páginas: era el único que se editaba con esas características. Aparecía todos los jueves y mediante el pago por adelantado el lector se podía suscribir por un año a un costo de cinco pesos, trimestralmente por 1,50 peso y semestralmente por 2,80 pesos. Este periódico tenía una particularidad: una parte estaba escrita en castellano y la otra en alemán. En los ejemplares visualizados prometían nuevos artículos escritos en otros idiomas, como el italiano. Su slogan era bastante original y mostraba el estilo crítico que tenía editorialmente con el segundo gobierno de Yrigoyen: “Lo dirige el pueblo – Se administra solo – Lo redactan todos”. A pesar de la consigna, había una dirección y administración -Andonaegui 3256- y un corresponsal en Villa Mazzini, F. Luis Casas.

Información fue una publicación de formato sábana, oriunda de Villa Pueyrredon.

La otra era una publicación de Villa Pueyrredon aparecida en 1927. Se proclamó como un periódico “propulsor de la cultura y fomento edilicio de Villa Pueyrredon”. Era administrado por Arturo Leonardis y la dirección estaba constituida en Griveo 2625, UT 1987, Urquiza. De formato sábana, presentaba extensos artículos sobre temas relacionados con la cultura y las actividades que se realizaban en el barrio (el informe sobre la inauguración del Cine Teatro 25 de Mayo es completísimo), además de un invalorable documento que esclarece los aspectos relacionados con la fecha inaugural de la sala y las repercusiones que produjo aquel evento en la Villa.

Como decíamos ayer
Durante la investigación, releer esas páginas blanco amarillentas de los periódicos nos transportó por unos minutos al pasado sin la necesidad de construir una máquina del tiempo. En ellas están condensadas las inquietudes y vivencias de los vecinos de antaño. Al recuperarse para este informe descubrimos que muchas no difieren de las actuales y otras tantas resultan curiosas e ingenuas.
Muchas cosas quedaron en el tintero, pero lo que sí queda claro es la vocación, la pasión y la calidad que tuvieron estos pioneros al hacer periodismo barrial, algo no tan fácil de encontrar en la actualidad. Su testimonio es de un valor incalculable y nos permite acercarnos un poco, aunque más no sea, a los pensamientos y costumbres de la época. Descubrirlo fue toda una aventura, como esperamos que lo sea dentro de 90 años para quienes indaguen las páginas de El Barrio en alguna biblioteca.

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