El tránsito ciudadano está colapsado por la gran cantidad de vehículos que circula, generando congestiones y atascamientos. Esto produce irritación en los conductores, que tratan de hacer todo tipo de maniobras con tal de evitar demoras. Un ejemplo peligroso es cuando los motociclistas se suben a la acera para adelantar su paso.

Por Sergio Calandra
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La ansiedad, sumada a la falta de respeto hacia el otro, se ven reflejadas a diario en muchos momentos de nuestras vidas. La gente no quiere esperar en el banco, en el médico, en el supermercado, en los organismos públicos, en el peaje… Si trasladamos este accionar a las autopistas, circular por la banquina es ya un ejemplo habitual.
Algo similar ocurre en las calles angostas de doble mano, cuando los conductores circulan peligrosamente en sentido contrario para superar la congestión del tránsito. Ni que hablar si quienes realizan estas maniobras son camionetas, camiones o colectivos: por la ley del más fuerte, siempre logran su cometido. Esta situación, en la que bocinazos, insultos e incluso peleas son moneda corriente, ocurre continuamente en Villa Urquiza, por ejemplo en la calle Mariano Acha desde Monroe hasta el cruce de las vías del ferrocarril Mitre, en la estación Drago.

Prohibido pasar
A pesar de que hablamos poco de ellas en esta sección, las motos también infringen las normas de tránsito, al igual que los automóviles. Ya sabemos que avanzan a alta velocidad haciendo zigzag, especialmente por las grandes avenidas y por la derecha, muchas veces sin dar tiempo de reacción a los vehículos que circulan a sus costados. Pero lo que no está bien, y es cada vez más recurrente, es cuando se suben a las veredas y aceleran su paso por allí, para evitar el atascamiento del tránsito.
Esto se da sobre todo en las horas pico y cuando se forman varias cuadras de cola debido al cierre momentáneo de una barrera por el paso del tren. Aunque resulte obvio decirlo, las veredas están para ser utilizadas únicamente por los peatones, algo que muchos motociclistas parecen no tener en cuenta. Las personas mayores, las que tienen movilidad reducida, los menores y las mamás que circulan con cochecitos de bebé, especialmente, pueden sufrir accidentes por este imprudente accionar.

Puntos conflictivos
Para corroborar lo descripto, vamos a mencionar algunos sectores de nuestros barrios donde esto sucede a diario. En Villa Urquiza se da, por ejemplo, en la calle Mariano Acha desde Olazábal hasta Monroe. Allí se complicó el fluir del tránsito porque ahora se estaciona sobre el lado izquierdo de Acha (en infracción, y especialmente en hora pico) desde la colocación de las bicisendas en Blanco Encalada y en Miller, lo que restó lugares para estacionar a los residentes de la zona. El conflicto se acrecienta aun más cuando está baja la barrera del paso a nivel de Drago, generando una concentración de vehículos en Acha casi hasta la calle Mendoza.
Es en esta circunstancia que algunos motociclistas optan por subirse a la acera y avanzar casi a la misma velocidad que llevan cuando circulan normalmente dentro del tránsito, sin importarles mucho las consecuencias que esto podría ocasionar en terceros indefensos. Lo mismo acontece en la Av. Álvarez Thomas, desde Blanco Encalada hasta las vías, cuando está baja la barrera y se espera el paso de las formaciones: salen motos de ambos lados entre los vehículos, incluyendo sobre las veredas. Además del riesgo físico que implican estas maniobras, muchos conductores las asocian al accionar de los motochorros, que lamentablemente vemos todos los días en los noticieros.

Más controles
El aprendizaje ciudadano es, en líneas generales, un proceso que lleva tiempo y mucha perseverancia, junto a la implementación de políticas públicas de largo plazo. Lograr que todos los integrantes de la sociedad cumplan con sus roles no va a suceder de la noche a la mañana y esto es aplicable a la educación vial, donde todavía falta mucho por aprender.
Una forma de evitar estos exabruptos de los motociclistas es con la presencia de mayor cantidad de agentes de tránsito (identificados con uniformes de color celeste y amarillo y gorras al tono) y también de la Policía, junto a las cámaras de fotomultas para sancionar a aquellos que evadan las normas. También es cierto que es técnicamente imposible que haya un efectivo en todas las cuadras de la ciudad, por lo que en esos casos deberían primar la responsabilidad y la conciencia de cada uno para prevenir conductas impropias. Se sabe que es difícil, pero quizá con campañas publicitarias se puedan lograr avances.

Motochorros al acecho
En la zona de las calles Cullen, Pedro Ignacio Rivera, Nahuel Huapí, la salida del sapito de Pacheco y alrededores, lamentablemente es moneda corriente el arrebato de celulares y carteras por parte de motochorros al tratarse de un terreno con vías rápidas de salida y escape. El accionar de los delincuentes es siempre de a dos: uno maneja y el otro se baja, roba y se vuelve a trepar raudamente para huir. En estas cuadras puntuales los hechos suceden especialmente en horarios vespertinos, cuando las consignas policiales dejan sus puestos al caer el sol y la zona queda desprotegida. Sería bueno que las autoridades tengan en cuenta esta problemática y tomen medidas de prevención, para asegurar la tranquilidad de los vecinos y de todo aquel que tenga que circular por allí.

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