Hace una década Fabián Pedacchio, actual secretario personal de Francisco, bromeaba sobre una “descabellada” posibilidad que terminó concretándose en 2013.

Nota publicada en la edición Nº 94 de El Barrio, enero de 2007.

El padre Fabián abre la puerta de la secretaría parroquial y una ola de calor entra junto al cronista. A pesar de la tarde de canícula de este 21 de noviembre, el sacerdote no se sofoca con la camisa cerrada y el cuello blanco. Los hábitos hacen al monje, claro. Nos sentamos a una mesa sencilla de madera en una salita contigua al comedor y nos preparamos para la charla. “Hoy termino la misa y me voy corriendo al Luna Park porque me invitaron a ver Turandot”, dice mientras prendo el grabador y trato de disimular mis lagunas operísticas. Le digo que salió una nota importante en el diario de hoy sobre la obra póstuma de Puccini. “No soy un experto, pero me divierte. Sobre todo cuando la ópera habla de temas de la vida cotidiana. Tengo una buena colección de discos compactos”, apunta.
A Fabián se lo puede llamar por su primer nombre, por supuesto, pero también por su segundo y hasta por su tercero. Sepa lector que nuestro entrevistado fue bautizado como Fabián Edgardo Marcelo Pedacchio Leaniz. “Mi papá se llama Donato y nunca le gustó su único nombre; se juró que a sus hijos no le iba a pasar lo mismo -explica-. Por eso nos puso tantos nombres a mis dos hermanos y a mí, para que elijamos el que mejor nos cae”. Su mamá, Eva, aceptó resignada la cruzada del esposo. Fabián se crió en el barrio de Villa Luro, cerca de la antigua cancha de Vélez que no conoció. Tiene 42 años y de chico andaba en bicicleta por las calles Zelada y Araujo. Por mandato barrial tendría que haber abrazado los colores del equipo del Fortín, pero un tío metió la cola y lo hizo millonario para siempre. “No soy muy entendido en fútbol, pero me gusta y me sirve como una herramienta pastoral para comunicarme con la gente. Soy un hincha fiel de River y a veces le pido a Dios que nos ayude a ganar”, se confiesa Fabián.

La vocación
El 7 de diciembre Fabián cumplió 15 años de sacerdocio. Y pensar que quería ser licenciado en Ciencias Económicas. “En 1983 me tocó la colimba y me mandaron a Junín de los Andes. Fueron ocho meses terribles por mi alejamiento de casa y además porque fue después de la Guerra de Malvinas”, recuerda. A su regreso a Buenos Aires, retomó la Facultad con la intención de recibirse y armar una familia. “Un día conocí a un sacerdote que me llamó la atención por su alegría y por la manera que tenía de ayudar a los demás. Era distinto de los otros curas que conocía. Una vez me preguntó si había pensado en el sacerdocio. Le dije que ni loco, porque mi futuro era terminar los estudios, ganar plata y casarme”, evoca Fabián.
Luego de esa charla movilizadora -diría un analista- Fabián regresó a su casa cuando todos dormían. Se desvistió sin hacer ruidos para no molestar a su hermano, con quien compartía la habitación, y en medio de la oscuridad sobrevino la pregunta del millón. “¿Por qué no?”, se dijo y en marzo siguiente entró al seminario. Dice que fue algo repentino que apareció de la nada. Cambió los números por los sacramentos. Y no se arrepiente. “Mis padres me apoyaron, pero había gente que me dio un tiempo; estaban convencidos de que iba a largar más pronto que tarde. No me veían de cura porque yo era revoltoso, digamos. Un amigo me quiso presentar una chica y todo. Yo era un joven normal que había salido con mujeres, pero en ese momento sólo pensaba en la vocación”, explica el Padre.
Hace siete meses Fabián se hizo cargo de la Parroquia Santa Margarita María Alacoque, de la calle Pico casi Balbín. Su antecesor dejó una huella imborrable en la comunidad porque revitalizó el templo y lo abrió a la gente. “El padre Néstor Gallego organizó la parroquia desde lo pastoral y lo económico. Me animo a decir que es una de las mejores de la ciudad. Al principio me asusté y ahora voy perdiendo los miedos. No quiero fallarle a la gente ni estropear todo lo que se hizo”, dice feliz con su nuevo papel. El entrevistado es Licenciado en Derecho Canónico y hace una década trabaja en los Tribunales Eclesiásticos, donde se dirime la disolución del vínculo matrimonial, la relación con los organismos internacionales y los bienes temporales de la Iglesia, entre otros temas terrenales.

Cuestión de fe
La conversación avanza y los temas brotan al calor de la tarde. Le pregunto cómo hace para enfrentar el escepticismo de muchas personas con respecto a la religión. “Nunca trato de convencer a nadie. No es el camino. Prefiero que la persona se enamore de la palabra de Dios. Tampoco pienso que todo pasa por uno. No me enojo con Dios, pero le pido que trabaje un poco cuando las cosas se ponen difíciles. Literalmente me pongo en sus manos en distintos temas y hasta en cuestiones políticas. Me digo que Dios va actuar para encausar las cosas”, razona Fabián. Le comento que la política está crispada con los estiletazos que el Presidente lanza a la Iglesia por su comportamiento durante la dictadura y las contestaciones de Monseñor Jorge Bergoglio.
“Bergoglio demuestra su talento. La Iglesia, con su testimonio, es un peso para algunos políticos que no buscan como ella la justicia y la verdad frente a la miseria del pueblo. Bergoglio habla muy bien y sin miedos, no solamente para los católicos sino para todo el mundo. Es inteligente y sabe el peso que tiene cada palabra que dice”, elogia el joven sacerdote. Fabián sigue las noticias del país por Internet y los domingos compra La Nación o Perfil. “Y poné que siempre pido El Barrio y me lo leo todo”, acota.

Mejor Lourdes
El entrevistado ha viajado varias veces a Roma. “El Vaticano es fascinante, aunque más me conmovió la gruta de Lourdes en Francia porque es más íntima para encontrarse con la fe”, compara. En varias oportunidades fue recibido por Juan Pablo II y hasta asistió a una misa dada por el papa polaco. “La última vez que lo vi fue hace dos años, poco antes de morir -cuenta-. Me daba pena como estaba pero seguía teniendo un magnetismo inquebrantable”. La elección de Joseph Ratzinger no lo sorprendió porque era un hombre muy vinculado al papado anterior.

-Parece que Bergoglio estuvo a punto de ser Papa. Nos faltaba eso, porque ya inventamos la birome, el dulce de leche y el colectivo -bromeo.
-Eso dicen. Si hubiese sido realidad, el ego de los argentinos se hubiese ido a las nubes (risas).

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