El edificio de Pedro Ignacio Rivera 5802 perteneció a la desaparecida Compañía de Ahorros Mutuos La Bola de Nieve. Como la casa central, la sede de la calle Perú y la ubicada en la ciudad de Rosario fueron obras del célebre arquitecto francés Eduardo Le Monier, se sospecha que esta construcción podría ser también de su autoría.

Nota publicada en la edición Nº 91 de El Barrio, octubre de 2006.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

Durante muchas décadas nuestra ciudad fue conocida con el mote de la “París de Sudamérica”. No sólo por el importante acervo cultural que llegaba del país galo sino también por la variada gama arquitectónica, de cuño francés, que comenzaba a predominar en nuestras calles. Así como los sistemas industriales y ferroviarios fueron de dominio inglés, la formación militar era de influjo alemán y el costumbrismo tenía raigambre italiana y española, la cultura -y en especial la arquitectura de elite- estaban subordinadas al gusto francés.
Podríamos afirmar que a partir de 1820, con la llegada de los primeros profesionales franceses, como Próspero Catelin (frente de la Catedral de Buenos Aires), Henri Pellegrini Pierre Benoit comenzó la expansión de la arquitectura francesa, que dejó asentada una nueva imagen para la ciudad. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, y hasta bien entrado el siglo XX, el auge económico del país postuló a Buenos Aires como ciudad cabecera de una cosmopolitización que, a su vez, trajo aparejada una arquitectura de elite, tomada preferentemente de la École de Beux Arts de París.

Arquitectura afrancesada
Arquitectos franceses como Gastón Maillet (Centro Naval), Norbert Maillart (Palacio de Tribunales y Correo Central) y Pablo Pater (Embajada de Francia) dejaron su impronta en nuestra metrópoli. También arquitectos de otras nacionalidades, pero formados en las escuelas francesas, como los argentinos Pablo Hary y Eduardo Lanús (autores de la Aduana de Buenos Aires) o Alejandro Cristophersen -de origen hispano-noruego, ex Palacio Anchorena- y el belga Jules Dormal (Teatro Colón y sucursal del Banco Nación en Villa Urquiza) han sabido grabar el tinte francés en sus eclécticas obras. Casos muy particulares son los de Louis Sortais (Círculo Militar) y René Sergent (Museo de Arte Decorativo), que si bien nunca pisaron suelo argentino han dejado su huella arquitectónica en nuestra ciudad.
Aunque es probable que hayamos obviado más de una figura de renombre, en este listado no queríamos soslayar la figura de Eduardo Estanislao Luis Le Monier (1854-1897), arquitecto francés que llegó a la Argentina aproximadamente en 1877 luego de su paso por Brasil y Uruguay, donde dejó un gran número de obras; incluso se habla de su participación en el trazado de la ciudad de Belo Horizonte.
En Buenos Aires Le Monier ha realizado un sinnúmero de construcciones: entre las más significativas se pueden mencionar el ex Palacio Fernández Anchorena (hoy Nunciatura Apostólica), el Yacht Club Argentino (en el Puerto de Buenos Aires) y una cantidad importante de proyectos realizados para la firma Bencich Hermanos, como el Banco Argentino Uruguayo o el edificio de oficinas de la Diagonal Roque Sáenz Peña 615. Incluso su reconocimiento ha llegado a tal punto que una de sus obras -lamentablemente demolida- había recibido un premio municipal como mejor fachada de la ciudad.

