A través de diversas campañas se pregona sobre la importancia de preservar y no invadir los lugares comunes de la Ciudad. Sin embargo, muchas veces son las mismas autoridades y hasta las fuerzas del orden las que no cumplen con esta premisa. Repasamos algunos ejemplos en nuestros barrios, el último de ellos realmente insólito.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

El espacio público no tiene dueño porque, como muy claramente lo explicita su nombre, es de todos. Sin embargo, siempre fue y será una gran tentación ocuparlo y utilizarlo gratuitamente tanto por particulares y gobiernos. Aquí detallaremos, de menor a mayor envergadura en base a la gravedad, distintos casos y ejemplos de ocupación que se pueden ver en las calles de la Comuna 12.

Garajes obstruidos
Un primer caso de invasión de lo público, que perjudica también el acceso a una propiedad privada, es cuando se estacionan vehículos obstruyendo parcial o totalmente garajes particulares de edificios. La impotencia y perjuicios de todo tipo que genera este atropello es grande. Y las reacciones para evitarlo a veces alcanzan límites insospechados: desde poner excremento, vaciar bolsas de basura o llenar de hojas secas los parabrisas de los vehículos en infracción, hasta pegar papeles para advertir al infractor, pinchar ruedas o rayar las puertas y el capot.
En la mayoría de los casos es muy probable que las causas que generan esta infracción sean por estar apurado o distraído, además de la notoria falta de estacionamiento por el crecimiento del parque automotor. Difícilmente esto se quiera hacer adrede para perjudicar a otro desconocido, pero no debería estar todo permitido ante la desesperación. Tampoco es válido que los frentistas se crean dueños del lugar emplazado en la fachada de su propiedad o comercio, impidiendo que otro vehículo se estacione allí con corralitos de sillas, tachos de pintura o cajones de fruta. En los hechos, no poseen ningún permiso especial.
En una época, los propietarios colocaban caños amarillos para resguarda el sector, pero luego fueron prohibidos -y retirados por el Gobierno de la Ciudad- precisamente por obstruir el espacio público. Hay que estar muy atentos, entonces, a dónde y cómo dejamos nuestros vehículos para no perjudicar al otro. Aunque sea molesto tener que seguir buscando lugar durante unos minutos más, se deben evitar acciones como las que comentamos anteriormente.

Tips para ser un conductor ejemplar
Estos consejos de urbanidad y sana convivencia nos pueden ayudar a evitar situaciones conflictivas en la vía pública:

a) Siempre chequear que no haya bajadas de cordón o portones de garajes donde estacionamos.
b) Acatar los carteles de “Prohibido Estacionar Garaje”, cualquiera sea su tamaño, visibilidad o estado.
c) Especialmente en calles angostas y en donde se estaciona en ambas aceras, calcular que el otro vehículo pueda maniobrar para entrar y salir del garaje si nosotros estacionamos muy cerca de la bajada de cordón.

En Plaza y Tomás Le Bretón funcionó un taller mecánico, pero estos viejos taxis 504 permanecen abandonados ocupando un lugar vital para estacionar de mano izquierda.

¿Igualdad ante la ley?
No sólo los particulares se adueñan de la vía pública sino que también lo hacen las empresas, que parecen actuar aun con mayor impunidad que los vecinos. Todos sabemos que las odiosas fotomultas existen y que no hay forma de eludirlas: son inapelables. Y es sobre las avenidas especialmente donde los móviles y las motos más accionan, hasta dos veces por día y la misma multa pero en distintos horarios.
Un ejemplo histórico de estacionamiento indebido, con ocupación permanente de la vía pública se lo puede encontrar en Triunvirato casi esquina Blanco Encalada, mano izquierda. Allí existe la central de Telecom de Villa Urquiza, donde desde hace muchos años -ya más de cinco, seguro- se puede encontrar estacionado un antiguo camión marca Ford, con patente TPO 420.
Este vehículo, que quizás en algún momento haya cumplido la función de grupo electrógeno de emergencia, permanece estacionado sobre la mano izquierda en un estado casi de abandono. Nunca se lo enciende ni se lo mueve de allí y los grafiteros se hicieron un festín con múltiples pintadas en todos sus lados.
Cuando llegan los carnavales en el mes de febrero, el palco que se arma allí para tal efecto convive al lado de esa mole dentro del espacio público. Según la página web de infracciones del Gobierno de la Ciudad, ya acumula 8.920 pesos por fotomultas desde el año 2013 en distintos lugares de la Capital Federal.
¿Por qué no son abonadas o el camión retirado por Telecom? Así como las tenemos que pagar los vecinos cuando nos llegan, también lo deberían hacer las grandes empresas. Y ni que hablar de quitar el vehículo de ahí si es que no tiene permiso ni uso alguno, como lo aparenta. A la vista no luce ningún papel especial en su parabrisas que justifique su detención allí desde hace tanto tiempo. Esto es requisito cuando se realiza una obra en una propiedad particular o se pide un permiso en el Gobierno de la Ciudad para poder realizar un nuevo edificio. Hay que tener un cartel con el aviso de obra y pagar los cánones correspondientes.

