Existen numerosas intersecciones de calles y avenidas que necesitan con urgencia la colocación de semáforos. Este peligroso escenario se puede apreciar, por ejemplo, en Olazábal y Altolaguirre, Villa Urquiza, y en Balbín y Manuela Pedraza, Coghlan. Con un parque automotor en aumento, sorprende la desprotección de estas esquinas.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodieoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

La alta velocidad con la que hoy en día se desplaza el tránsito, tanto en rutas nacionales como en calles y avenidas, es un tema que preocupa por su peligrosidad. Esto conlleva a que la vida humana esté en constante riesgo, principalmente la de los peatones, que siempre se llevan la peor parte cuando están involucrados en un accidente vial. Sin embargo, la irresponsabilidad y falta de educación del peatón -y también la de algunos ciclistas- generan un cóctel explosivo que provoca resultados mortales en la vía pública.
Algunos peatones, por ejemplo, no tienen los suficientes reflejos o poder de reacción como para calcular visualmente el tiempo en que tarda en llegar un vehículo al lugar por donde ellos están cruzando. Por lo tanto, aunque un vehículo circule correctamente, siempre va a tener la culpa en caso de que se produzca un atropellamiento.
Cruzar por la senda peatonal, y no por el centro de una calle o avenida -ni hablar si se hace escribiendo mensajes de texto- es algo que pocos peatones realizan a diario, pese a que haya semáforos por donde hacerlo correctamente. Lo mismo sucede en muchas esquinas donde se cruzan dos avenidas y hay colocados vallados en los cordones circulares. Estos están emplazados para que no lo hagan por la ochava en diagonal, pero tampoco se les prestan atención.
Muchos peatones no son rápidos ni agiles en sus movimientos y, de repente, cuando abre el semáforo, se encuentran sin saber dónde detenerse: el transito que los aturde con bocinazos y las motos los rodean y pasan zigzagueantes a su alrededor, como abejas en un panal. Todo esto sucede por no cruzar por el lugar correcto y en los tiempos estipulados.

Los conductores, pésimos peatones
Si se observa bien, se notará cómo los conductores son los más osados e irrespetuosos ante las normas de transito del peatón. Suben y bajan de sus vehículos detenidos en cualquier lugar y se lanzan apurados a cruzar calles y avenidas, sin importarles si se avecina el tránsito, del cual ellos también forman parte cuando están a cargo del volante.
También se quejan -y mucho, porque lo ven a diario- por lo mal que cruzan los peatones. Pero ellos mismos, cuando bajan de sus vehículos, tienen conductas iguales o peores. Pareciera que se tiran temerariamente debajo de los autos, pretendiendo llegar a cruzar pese a que los tiempos no le dan.
Esta actitud imprudente muchas veces obliga a los vehículos a frenar o tener que esquivarlos, realizando maniobras riesgosas. En el caso inverso, si ellos como conductores se cruzan con peatones que están en infracción, les tocan bocina, insultan y pretenden que hagan lo correcto. Ante esta situación, diríamos entonces: “Consejos doy, pero para mí no tengo”.

Los ciclistas, un caso aparte
Bienvenidas sean las bicisendas, con toda la polémica que generaron: pero los ciclistas tiene un proceder bastante similar al de los peatones. Pareciera que creen ser dueños de las calles, con su actitud poco considerada para con los peatones distraídos o indefensos y hasta con vehículos que se les cruzan en su andar. Pero lo mismo sucede con los automovilistas. Si al llegar a una esquina el conductor no ve venir a un ciclista y de repente frena porque se le aproxima, reacciona con insultos y gritos.
Para evitar este escenario, los ciclistas deberían circular en el sentido correcto del tránsito y no de contramano. Menos aún sobre la mano izquierda, por donde tienen que circular vehículos a grandes velocidades. Si no hay instalada una bicisenda, el lugar permitido es el lado derecho.

