Desde mediados de este año, la polémica obra que se está construyendo en la intersección de las avenidas Triunvirato y Olazábal está drenando líquidos con vestigios de hidrocarburos a los desagües pluviales. Según podemos deducir, la napa freática se habría contaminado con los combustibles de la estación de servicio que funcionó allí hasta hace pocos años. Los responsables del emprendimiento inmobiliario, aun cuando rige una clausura por este tema, están canalizando el agua hacia las alcantarillas. El olor a nafta que se percibe con sólo caminar por esa cuadra nos recuerda el riesgo que supone esta práctica. Los gases acumulados en las alcantarillas de Guadalajara por pérdidas de gasolina provocaron, hace 25 años, una explosión en cadena que causó centenares de muertos y millonarios daños materiales en la ciudad mexicana.
Si bien en esta edición damos cuenta, a través de informes y entrevistas, de las numerosas irregularidades generadas por este proyecto edilicio de lujo, que sufrió un desmoronamiento de la vereda y casi el derrumbe de una zapatería lindera el pasado 3 de setiembre, queremos detenernos desde esta columna en el daño ambiental. Además de su poder inflamable, el vertido de líquido contaminante a los sumideros de Villa Urquiza contribuye al agravamiento de la polución del Río de la Plata. Si pensamos que de ese curso se obtiene el agua que consumimos a diario, la situación debería empezar a preocuparnos. No sólo a los vecinos, sino especialmente a las autoridades municipales.
Una nota publicada el 21 de setiembre de 2009 por el diario La Nación, con firma de la vecina de Villa Urquiza Ángeles Castro, advirtió que cuanto mayor es el grado de polución, más complejo y costoso resulta el proceso de potabilización. Además, señala el artículo, la presencia de elementos contaminantes orgánicos e inorgánicos en ese curso, donde confluyen vertidos tóxicos de todo tipo, está eliminando fauna y flora. “No está peor, pero tampoco está mejor la situación. La carga es más dolosa a medida que pasa el tiempo. Como sociedad, no hemos hecho nada por revertir la contaminación”, reflexionó el doctor en química Daniel Cicerone, profesor asociado de la Universidad Nacional de San Martín y coordinador de la investigación sobre la Franja Costera Sur. Este análisis fue realizado hace siete años. Imaginemos el panorama hoy…
En los últimos cuatro meses, millones de litros de agua mezclada con hidrocarburos fueron a parar a los conductos subterráneos que derraman esa agua pestilente en el Río de la Plata. De allí las viejas torres de toma de AySA (ex Obras Sanitarias de la Nación) captan el agua y ésta es potablizada artificialmente. Cada vez resulta más difícil y costoso lograr que este recurso sea apto para el consumo humano. Lejos de buscar el saneamiento de la cuenca, acciones como la realizada por los constructores de la torre Evoque, en Villa Urquiza, contribuyen al empeoramiento del problema ecológico.
Rechazamos los modernos edificios, con sus amenities de categoría, si el precio es que en un futuro cercano nuestros hijos se vean privados de los recursos naturales que la codicia empresaria está asesinando.

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