Cementerio de autos siniestrados
Vivir en los alrededores de una comisaría tiene sus ventajas y desventajas. A favor es contar con más presencia policial en la zona, pero la contra es que las calles aledañas son depósito permanente de todo tipo de vehículos que llegan recién accidentados o fueron secuestrados por la Policía.
Son ubicados frente a las propiedades de los vecinos de esa manzana, que dejan de contar con vitales lugares para estacionar. Por ejemplo en la Comisaría 49ª, de la calle Machaín entre Congreso y Quesada, en Villa Urquiza, los dejan sobre Congreso en ambas manos. Y no sólo automóviles, sino también camiones de gran porte y colectivos. Todos saben que allí está prohibido estacionar y, para peor, obstruyen las paradas de colectivos de las líneas 175 y 71. Ni que hablar cuando ubican los vehículos sobre la línea amarilla, bien pintada y a la vista de cualquier despistado. Es la misma Policía de la Ciudad, entonces, la que no cumple con las normas de tránsito, ocupando durante semanas y hasta meses las calles con estos autos.
Lo propio sufren los vecinos de las comisarías de Olazábal y Altolaguirre, donde el cementerio vehicular llega hasta Monroe y Burela; la de Juramento y Mariano Acha; y la de Nazca y Habana, en Villa Pueyrredon.
En estos últimos meses se difundió en los medios de comunicación que se están gestando importantes cambios dentro de la Policía de la Ciudad, como por ejemplo que las comisarías funcionen y se identifiquen de acuerdo con la Comuna en donde se encuentra emplazada cada una y no según la circunscripción, como sucede actualmente.
Sería positivo que, dentro de esas nuevas medidas, se les pueda asignar nuevos espacios, más amplios y específicos, para depositar los vehículos secuestrados y de esa manera no limitar los lugares de estacionamiento.

En Congreso y Machaín la Policía de la Ciudad incumple la normativa de no estacionar sobre avenida, en parada de transporte público y sobre la línea amarilla.

Carga y descarga en supermercados
Muchas calles y avenidas porteñas quedaron chicas para el gran caudal de tránsito circulante. Si a esto se le suma el estacionamiento en doble fila para la carga y descarga de productos alimenticios, el caos es aún mayor. Estamos aquí frente a otro claro ejemplo de ocupación del espacio público.
Hace un par de años hubo una muy buena idea del Gobierno porteño para organizar el tránsito pesado en la Ciudad. Se enunció que aquellos camiones encargados de repartir alimentos y bebidas deberían ser de menor tamaño y que los mega camiones que vemos hoy en día deberían trasbordar en plantas periféricas hacia los más pequeños. Por ejemplo, los que reparten lácteos, cervezas y bebidas ocupan mucho lugar cuando están descargando en las veredas de los comercios. Parece que esto todavía no se llevó a la práctica, porque siguen circulando en toda la Ciudad, formando grandes embotellamientos en lugares clave.
Por ejemplo, una práctica usual entre los repartidores es, si el comercio se encuentra ubicado del lado izquierdo en una calle de circulación única, estacionar en ese sector y no sobre la derecha, lo que angosta y tapona aún más todo el tránsito que pasa por allí. Sería aconsejable dejar la izquierda libre y detenerse -aunque también está mal- en doble fila sobre la mano derecha. La cantidad de camiones y camionetas de distintos rubros que abastecen a almacenes y súper chinos ocupan durante muchos minutos aceras y veredas, además del ruido y los bocinazos que acarrean. Esto también resta calidad de vida a los vecinos que viven en los alrededores.
La logística de las cadenas de mini y grandes supermercados tiene a su favor que reciben sus pedidos ya armados en grandes bultos, envueltos en plástico transparente y que son bajados en block desde el camión mediante las rampas hidráulicas. Luego resta que vengan los repartos de bebidas, cervezas y lácteos. Esto hace que sean muchos menos los camiones que se detienen en doble fila para descargar por día, en comparación con los otros comercios a los que llegan muchos distribuidores en distintos móviles para bajar un producto específico.

Chapa y pintura, a la vista
Los que también ocupan el espacio público son los talleres mecánicos. El principal inconveniente que tienen muchos de ellos es que su espacio interior es escaso como para poder ubicar los vehículos a reparar. Es por esto que toman las veredas para trabajar en ellas y también las ensucian con líquidos y grasas.
Lo que más les molesta a los vecinos es que estos talleres -y especialmente los chapistas- “coleccionan” viejos vehículos recuperados de siniestros para aprovechar sus repuestos. Así, estos hierros permanecen tirados a lo largo de toda la cuadra, juntando basura y suciedad también dentro de ellos. Como son vehículos que ni patente ni vidrios tienen, difícilmente se les puedan colocan los stickers para que sean removidos por el Gobierno de la Ciudad.

El colmo de los colmos. Un auto con permiso para discapacitados obstruye la rampa para discapacitados en Manzanares y Lugones, Saavedra.

Ejemplo insólito
Este último caso ya es el colmo de la ocupación indebida del espacio público: cuando un vehículo con certificado de discapacidad obstruye la rampa de una esquina destinada al ascenso y descenso de personas con movilidad reducida. Sí, parece la ley de la selva… Aunque cueste creerlo, esto sucedió en Saavedra, en la intersección de Lugones y Manzanares. Lo paradójico es que esta es una zona de baja densidad habitacional y de tránsito normal, sin altos edificios, con viviendas tipo PH o unifamiliares.

Moraleja
Si no respetamos al otro, difícilmente él lo haga. La empatía se logra cuando el otro se pone en nuestro lugar y siente las cosas que nos pasan. Todavía nos queda mucho aprendizaje para poder alcanzar una sana y pacífica convivencia ciudadana.

Comentarios Facebook
http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2018/01/Fiscal-1-1-150x150.jpg

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.