Las nuevas obras viales modificaron las estructuras edilicias de muchos barrios de la Comuna 12 y lograron mejoras en el tránsito vehicular. Sin embargo, algunas de esas construcciones, como los túneles y los bulevares, acarrearon otros conflictos. En las calles de la Ciudad hay cada vez menos lugares para estacionar.

Por Sergio Calandra

fiscal@periodicoelbarrio.com.ar

Las ciudades tienen una forma de vida muy dinámica y activa. Esto se puede apreciar, por ejemplo, con la construcción de nuevos edificios, viaductos, metrobuses, bicisendas y estaciones de subte. Todas estas obras apuntan, fundamentalmente, a ordenar el inmenso y caótico tránsito automotor y a disminuir el tiempo de espera de vehículos. Pero, al mismo tiempo, estas modificaciones conllevan grandes cambios en la superficie y deben ser previamente estudiadas y consensuadas, especialmente entre los vecinos y los usuarios finales. Las nuevas circulaciones generadas en los alrededores de los metrobuses y los viaductos implicaron también, en muchos casos, cambios en el sentido de circulación de algunas calles, la transformación de otras en peatonales y la colocación de nuevos semáforos y señales de tránsito.

Beneficios para algunos

Cuando se desplaza y redirecciona el tránsito en las zonas intervenidas por las nuevas obras, sucede que, de repente, muchas calles pasan a tener un voluminoso caudal de automóviles, lo que provoca congestión vehicular y dificulta el estacionamiento. Es en ese momento que aparecen vehículos mal estacionados por sus propietarios en las ochavas, obstruyendo las sendas peatonales y las bajadas de cordón. A esto se suma que, actualmente, hay una cantidad desmedida de autos y que a su vez ingresan diariamente a la Ciudad desde otros destinos. Debido al gran parque automotor, son escasos los lugares para estacionar; además, los espacios donde antes sí se podía hacerlo ahora están eliminados o restringidos. Asimismo, tampoco se generaron nuevos estacionamientos, ya sean públicos o privados, para paliar este conflicto.

Bulevares y problemas

Cuando se diseñó y luego se construyó el bulevar sobre la Av. Roosevelt, en Villa Urquiza, pareciera que no sólo se lo pensó desde el punto de vista paisajístico sino también bajo el concepto “Aliviador Pluvial Natural Parquizado”, una suerte de cantero central para poder absorber y escurrir el agua de lluvia. Pero lo que seguramente no se tuvo en cuenta es que la nueva construcción, sumada al espacio ocupado por la estación Juan Manuel de Rosas del subte B, restaría lugar vital para la circulación de vehículos y transeúntes. Tal es así que el flujo de tránsito a lo largo de toda su extensión, que va desde Pacheco hasta Constituyentes, se encapsula en largos corredores, también con autos estacionados a ambos lados en una calzada que ahora es mucho más estrecha.

Lo aconsejable sería dejar de estacionar a lo largo de toda la avenida y así, por lo menos, puedan circular dos filas de vehículos a la vez, en lugar de una, y en consecuencia fluya el tránsito más rápidamente. Llama la atención que cuando se rehicieron todas las veredas junto con los nuevos canteros sobre las esquinas, el lugar que quedó apenas es suficiente para que entre un vehículo estacionado paralelo al cordón y no a 45 o 90 grados, como se lo hace habitualmente.

 “Sapitos” inconclusos

Nadie puede negar que los nuevos túneles agilizaron y acortaron los tiempos de espera en la Ciudad al no tener que atravesar las barreras del ferrocarril. No obstante, la construcción de algunos de estos “sapitos” aún está inconclusa -sobre todo en lo referido a su terminación- y eso puede ocasionar accidentes o roturas en los vehículos que los utilizan.

Por ejemplo, la salida del túnel de Holmberg, antes del cruce con Rivera en la mano derecha, está elevada y sobre el nivel la calzada. Como esta falla no está señalizada ni pintada con líneas refractarias amarillas, se puede sufrir un golpe seco en la suspensión y la punta de eje del vehículo, con la posibilidad de ocasionar roturas y hasta algún accidente. Como solución, solamente es necesario pintar correctamente ese pequeño borde o colocar un cartel advirtiendo que la calzada está en desnivel.

 Falta de planificación

Desde que se cambió el sentido de circulación de Altolaguirre por la construcción del túnel, el automovilista que avanza hacia el norte por Roosevelt, entre Burela y Triunvirato, queda preso dentro de la avenida sin poder salir de ella y debe recorrer seis cuadras en una zona caracterizada por las infracciones y el alto tránsito vehicular. Lo mismo sucede cuando se quiere doblar hacia el norte y se avanza por Roosevelt desde Bucarelli hacia Constituyentes: no existe ninguna calle mano hacia Cullen, salvo Ceretti, al fondo, que se encuentra a cuatro cuadras. La solución para ambos problemas es simple: cambiar el sentido de circulación de Andonaegui hasta la calle Rivera.

