Siete años después del prematuro final de su carrera, este vecino de Villa Urquiza rompe el silencio para retratar con crudeza el mundo de los hombres de negro. A fines de 2009 trascendió públicamente que había sido presionado desde la AFA por el ex réferi Aníbal Hay, luego despedido por Grondona, para favorecer a San Lorenzo.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

El silbato y las tarjetas son un recuerdo lejano en la vida de Cristian Faraoni. En su próximo pestañeo, habrán pasado tres mundiales desde la última vez que dirigió un partido de fútbol. Con 44 años, podría estar en actividad y con la perspectiva de al menos un tiempo más en las canchas. Pero su promisoria carrera se interrumpió a fines de 2010, cuando su nombre apareció en una extensa nómina de árbitros desvinculados de AFA, entre ellos Gabriel Brazenas y el arrepentido Javier Ruiz. Corrían días difíciles para el referato argentino, con fundadas sospechas de corrupción basadas en denuncias concretas. Nadie confiaba en nadie.
El año anterior Faraoni habría sufrido presiones para pitar de manera tendenciosa y, tras un escándalo mediático que incluyó escuchas telefónicas, Julio Grondona despidió a Aníbal Hay, quien cumplía funciones de “relaciones públicas”. Nada parece haber cambiado desde entonces en el fútbol argentino: siete años después, los árbitros siguen bajo la lupa y cada fin de semana se producen nuevos escándalos. Al vecino de Villa Urquiza, hoy tesorero de una empresa de servicios tecnológicos, nada le sorprende.

-En el arbitraje, ¿todos se pisan las cabezas con tal de llegar?
-Hasta ahí nomás. El más sano puede hacerse amigo de los profesores y tener una buena relación, cosa de que lo elijan porque les caés bien. En el arbitraje, todos conocemos el reglamento, somos todos parecidos, entonces tenés que sobresalir de la media porque si no no llegás. Necesitás un plus y eso lo tenés que descubrir vos. El árbitro que no tiene personalidad, se queda en el camino y no llega a nada. A eso agregale un cuerpo llamativo, un buen estado físico y una postura elegante para llamar la atención. En esto competimos todos. En mi época había 15 árbitros de Primera División en todo el país para diez partidos. Entonces tenías que romperte el culo para que te elijan.

-El torneo de 28 equipos le abrió las puertas a muchos árbitros.
-Antes era más competitivo. Si por sorteo te quedabas afuera y tu calificación en el partido anterior no era buena, perdías plata. Cuando con Pablo Lunati empezamos a ir a entrenar en Ezeiza, yo me quedé sin trabajo en las empresas en las que estaba porque me la pasaba viajando. Si sos árbitro de Primera División y tenés una regularidad de tres partidos por mes, de alguna manera te rinde. Pero si a vos te va mal en un partido, el próximo te paran o perdés un sorteo, no dirigís. Si en un mes dirigís un partido, se te complica la situación económica. Lunati tenía un Volkswagen Golf dorado, modelo 97, cuando empezamos a ir a Ezeiza en el año 2002 y yo un Gol 99. Entrenábamos juntos, pero siempre estuve un paso atrás de él. Cuando llegué a Primera División, a él lo pusieron como internacional. Era un tipo muy ambicioso, que protestaba cuando estaba en el B Nacional porque quería dirigir en Primera. Siempre buscaba una veta.

-¿Cómo llegaste a Villa Urquiza?
-En 2001, cuando nació mi primer hijo. Vivía en Palermo, en un departamento que ya nos quedaba chico. Como el también árbitro Alejandro Toia se iba a ir de un departamento de Olazábal y Triunvirato, me lo alquiló un año y medio y después seguí en el barrio. Con el tiempo pude comprar en Mendoza y Ceretti, donde vivo ahora.

-¿Cuándo debutaste en Primera?
-Yo entré a la AFA junto con Patricio Loustau y Néstor Pitana. El que primero llegó a Primera División fui yo. Loustau estaba en la D cuando llegué a Primera, en 2007.

