Nota publicada en la edición Nº 98 de El Barrio, mayo de 2007.

A fines del siglo XIX los prohombres políticos de la Argentina tenían plena conciencia de la necesidad de colonizar su territorio, en ese momento ampliamente deshabitado. Ya Alberdi dijo: “En América, gobernar es poblar”. En 1876 entró en vigencia la Ley de Inmigración, bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda (quedó en la historia como la “Ley Avellaneda”), tendiente a organizar la llegada de inmigrantes. Creó condiciones importantes para quienes arribaran al país, facilitando albergue y trabajo no sólo en la ciudad de Buenos Aires sino en el interior del país. La generosidad de la ley hizo que gran cantidad de inmigrantes europeos comenzaran a arribar al puerto de Buenos Aires. Fueron 155.632 en 1888, 260.909 en 1889 y 105.143 en 1897, sólo por citar algunas cifras y años.
El gran crecimiento demográfico y la mejora de los transportes favorecieron el desplazamiento masivo de la población europea, aunque los motivos principales de su traslado a otros países fueron las guerras, las oleadas represivas y las crisis económicas. Entre 1871 y 1880 ingresaron al país 85.000 personas, aunque la gran época de la inmigración estaba por llegar. Entre 1876 y 1913 arribaron tres millones de inmigrantes a la Argentina. Venían atraídos por las múltiples oportunidades de trabajo, los altos salarios y las garantías legales que les ofrecía el gobierno argentino a través de la citada Ley de Inmigración.
Eso provocó un acceso masivo de italianos, españoles y alemanes. Las olas migratorias obedecieron a causas muy diversas, como persecuciones religiosas (el caso de los galeses y de los judíos de Rusia), hambre, miseria y la inexorable proletarización a que los conducía la revolución industrial. Como detalle significativo, la ciudad de Buenos Aires contaba hace 100 años con una población de 1.232.000 habitantes y sólo el 54 por ciento eran argentinos. El total de extranjeros se dividía en un 22 por ciento de italianos, 14 por ciento de españoles, tres por ciento de americanos, dos por ciento de franceses y 1,2 por ciento de rusos (Censo de Población de 1909).

Inmigrantes en los barrios
Buenos Aires se vio invadida por la llegada de muchos inmigrantes de distintas nacionalidades, que fueron a la búsqueda de trabajo y vivienda. La mayor parte de ellos se fue instalando en la zona sur de la capital, como La Boca y Barracas, y los restantes se fueron repartiendo por distintos barrios. Un detalle llamativo: los inmigrantes judíos se afincaron en Villa Crespo y un buen número de irlandeses lo hicieron en Coghlan.
Pasaron los años y en 1929 se inauguró en Villa Pueyrredon la Textil Sudamericana, propiedad del belga Callens, que a mediados de 1932 pasó a manos del Grupo Bunge y Born, que le cambió el nombre por el de Grandes Fábricas Argentinas (GRAFA). El barrio, hasta principios de la década del 20, era un lugar de huertas, quintas y hornos de ladrillos y comenzó a recibir un flujo de inmigrantes que se instalaban en el barrio y en sus alrededores. Su mayoría trabajaba en las fábricas de cigarros Avanti, de licores Pedefleur y, por supuesto, en la textil Grafa. Cabe destacar que la fábrica Avanti estaba ubicada en la manzana delimitada por las calles Burela, Cullen, Ceretti y la avenida Roosevelt (entonces Guanacache) y contaba con alrededor de 1.500 personas. Pedefleur se encontraba en la manzana lindera a la fábrica de cigarrillos, es decir que ambas pertenecían al barrio de Villa Urquiza.
El barrio que sufriría un cambio radical de fisonomía sería Villa Pueyrredon. En un trabajo realizado por el Taller de Historia Oral del Centro de Salud Nº 2 (año 1994) para el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, se formuló un análisis de la situación: las características de barrio precario comenzaron a desaparecer entre los años 1925 y 1935, hecho que coincidió con el establecimiento de Grafa y su desarrollo posterior. Esta empresa textil llegó a emplear a 7.000 personas, hecho que determinó el progreso de Villa Pueyrredon. Una gran mayoría de inmigrantes formaría parte de ese enorme núcleo de trabajadores de Grafa. Desde un principio se debieron habilitar transitoriamente en la Avenida de los Constituyentes galpones como viviendas. La memoria recoge el esfuerzo solidario de las familias italianas, que se reunían domingo tras domingo para -siguiendo las instrucciones de aquel que conocía el oficio- construir las primeras y humildes casa de ladrillos precedidas por algunas piezas de chapas.

Otros asentamientos barriales
Villa Urquiza fue, asimismo, un barrio de importantes asentamientos de inmigrantes y la razón es que a la llegada de los mismos la zona no era muy poblada y se encontraba en plena expansión, situación que exigía, sin duda, trabajos diversos. En julio de 2006 Renata Kosczyk formuló una consulta por Internet acerca de inmigrantes que hubieran habitado en Villa Urquiza y Belgrano. Comentó que contaba con diversas direcciones de casas en las que sus abuelos alquilaban piezas y la última en la que vivieron se encontraba en Monroe 3333. También recordó a algunos vecinos italianos que con el tiempo regresaron a su país.
La colonia ciudadana de irlandeses se instaló mayormente en las adyacencias de la estación de trenes que lleva el nombre de un irlandés de gran predicamento en Buenos Aires: John Coghlan, ingeniero que llevó a cabo importantísimas obras vinculadas a los ferrocarriles y dirigió la construcción de la primera red de aguas corrientes. Asimismo, con el advenimiento del siglo XX y la llegada de numerosos contingentes de inmigrantes, la población de Coghlan se vio incrementada y provocó la necesidad de construir obras esenciales para el correcto desenvolvimiento de la comunidad.
Saavedra también contó con un destacado aporte de inmigrantes, en su mayoría de origen italiano, que con su trabajo fueron levantando sus casas bajas y que aún pueden encontrarse en muchas calles del barrio, las cuales en su momento le dieron una fisonomía característica. Españoles, italianos y especialmente muchas familias alemanas fueron cambiando lo rural en urbano. Estos primeros pobladores, inmigrantes, se radicaron en el barrio como “residentes”, pero desarrollaron su vida laboral fuera de él. Dado el tiempo que les insumía el trabajo en esa época, el ámbito barrial originario se conformó con las madres y los niños. El trabajo, siempre el trabajo, fue el casi excluyente amo de las vidas de los primeros saavedrinos.
Cuando en 1925 se aprobó la ordenanza que autorizaba al señor Vicente Chas a modificar el trazado de calles que debía realizarse en su quinta, próxima a Villa Urquiza, los vecinos de esos alfalfares que llegarían a ser el futuro Parque Chas ni imaginaban que en pocos años se transformaría en un barrio de inmigrantes progresistas con características urbanas que aún hoy se conservan.
Por último, cabe destacar que el 4 de septiembre se celebra el “Día Nacional del Inmigrante” por ser de esa fecha la primera norma legislativa sancionada en Argentina en 1812 con el objeto de fomentar la inmigración.

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