El pasado 12 de junio, en el marco de la jura del nuevo canciller Jorge Marcelo Fauri, el presidente Mauricio Macri rompió el protocolo para efectuar un fuerte mensaje en contra de la “industria del juicio laboral”. Allí denunció “la existencia de un grupo de abogados que le ha hecho mucho daño a la Argentina”. Y acusó explícitamente al jefe de la bancada de diputados del Frente para la Victoria, Héctor Recalde.
Una semana más tarde fue el propio ministro de Trabajo, Jorge Triaca, quien ratificó las expresiones del primer mandatario argentino en una extensa entrevista con el portal de noticias Infobae. “Observamos que las empresas resaltan que tienen una enorme imprevisibilidad sobre cuál es el costo laboral. Se puede presumir que es el resultado del nivel de salario por categoría ocupacional, las contribuciones patronales y una eventual indemnización. Pero lo que termina pasando es que no sucede de esa manera, porque asociado a eso aparece el segundo factor: un conjunto de vínculos judiciales para que ese costo tenga una enorme imprevisión. Si a eso se suma la tercera causa, el efecto de la inflación y la falta de previsibilidad propia que tiene la Argentina, se explica por qué hay una falta de incentivo a la creación de puestos de trabajo”, alertó Triaca.
Según el titular de la cartera de Trabajo, la industria del juicio laboral pasó de 58.000 causas en 2011 a 115.000 en 2016, solamente en el sector de los accidentes de riesgo del trabajo en el Fuero Laboral Nacional de la Ciudad de Buenos Aires. “El stock de juicios resueltos está entre 35.000 y 40.000 por año, con lo que todo el tiempo se está agregando una masa de 75.000 a 80.000 expedientes. En algunos casos están bien elaborados pero en otros se advierten connivencias con peritos que se repiten ante las mismas situaciones, demandas que son resueltas por los mismos jueces y que tienen algunos criterios inverosímiles”, denuncia la máxima autoridad laboral de la Argentina, quien agrega: “Cuando esa industria del juicio se lleva al ámbito de las Pymes el problema se agrava notablemente, porque deben responder con sus patrimonios”.
Al margen de cualquier consideración política o ideológica y de que existen empresas que explotan al trabajador, desde este periódico podemos dar fe acerca del enorme riesgo que implica no sólo incorporar personal sino entablar una mínima relación con proveedores ocasionales. En los últimos tres años El Barrio padeció insólitas demandas de colaboradores desleales a los que, con no poco esfuerzo y siempre dentro de nuestras enormes limitaciones, les brindamos un espacio generoso por tratarse de un proyecto hecho a pulmón. Si bien siempre fuimos frontales en lo que respecta a nuestras posibilidades económicas, enfrentamos inesperados conflictos que nos llevaron a la difícil decisión de evitar nuevos vínculos laborales ante el riesgo latente de enfrentar litigios amparados por un contexto judicial que parece alentar la conflictividad.
Quienes somos trabajadores y a la vez emprendedores sabemos que no todos los patrones son malos ni todos los empleados buenos. Quizá sea un buen ejercicio, al menos en las pequeñas y medianas empresas, que una vez cada tanto se inviertan los roles y sea el personal el que deba ocuparse de la gestión de una fuente laboral. Una forma de comprender la complejidad que tiene crear empleo y lo ingrato que resulta para quien lo genera enfrentar conflictos oportunistas.

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