Semáforos: tanta falta nos hacen
La ausencia de semáforos en varias esquinas clave de nuestra comuna es una problemática que muchos vecinos y lectores de esta sección vienen pidiendo desde hace un largo tiempo para que sea abordada a fondo. Estos aparatos inteligentes que trabajan a destajo las 24 horas -ahora tuneados de color gris oscuro, antes con el clásico color amarillo- no sólo sirven para ordenar el tránsito, sino también para evitar que se produzcan colisiones en cruces peligrosos.
Ya sea como peatones o conductores, poder cruzar sin semáforo en avenidas con doble circulación es una meta difícil de lograr. Generalmente se deben esperar varios minutos para que disminuya un poco el caudal del tránsito o hasta que corte algún semáforo de cuadras anteriores. En el caso de los vehículos, la opción que tienen es asomar la parte delantera del auto y esperar a que frene el flujo de tránsito para poder cruzar.
Muchas avenidas importantes que atraviesan los barrios de la Comuna 12 presentan algunos cruces altamente peligrosos sin semáforo. Si los colocaran de una vez por todas, ayudarían -y mucho- a disminuir la velocidad del tránsito, aunque al menos funcionaran intermitentemente con luces amarillas.
Pero tampoco nos engañemos: a pesar de que muchas calles y avenidas cuentan con semáforos, siguen sucediendo en ellas gravísimos accidentes, casi siempre porque alguno de los involucrados pasó en rojo o con la luz en amarillo. Como caso puntual, el 24 de agosto pasado, en Congreso y Galván, un camión de la CEAMSE colisionó contra un vehículo que cruzó en rojo en esa intersección.
El vecino y lector Rubén Campos nos comentó que, por ejemplo, en la esquina de Gabriela Mistral y Av. Constituyentes es prácticamente imposible poder cruzar a pie desde que se inauguró el viaducto de Constituyentes. Esto se debe a que todo el tránsito que avanza a la salida y a la entrada del túnel quiere aprovechar el semáforo verde y, en pos de cruzar, los conductores pisan el acelerador y lo último que les interesa es frenar para permitir que los peatones atraviesen ese lugar. En consecuencia, no tienen otra opción que hacerlo por la Av. Olazábal o, en su defecto, por la calle Mendoza, donde sí hay semáforos colocados.

#1 Gabriela Mistral
Algunos ejemplos
Citaremos solo algunos casos de lugares conflictivos para graficar esta situación. También sería bueno que ustedes nos escriban o envíen un tweet a @scalandra denunciando más casos, para que puedan ser enumerados en esta sección y luego considerados por el Departamento de Tránsito de la Ciudad. Aquí van algunos ejemplos de cruces riesgosos:

1) Av. Congreso, en su intersección con las calles Miller, Valdenegro, Capdevila, Andonaegui, Burela y Aizpurúa.

#3 Congreso Valdenegro
2) Av. Olazábal, en sus cruces con Altolaguirre (salida del túnel, a metros de los Bomberos y de la seccional de la Policía Federal), Donado (salida del viaducto) y Holmberg (acceso del “sapito” de Monroe).

#10 Olazabal Altolaguirre
3) Av. de los Constituyentes en casi toda su extensión, pero muy especialmente en los cruces con Nahuel Huapí, Echeverría, Asunción y Pedro Morán.

#7 Constituyentes Echeverria
4) Av. Balbín, en la intersección con Manuela Pedraza, en Coghlan.

5) Ruiz Huidobro, en su cruce con Machaín y Lugones, en Saavedra.

La peligrosidad de las avenidas con doble sentido de circulación es mayor aún, en comparación con aquellas que tienen una única mano y que no cuentan con semáforo para poder ser atravesadas normalmente. Sin lugar a dudas, la gente mayor, las personas con movilidad reducida y los padres con cochecitos de bebé son los que más padecen y reclaman por esta situación.
En muchos casos, deben caminar varias cuadras de más para llegar a la esquina donde sí hay semáforos instalados para poder cruzar. Ojala que algún día estos pedidos sean concretados para así lograr una mejor calidad de vida ciudadana.

Falta de conexión
Un tema que se percibe desde hace tiempo dentro del sistema de Gestión y Reclamos del Gobierno de la Ciudad es la desconexión existente entre las diferentes áreas de atención. Por ejemplo, al efectuar un reclamo relacionado con la instalación o reparación de semáforos las autoridades responden que de esa temática se ocupa Transito. Al contactar a esa dependencia, el reclamo vuelve a ser redireccionado a otra Secretaría y así continúa dispersándose sucesivamente. Lo mismo sucede en materia de Educación: cuando se reclama por el estado de los colegios públicos, las autoridades responden que esa área no depende de la administración comunal. En el fondo, toda esta desorganización contribuye a lograr que la burocracia y el papeleo administrativo sigan dilatando los reclamos de los ciudadanos.

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