Dieciocho años atrás, cuando iniciamos este proyecto editorial, nos auguraban una vida efímera incluso aquellos que nos querían. “¿En serio vas a editar un periódico? ¿Cuántas noticias puede ofrecer un barrio? ¿Qué vas a hacer el día que se terminen los temas?”. Las preguntas, que revelaban un escaso optimismo en el emprendimiento, se sucedían una tras otra. Si sobrevivimos todo este tiempo a pesar de los pronósticos agoreros -que incluso sugerían una digna retirada mientras estuviéramos a tiempo- no fue tanto por la afluencia sostenida de publicidad. Sin duda fue decisiva, pero pesó más la convicción de que un medio zonal es una excelente opción para ejercer el periodismo.
Si al principio las ocho páginas eran un marco amplísimo para la generación de contenidos, el tiempo las fue volviendo insuficientes. Pero no sólo los avisos comerciales alentaron la expansión: la necesidad de informar e investigar fue corriendo esos límites y lo multiplicaron por siete. Hoy disponemos de 56 páginas -alguna vez fueron 64- para desarrollar libremente nuestra vocación profesional, siempre con los vecindarios de la Comuna 12 como escenario. A contramano de las tendencias modernas, escribimos textos amplios que documentan hasta el más mínimo detalle de sus protagonistas. Por supuesto, los vecinos están ávidos de esas historias.
No es fácil conformar a todos, siendo tan heterogéneo nuestro público. Mayormente tratamos de conciliar nuestros propios intereses con los del lector promedio, que ocupa una extensa franja que va de los 35 a los 100 años. De lo que estamos seguros es que, resulten más o menos atractivas, las notas que publicamos son honestas y originales. Nos gusta el desafío de indagar en aquellas historias que no aparecen en otras publicaciones y destacar la labor de habitantes que, de no ser por nuestra difusión, pasarían injustamente inadvertidos para la sociedad. En un mundo exitista y efectista, son cada vez menos los espacios que ponen el acento en los buenos ejemplos.
La edición de este mes está superpoblada de personajes. Famosos y anónimos, muchos de ellos calificaban para salir en la tapa de El Barrio. Por ejemplo Sol Bassa, nacida en Coghlan y una de las mejores 100 guitarristas argentinas según la revista Rolling Stone, que está presentando este mes su primer disco, completamente instrumental, un auspicioso debut musical. O el maestro Mario Marzán, eximio pianista que acompañó durante años a Gerardo Sofovich en sus ciclos televisivos, quien revela su amor por Platense en una extensa entrevista. Y tenemos a Luis Novaresio, uno de los periodistas del momento, para analizar con objetividad -lejos de la grieta- la coyuntura política.
Cualquiera de ellos merecía estar en la portada, pero decidimos dársela a un artista provocador y controvertido, sobre el que naturalmente existen prejuicios. Sin embargo, Andy Chango resultó una agradable sorpresa para nosotros. Lejos de cualquier pose, se tomó muy en serio la entrevista y hasta nos guió por el barrio para mostrarnos sus lugares y personajes preferidos. Como suele decirse, “remó” durante casi dos horas y aportó interesantes reflexiones sobre las drogas, el rock y la sociedad.
Nos parece importante dar a conocer los entretelones de este número primaveral, que esperamos disfruten del mismo modo que lo hicimos nosotros desde la cocina.

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