-Loustau debutó recién en 2010. ¿Vos tenías un plus?
-Sí. Un año antes de que me desvincularan me ternaron como árbitro destacado de la B Nacional en los Premios Alumni junto a Loustau y Toia. Y gané yo. En la ceremonia Grondona se paró, me abrazó y me dijo “el año que viene vas a ser internacional”.

-Tu carrera en el ascenso fue tranquila, no tuviste sobresaltos o polémicas.
-Sí. La pasé muy bien. Dirigí ascensos, descensos, finales de campeonatos. Lo disfruté.

-¿Qué cambió en Primera División?
-Muchas cosas. Si bien los partidos no son más difíciles de dirigir, se miran con un nivel de detalle más amplio y la repercusión ante un error es muy grande. Los intereses son mayores y los jugadores y dirigentes, distintos. Entonces todo pesa en la cabeza de un árbitro. Yo he dirigido cerca de 50 partidos en cuatro años, pero los sufría, la pasaba mal. Disfruté más el ascenso. Después del partido quedaba pendiente de lo que se decía. Cuando fallaba, no iba al gimnasio para que la gente no me preguntara. Se vive de una manera muy particular, cosa que en el B Nacional y más abajo no pasaba.

-Al margen del arbitraje, ¿a qué te dedicabas en ese entonces?
-Ahora soy tesorero y Analista de Sistemas, pero en ese momento era cadete. Empecé muy de abajo. Entré a la AFA a los 19 años y tuve que hacer cosas paralelas porque el dinero no alcanzaba. Soy del interior, de un pueblo del sur de Santa Fe que se llama San José de la Esquina. Vine a Buenos Aires para esto.

-¿Qué fue lo que pasó con tu prometedora carrera, truncada a partir de 2009? Tenías apenas 35 años.
-Fueron cosas que sucedieron y me tocaron vivir. No sé si lo mío fue un hecho aislado o una gota más. El 2009 fue un año que lo pasé muy mal, no me fue bien dirigiendo.

-¿Por errores propios o circunstancias ajenas?
-Por todo lo ajeno. Me sentía muy incómodo y eso me hacía rendir mal.

-¿Había demasiadas presiones?
-Me ha pasado de ir a la cancha de Rosario Central a dirigir un partido y, cuando salgo al campo, llaman a mi casa para amenazar a mi esposa. En el entretiempo me entero de todo esto. Son cosas que afectaban el día a día. Si no estás motivado anímicamente, no te va bien. Tu concentración adentro de la cancha no es la misma.

“En Primera dirigí cerca de 50 partidos en cuatro años, pero los sufrí”, confiesa Faraoni.

 -Trascendió públicamente que Aníbal Hay, ex árbitro que se desempeñaba en Relaciones Públicas de AFA, te había pedido que favorecieras a San Lorenzo y lo denunciaste. Tras ello, fue cesado en su cargo.
-No quiero que lo nombremos porque, quizás para salvar su nombre, él me querelló.

-El partido en cuestión fue San Lorenzo-Atlético de Tucumán. Se jugó el 22 de agosto de 2009 en el Nuevo Gasómetro y hubo un gol de Bergessio que debiste invalidar por infracción al arquero. ¿Fuiste justo en ese partido o actuaste condicionado?
-No lo sé. Yo quedé designado el martes y en esos cuatro días hasta llegar al partido sucedieron cosas que me sacaron de mi lugar. Hubo un foul a un arquero para mirarlo de cerca, pero el veedor Coradina me puso buena nota. Después, cuando se armó todo el embrollo, los periodistas empezaron a buscar detalles para tener algo que decir. Le puse mucha energía, fuerza y empeño a mi carrera y por eso llegué a Primera División, pero me tocaron vivir cosas que no me hacían bien ni feliz.

-Pasó el momento de tu denuncia, a fines de 2009, y pudiste dirigir un año más. Incluso recibiste un premio y estabas a punto de ser internacional. ¿Por qué la AFA interrumpió tu vínculo y cortó tu carrera?
-Habría que preguntarle a alguien que ya no está, que es Grondona. Fue muy público lo que pasó, hubo versiones de todos los colores, pero la única verdad la tenemos pocos.

