El inminente cierre de un tradicional comercio de Villa Urquiza, publicado en nuestra página de Facebook, tuvo un alcance cercano a las 15.000 personas en pocas horas. Con más de 240 likes, fue compartido unas 150 veces y recibió casi un centenar de comentarios. Si bien la mayoría eran voces de inquietud por la crisis que afecta al comercio, reconocida públicamente desde organismos oficiales, no fueron pocas las intervenciones que amonestaron al periódico por dar “malas noticias”. En rigor, no se trataba de la primera señal de una crisis que existe desde hace muchos meses. El relevamiento del sector, debido a que somos editores de un medio que se sostiene gracias a la publicidad, ha sido una de nuestras principales preocupaciones. En tal sentido, cada vez que observamos que un negocio baja sus persianas lo difundimos.
“¿Por qué no publican buenas noticias?”, nos reprochan algunos lectores, que creen advertir en nuestra línea editorial una militancia opositora. Se trata de una mirada distorsionada acerca de lo que venimos haciendo desde hace casi veinte años. El Barrio ha sido uno de los pocos medios, por no decir el único, que puso en agenda temas que no son necesariamente noticia, como la documentación histórica que reveló el origen de nuestros barrios. Priorizamos contenidos culturales y formativos, que no gozan de la preferencia del gran público, pero cuando en las redes sociales abordamos temas de coyuntura económica se activan las alarmas. “¿Por qué no publican buenas noticias?”, insisten ciertos vecinos, a los que no les interesan realmente nuestros contenidos tanto como auditar la “orientación ideológica” del medio.
Para desmentir la falacia que significa la demanda de “buena onda” por parte de muchos de nuestros seguidores, pongamos como ejemplo el alcance de algunos de los posteos de Facebook durante el mes de agosto: Día del Árbol en el Museo Saavedra, 966 personas; anuncio de la salida del periódico del mes pasado, 932; visita del diputado Roy Cortina a Saavedra, 692; recuerdo de la lluvia de cenizas volcánicas sobre Buenos Aires en 1932, 699; foro de la seguridad pública en Saavedra, 665; encuentro coral en el Teatro 25 de Mayo, 601; espectáculo de cuentos de miedo y misterio en la Biblioteca Popular Saavedra, 587. La mayoría de estas entradas tuvieron un puñado de “me gusta” y apenas si fueron comentadas o compartidas. En líneas generales, pasaron prácticamente desapercibidas.
Días atrás comentamos que la impresión del periódico había sufrido en lo que va del año un aumento en los costos cercano al 60 por ciento y que las ventas publicitarias habían caído un 30 por ciento. Volvieron a acusarnos de agoreros y otra vez nos recomendaron que fuéramos más positivos en la información. Sin embargo, cada vez que compartimos “buenas noticias” descubrimos que los mismos vecinos que tanto las reclaman no se involucran con ellas. ¿La razón? En realidad estas personas son antes que lectores fiscales de prensa; están más preocupados por la difusión de contenidos periodísticos sensibles que en su lectura objetiva. No advierten que El Barrio es una voz afín a sus propios intereses, en tanto defendemos los del conjunto, y la delicada situación económica que algunos se empeñan en negar nos afecta a todos.

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