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Sr. Director:
En el Nº 222 de El Barrio, correspondiente a septiembre del año pasado, publicó un editorial sobre el aumento de la venta de automóviles y la escasez de lugares para estacionar. Poco tiempo después desaparecieron los carteles de prohibido estacionar y los reemplazaron por otros de permitido estacionar. Evidentemente existe en quienes manejan la cosa pública actitudes discrecionales, erráticas o simplemente recaudatorias en detrimento del bienestar general.
Por otra parte, me parece muy sensata su opinión respecto a que un funcionario público no debería tener intereses privados en el sector que controla; no resulta lógico ser juez y parte. Mi manera de pensar, con más de 80 años de vida y 45 de trayectoria laboral, me hace opinar que no resulta moralmente inaceptable. Son actividades incompatibles, ya que una es trabajar por el bien común y la otra por el lucro personal.
Leí en un diario que se estimaba que en la Ciudad de Buenos Aires se encuentran patentados 600.000 automóviles, de los cuales circulan diariamente 300.000, pero entran y estacionan diariamente 1.800.000 autos provenientes del Gran Buenos Aires. Además circulan por nuestra ciudad gran cantidad de camiones de todo el país y algunos provenientes de países limítrofes, que no pagan impuestos en la CABA.
Otro tema que me inquieta es el excesivo crecimiento de la construcción en Villa Urquiza, ya que no sólo trae inconvenientes de todo tipo para los vecinos originales sino que también nos ha cambiado la forma tranquila de vivir. En mi caso, mi abuelo paterno edificó su casa a principios del siglo veinte (en 1905 nació mi primer tío y papá en 1910) y yo viví en Villa Urquiza desde 1945 en siete domicilios desde entonces. No me consta si para hacer este desastre se cambió el Código de Edificación o simplemente se lo ignora, porque ayer en una reunión se dijo que el nuevo edificio de Monroe y Triunvirato no tiene cocheras.
Y ahora, para aflojar tensiones, un ejemplo de la desidia o la falta de interés es el traslado de las paradas de colectivos a la Plaza Marcos Sastre, para luego inutilizarlas los días de feria.

Roberto Alfredo
roir@arnet.com.ar

Sr. Director:
Deseo manifestarle mi agrado por la publicación en el periódico de la nota de Sergio Calandra sobre “Los bondis de nuestra infancia”. Para los que siempre nos apasionó el tema del transporte -alguna vez, manejé, por pocos días, un colectivo de línea y actualmente, desde hace 27 años, soy taxista- el artículo que leí no tiene desperdicio.
Hay un tango que dice en una de sus estrofas “el misterio de adiós que siembra el tren” (más precisamente Barrio de Tango, de Homero Manzi, cantado por Francisco Fiorentino en la orquesta de Pichuco o por el Polaco Goyeneche, ilustre vecino de Saavedra) que me hace pensar en el misterio de todas esas líneas de colectivos que supieron circular por la Capital Federal y desde hace tiempo no lo hacen más.
Efectivamente, en los últimos 40 años han desaparecido más de 40 líneas de colectivos en la Ciudad de Buenos Aires. Sin ánimo de criticar la nota -al contrario, me gustaría colaborar con la misma haciéndole una especie de “recordatorio”- le señalo algunas líneas de colectivos que circularon por nuestro barrios y ya no lo hacen más.
La línea 156 -colectivo rojo- salía de Estación Rivadavia, y, luego de circular por José Tamborini y pasar por la estación de Luis María Saavedra, llegaba a Puente Uriburu (o Puente Alsina). La línea 157 -también roja- salía del Cementerio de Flores y llegaba al Puerto de Frutos, en Tigre, pasando en un momento por el barrio de Saavedra, más precisamente por García del Río. La línea 149 -color celeste- salía de Constitución y llegaba a Villa Cerini, obviamente pasando por lo que hoy es el Parque Sarmiento. La línea 94 -color marrón- salía del Correo Central y llegaba a Av. San Martín y Gral. Paz. El viejo colectivo 27, amarillo, de la desaparecida Empresa General Roca (tenía otras líneas del mismo color, la 11 y la 54, que circulaban por otros barrios), salía de Estación Núñez y se dirigía hasta Puente Gerli. Las viejas líneas 30 y 31, colectivos ingleses marca Leyland, grises, que salían de Puente Saavedra, se dirigían el primero hasta Constitución y el segundo hasta la esquina de Chacabuco y Chile, en Capital Federal. El 191, rojo, iba de Villa Urquiza a la Estación Olivos y el 192, verde, iba desde Villa Adelina hasta la vieja cancha de San Lorenzo, en Av. La Plata, pasando por las calles Vidal y Ramallo y cruzando a Provincia por Puente Saavedra.
Entre las actuales que afortunadamente circulan, se puede nombrar a la 76 (verde y blanca), explotada por la empresa DOTA; la 130 (verde y amarilla, antiguamente era roja) explotada ahora por “Los Constituyentes”, con el “paraguas” de DOTA, en sus dos ramales, Panamericana y Boulogne; la 19, explotada por la empresa ERSA, color rojo y gris (hace muchos años, uno de sus internos fue conducido, nada menos, por el Polaco Goyeneche, épocas en que la mayoría de los colectivos de la Capital, empezaban con 200 y la 19 era la 219); y la vieja línea 67(alguna vez fue la 267, color naranja), que sale de Villa Martelli, llamada Transportes Del Tejar (por el viejo nombre de esa avenida, hoy llamada Ricardo Balbín), que recorriendo Saavedra llega a Constitución con todos sus avatares. En algún momento tuvo colectivos nuevos, hace años tiene un parque automotor considerablemente antiguo, con el cual sobrevive.
Me place hacerle llegar estos datos, como hombre que me apasiona el tema del servicio público y con el afán de sumar y colaborar. Me encantó ver las fotos, especialmente la de los colectivos 142 -inolvidable- y 187, así como el marrón de la 133.

Héctor Roberto Haddad
hectorhaddad@hotmail.com

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