-¿Cuál es?
-Prefiero reservármela. No me dejaron terminar en paz. Me sacaron doce años de carrera.

-¿Hubo alivio cuando te fuiste?
-Sí. Recuperé tranquilidad, que la había perdido. Siempre estaba muy nervioso, sin prestarles atención a mis hijos y a mi esposa. Esa vida familiar que ahora estoy teniendo a pleno la había perdido. Gané mucha tranquilidad, pero me faltan la adrenalina que tenía antes del entrenamiento y de los viajes. Dirigir era mi pasión y mi profesión.

-¿Qué sentís cuando ves a tus compañeros por la televisión? ¿Extrañás el arbitraje?
-Sí, porque no me fui en paz, terminando mi carrera normalmente. Me la interrumpieron. No me hago la víctima, es la realidad.

-En estos años, varios colegas tuyos se fueron de AFA en medio de polémicas. Las razones fueron variadas. ¿Cuál es la explicación?
-No sé, es una historia particular de cada uno. No todos se van de AFA por el mismo motivo. No hay un parámetro.

-¿Conservás amistades de aquellos años?
-Una o dos personas, nada más. Me aislé totalmente de ese ambiente. Mi teléfono dejó de sonar de un día para el otro. Cuando estás en un lugar de privilegio y te necesitan, te llaman porque sos un tipo público. Cuando dejás de serlo, no te llaman más.

-¿Sentís que el ambiente del fútbol se olvidó de vos?
-No, nunca se va a olvidar de mí, como no se va a olvidar de nadie que haya llegado a un punto de conocimiento público por alguna razón, ya sea bueno o malo. En un altísimo porcentaje, la gente que leyó algo, me conoció o está en el ambiente del fútbol se da cuenta de que actué honestamente. La gente que me para en la calle, en ese momento y ahora, nunca me dejó de felicitar. Se da cuenta de quién es el que pudo haber hecho algo malo y quién salió a enfrentar el problema para no ser salpicado. Eso lo tengo bien presente.

– Queda claro que la corrupción arbitral no es algo aislado. Hay una estructura preparada para eso.
-Es viejísimo eso. Si sos dirigente y pagás, tampoco estás limpio. Acá nadie confía en nadie, porque una vez que pagaste desconfiás cuando no lo hiciste para otro partido. Mi papá decía que una vez que recibís un peso, nadie más va a confiar en vos.

-El año 2009 fue oscuro para el arbitraje. A mediados fue la polémica final entre Vélez y Huracán, que le costó la carrera a Brazenas, y un mes después el partido famoso, motivo de tu posterior denuncia y despido de Aníbal Hay.
-Sí, a veces es mejor no enterarse de lo que ocurre, porque seguís en una nube y no le das bola a nadie. Total, de lo que hablan por atrás no te enterás y seguís para adelante. Lo malo es cuando te enterás de algunas cosas y ahí empezás a tener alertas que no tenías, a mirar a la gente diferente, empezás a preocuparte. Antes vivía contento, sin preocupaciones. Pasan muchas cosas por tu cabeza y todo hace que tu estado de ánimo no sea el mejor.

-¿Cómo es la relación entre colegas?
-Nos llevamos todos mal. Cuando jugábamos al fútbol nos cagábamos a patadas. La relación entre todos es falsa. Hay muchísima envidia. El arbitraje es un nido de víboras y cuando uno está adentro se convierte en una más.

-¿Qué rol le cabía a Julio Grondona en ese contexto?
-Constantemente ostentaba el poder que tenía. Por ejemplo, él no lo quería a Mariano Closs. El 23 de noviembre de 2009, día de la entrega de los Premios Alumni, habló por teléfono adelante mío y le dijo a alguien: “Al hijo de puta de Closs no le voy a dar el permiso para que vaya al Mundial”. Y ese año, 2010, no fue al Mundial. Esa misma noche Baldassi había dirigido Argentinos-Arsenal y llegó tarde a la ceremonia. Había echado al 9 de Arsenal. Grondona lo saludó y le dijo: “¿Cómo echaste a Jara? Amarilla era, amarilla”. No me lo olvido más.

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