¿Una Bola de Nieve oculta?
De todos modos, nuestro interés pasa por revisar dos de los edificios realizados por este autor, también de importancia, que pertenecieron a la Compañía de Ahorro Mutuo La Bola de Nieve. La sede central de la entidad estaba ubicada en Cangallo y 25 de Mayo (demolida), tenía una sucursal en Perú 167 (también demolida) y una tercera en la zona céntrica de la ciudad de Rosario, que aún subsiste al paso del tiempo. Todo lo antedicho viene a cuento como consecuencia de una carta que llegó a nuestra redacción, en donde un asiduo lector de nuestro periódico, Pablo Accornero, nos hizo llegar su inquietud acerca de la autoría real de una singular obra en el barrio de Villa Urquiza, la cual podría haber sido realizada por Le Monier. Ciertamente sería un honor para el barrio que el edificio de Pedro Ignacio Rivera 5802 perteneciera a este prodigioso arquitecto. Aunque, de todas formas, la arquitectura de la obra es importante por sí sola.
Lo que realmente sabemos del edificio es que perteneció a la Compañía de Ahorros Mutuos La Bola de Nieve como sucursal en nuestro barrio. Tanto la casa central, la sede de la calle Perú y la ubicada en la ciudad de Rosario fueron obras de Le Monier, lo que hace suponer que esta construcción podría ser también de su autoría. Una de las características es que el edificio tiene un semblante académico francés que guarda gran similitud tanto con la obra de Cangallo como de la que funcionaba en Rosario. No así con la de la calle Perú, que si bien tenía un lenguaje francés estaba más cercano a los lineamientos antiacadémicos. Por otro lado, se puede apreciar en el edificio de la calle
Rivera, como sucede también en las otras sedes, que como remate de la cúpula aparece una esfera de cemento, escultura que actuaba como símbolo de la compañía.
Aunque todo esto pareciera ser suficiente como para creer que la obra pertenece a Le Monier, no podemos dar garantía de ello. Debemos tener en cuenta que en la tarea registrada por el Centro de Documentación de Arquitectura de Latinoamérica (CEDODAL) sobre los trabajos de Le Monier, que cuenta con un análisis profundo de más de un centenar de obras y proyectos, este edificio no figura. Tampoco en la Dirección de Patrimonio del Gobierno de la Ciudad ni en los registros de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo hemos podido encontrar respuesta a nuestra duda.
Por eso habrá que seguir hurgando en el pasado para llegar a la verdad, pues si nos guiamos por el hecho de la esfera de cemento como remate de la cúpula en este caso puntual podría tomarse más como una idea de la propia compañía que del arquitecto. De la misma forma, la manera de resolver la esquina, que muestra similitudes con las otras edificaciones, también es algo típico de la arquitectura académica, por lo tanto tampoco lo podemos usar como referente.

En riesgo de extinción
Como corolario, la incógnita nos sigue quedando y aún habrá que seguir removiendo en el pasado para dar con la verdad. De todos modos, más allá de la importancia de que la obra haya sido o no realizada por Le Monier, hay algo aún más trascendental y es que el edificio tiene un valor arquitectónico importante para el barrio, dejando de lado a su autor. No es común encontrarnos en la periferia del centro de la ciudad con construcciones de tal singularidad y en particular de este estilo arquitectónico. El problema pasa por el lamentable estado en que se encuentra dicha construcción: si en un plazo prudencial no se toma una saludable decisión su recuperación será casi irreversible. La planta baja ha sido completamente distorsionada de la arquitectura original. Algo muy común de Buenos Aires es que las fachadas sean modificadas sin tener en cuenta el estilo total de la obra. Su cúpula, como sucede con todas las de la ciudad, de difícil manutención, se encuentra en riesgo de extinción.
La preservación y conservación de edificios como éste, de un valor arquitectónico importante serán determinantes en la identidad de los barrios. Para que esto pueda cumplirse será necesario que las asociaciones vecinales y el Gobierno de la Ciudad muestren un verdadero interés por sustentar esta obra. Poder alzar la cabeza y mirar hacia arriba en una ciudad en donde todo acontece en forma horizontal no es una pérdida de tiempo. Un infinito espectáculo arquitectónico se nos presenta a la espera de la mirada de aquellos que caminan sin levantar la vista. Así podremos encontrarnos con infinidad de obras como la de Pedro Ignacio Rivera 5802.

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