Este vecino de Saavedra sufre una discapacidad desde su nacimiento que no le permite desplazarse por sus propios medios y necesitaba cambiar su antiguo modelo. Tras un año y medio de reiterados pedidos a su obra social, logró el objetivo.

En la edición de enero del año pasado El Barrio publicó una nota titulada “Un pedido desesperado”, que generó una gran repercusión y despertó la solidaridad de los lectores de este periódico. Se trataba del reclamo del vecino de Saavedra Edgardo Marano, hoy próximo a cumplir 32 años, que por su discapacidad neurológico-medular, llamada mielomeningocele, necesitaba una nueva silla de ruedas para poder trasladarse sin sufrir lesiones. El pasado 6 de abril, Edgardo finalmente logró su objetivo y consiguió la costosa silla, que desde un principio su obra social Unión Personal le negaba. Para comunicar la noticia, el vecino le envió un mail a El Barrio, en el que agradeció el apoyo recibido. Estas fueron algunas de sus palabras:

“Gracias a la ayuda de un montón de gente que leyó la nota en la que hacía mi reclamo a la obra social Unión Personal, la Ley 26.689 de enfermedades poco frecuentes entró en vigencia y finalmente tengo mi silla de ruedas. Por suerte, lentamente voy a poder ir retomando mi vida habitual. Es increíble el poder que tiene un reclamo cuando se sostiene, aunque es triste tener que iniciarlo cuando se mezclan la salud con la burocracia y la corrupción. Más allá de la alegría que me invade y me genera haber obtenido lo que en definitiva me correspondía, quiero alentar a todos los que lean estas líneas a que denuncien, peleen y luchen para que las obras sociales o prepagas les cubran lo que les corresponde. Las personas con enfermedades o dolencias complicadas les generamos gastos a estos organismos y, por ende, no les importamos”.

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