Peligro: altos arbustos

Otro tema problemático en la zona del bulevar de la Av. Roosevelt es el de los altos arbustos y plantas que allí se colocaron, que al estar muy crecidos y sin podar entorpecen, principalmente en horas de la noche el campo visual del conductor. De esta manera, quien esté manejando se encuentra imposibilitado de observar con claridad si hay peatones o autos pasando por el lugar, algo que puede provocar accidentes y también infracciones. Para evitar estas situaciones riesgosas, las autoridades municipales deben conservar en óptimo estado la vegetación de estos canteros y podar los arbustos con asiduidad.

Fiscal 1

Ausencia de giro a la izquierda

Un ejemplo concreto de situaciones de tránsito que llevan a los conductores a realizar infracciones -quizás por falta de planificación o hasta de sentido común- se puede detectar en la calle Nahuel Huapí y Donado, en las inmediaciones del túnel y de la estación Drago.

Todo aquel que avance por Nahuel Huapí hacia el oeste, a partir de Holmberg, se encontrará con que al llegar a Donado tendrá, a tan solo 100 metros de distancia, el tentador túnel o “sapito” y querrá doblar allí a la izquierda. No podrá hacerlo porque el semáforo no tiene giro hacia esa dirección, pero hay muchos imprudentes conductores que doblan de todos modos. Esto lo hacen porque, de otra manera, tendrían que continuar hasta Lugones, donde sí hay un giro a la izquierda, y retomar luego por Rivera hasta Acha o Donado.

Lo que habría que considerar, por lo tanto, es colocar en el lugar un giro a la izquierda y además con la prohibición de estacionar a ambos lados de Nahuel Huapí las 24 horas para, así, evitar un caos de tránsito mayor al ya existente. Resulta poco entendible que, en las calles angostas donde hay giros a la izquierda, esté permitido estacionar en los dos costados, como sucede en la actualidad en Nahuel Huapí y Lugones.

¡Peligro! Caños al acecho

Muchas veces el ser humano tiende naturalmente a no cumplir con las reglas, como por ejemplo la de la convivencia, y perjudica a terceros con su accionar. Extrapolando esta conducta al tema del estacionamiento en la vía pública, aquel conductor que ubica mal su vehículo sobre la entrada o salida de un garaje ajeno está perjudicando el acceso a una propiedad privada particular.

Y algo más grave aún es cuando los autos mal ubicados no dejan el suficiente espacio para girar en los garajes e invaden el sector previsto para el normal ingreso y egreso de vehículos. Es ahí cuando, ya cansados de que obstruyan la boca de su cochera, los propietarios colocan elementos prohibidos por la ley, como los caños perpendiculares al cordón, que dañan paragolpes, llantas, cubiertas, direcciones y puntas de eje. Si el conductor se encuentra desprevenido y no se percata de la presencia de estos caños, su vehículo se verá gravemente lesionado.

Fiscal 3

 Colegios: prohibido estacionar

El caso del estacionamiento permanente en la puerta de las escuelas es un tema que preocupa a las autoridades viales y a los padres de los alumnos. Pese a que los colegios poseen vallados sobre la línea del cordón para que allí no se ubiquen vehículos, muchos conductores desestiman esa prohibición y dejan sus autos en ese espacio. Entonces, cuando llegan los micros escolares para recoger a los estudiantes, se encuentran con vehículos estacionados y deben pararse en doble fila, con el caos de tránsito que esto genera. Esta situación es más riesgosa aún cuando se trata de avenidas.

Un caso puntual se da en la Escuela Ejército de los Andes, situada en Av. Triunvirato 4247, entre Juramento y Echeverría, justo en la boca de la estación del subte B. A pesar de existir el vallado, los automovilistas dejan sus vehículos estacionados allí durante todo el día, en un lugar que debería estar reservado solo para los micros. Las autoridades escolares llamaron al 103 en reiteradas ocasiones para denunciar el conflicto y les respondieron que realizarían la multa correspondiente. En otras oportunidades les indicaron que tomaran una fotografía del vehículo en falta y la enviaran como denuncia a la página web de seguridad vial.

Fiscal 4

Algunas soluciones para este conflicto podrían ser:

1) Además del margen vallado ya existente, colocar carteles de “prohibido estacionar” por tratarse de un lugar reservado para micros escolares.

2) Volver a cubrir el cordón con pintura amarilla más fuerte que la que está actualmente para que se observe con claridad la prohibición para estacionar.

3) Pintar sobre la calzada el cebrado con rayas diagonales para que los automovilistas perciban con nitidez que allí no pueden ni deben detenerse por períodos prolongados.

Hay que dejar en claro la diferencia entre parar con el auto algunos segundos para retirar rápidamente a los chicos y estacionar el vehículo durante todo el día como si fuera una calle lateral sin ninguna restricción.

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2016/05/Fiscal-2-1-150x150.jpg