Comunicaciones estuvo a punto de obtener un histórico ascenso a la B Nacional, segunda categoría del fútbol argentino, luego de una polémica final disputada con Deportivo Riestra. Recordemos que el club de camiseta aurinegra pertenece al barrio de Agronomía, pero sus instalaciones están a pocos metros de Villa Pueyrredon y varios integrantes del plantel profesional viven en la Comuna 12. Asimismo, muchos vecinos de la zona son socios de la institución o utilizan sus enormes piletas en verano.
A pesar de la alegría que produce el coqueteo con la antesala de la elite del fútbol, los hinchas del Cartero experimentaron una sensación de despojo por las circunstancias que rodearon a esta final. En el partido de ida, el equipo conducido por Alejandro Orfila se impuso 1 a 0 en el estadio Alfredo Ramos, ubicado en Av. San Martín y Beiró. La revancha se jugó el 30 de julio en el Bajo Flores en un clima enrarecido: hubo amenazas previas, las áreas de los arcos tenían extensiones mayores a las reglamentarias y el árbitro omitió un claro penal a favor de Comunicaciones que, de convertirse, podría haber significado la consagración.
Con el partido 2 a 0 a favor del local, cuando restaban todavía cinco minutos de juego, un jugador del conjunto blanquinegro -que no estaba convocado para el encuentro- ingresó encapuchado a provocar a los rivales de Agronomía y, tras lograr que parte del público invadiera el campo de juego, el partido se suspendió. El burdo objetivo fue sacar ventaja para que, tras la abrupta finalización, el equipo local obtuviera su ascenso a la B Nacional. Sin embargo, ni el periodismo ni el mundo del fútbol convalidó la farsa: hubo un repudio a la actitud antideportiva protagonizada por Riestra y respeto hacia la hidalguía de los jugadores y cuerpo técnico de Comunicaciones.
Según el Artículo 106 del Reglamento de Transgresiones y Penas de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), un equipo debe sufrir la pérdida del partido cuando el árbitro lo suspenda por, entre otros motivos, “desorden o agresión en la cancha o entre el público asistente promovido por dirigente, delegado, jugador o integrante de personal técnico de uno o de los dos equipos”. Ni más ni menos que lo ocurrido en el estadio de Deportivo Riestra. Sin embargo, la AFA determinó que debían completarse los cinco minutos restantes en una cancha neutral (Defensores de Belgrano) y sancionó con la quita de 20 puntos y una multa de $ 600.000 al club que promovió los disturbios. La reanudación del partido fue el jueves 3 de agosto, pero el resultado no se modificó. Comunicaciones quedó así a las puertas de su hora más gloriosa.
Desde hace cinco años Riestra es gerenciado por Víctor Stinfale, el abogado detenido a causa de su posible responsabilidad en la tragedia de la fiesta electrónica Time Warp, ocurrida el 16 de abril de 2016 en Costanera y que ocasionó la muerte de cinco jóvenes por consumo de drogas. El poder de Stinfale es tal que el 1 de agosto pasado, el mismo día en que la AFA contradijo sus propios reglamentos, la Sala II de la Cámara Criminal Correccional Federal apartó al juez Sebastián Casanello de la causa, que estaba cerca de ser elevada a juicio. De esta manera, los familiares de las víctimas verán postergado su reclamo de justicia. Sí, en ocasiones la vida puede ser un tanto injusta.

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