La famosa licenciataria de Adidas tenía su casa central en San Martín, que era muy concurrida por los vecinos de Villa Urquiza. Junto con otras 25 plantas en todo el país, debió cerrar sus puertas luego de la crisis del 2001 y la apertura importadora. Su creador repasa la historia de la compañía y ve similitudes con el actual rumbo económico.

Por Tomás Labrit
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A raíz de la masiva importación de calzado chino y la caída de la demanda, entre otros factores, a principios de junio pasado bajó sus persianas la empresa Extrema Gear, ubicada en el partido bonaerense de Esteban Echeverría. El cierre de esta planta, que fabricaba zapatillas Adidas, determinó la pérdida de 35 puestos laborales, que se suman a los 112 despidos de diciembre pasado, en un contexto económico y social cada vez más complejo.
Este caso nos hizo acordar de la quiebra de la firma Gatic SA, también licenciataria de la marca alemana en nuestro país, que tenía su principal fábrica en el partido de San Martín, muy cerca de la Comuna 12. Los vecinos de Villa Urquiza que hoy peinan canas recordarán cuando en las décadas del 80 y 90 iban a comprar productos al local, partiendo desde la Estación Urquiza con el colectivo 175.
La “crisis del Tequila” en 1994, sumada a la apertura importadora y el estallido del 2001, derivaron en el cierre definitivo de la firma en 2004. No sólo dejó de funcionar la casa central de San Martín sino también otras 25 fábricas instaladas en el interior del país, que concentraban más de 8.000 empleados. El artífice de esa monumental estructura fue Eduardo Bakchellian, acaso el más próspero empresario de la industria del calzado en las últimas décadas del siglo pasado.
“Gatic fue un ejemplo para el país -asegura el autor de El error de ser argentino, todavía lamentando el triste final de su nave insignia-. No me llevé un peso afuera, siempre pagué mis impuestos y reinvertí todo el capital. Le pagué a mis empleados como se debía y ninguno de ellos trabajó ni una sola hora en negro”.

-Cuénteme sobre usted y el origen de Gatic.
-Empecé en la industria en 1948, con 18 años. Luego me independicé con unos socios para hacer calzado vulcanizado y en 1953 creé Gatic. Empezamos en San Martín, en un espacio de 80 metros cuadrados, con siete u ocho personas. Con el tiempo, en la década del 90, llegamos a tener 160.000 metros cuadrados cubiertos en todo el país, con la última tecnología mundial, y un total de 8.200 empleados, de las cuales 6.000 eran del interior. Instalé cerca de 25 plantas en diferentes puntos del país, en zonas que no estaban privilegiadas por la promoción industrial. En San Martín tuvimos el gran crecimiento inicial, llegando a tener cerca de 30 mil metros cuadrados cubiertos, y también estuvimos dentro del conurbano en el Parque Industrial de Pilar, donde teníamos las plantas de goma. La tecnología de última generación fue la que nos permitió competir internacionalmente.

-¿Cuándo obtuvo la licencia de Adidas?
-Mi primer contacto internacional fue en 1962 con la firma italiana Vibram, de las famosas suelas de goma. Luego, por intermedio de esa empresa, que tenía sede en Milán y trabajaba con Adidas de Alemania, conseguí la licencia para comenzar a fabricar en 1970 con esa marca. Fue un impacto fenomenal dentro del mercado argentino. Sucesivamente, también fuimos incorporando cerca de 12 marcas bajo licencia y tuvimos marcas propias, como Tiempo Libre, Envión y Signia. El crecimiento fue realmente formidable, siempre basado en buscar localidades del interior del país más postergadas, donde la gente cuando cumple 16 años se tiene que ir en busca de estudio o una fuente de trabajo.

-¿Qué pueblo recuerda con más cariño?
-Coronel Suárez, en el sureste de la Provincia de Buenos Aires. Con 22 mil habitantes, instalamos una planta de 30.000 metros cuadrados cubiertos y les dimos trabajo a 2.200 personas. Fue fenomenal, porque cuando llegamos a 400 empleados se empezó a parar el éxodo de la juventud que se iba para buscar trabajo. A principios de la década del 90, cuando llegamos a los 2.200 empleados, 700 de ellos eran habitantes de la ciudad que habían regresado de otros puntos de la provincia, como Bahía Blanca y Olavarría. Fue darles vida y refundar a esos pueblos. Lo mismo sucedió con Pigüé, que está a 40 kilómetros al sur de Coronel Suárez, donde instalamos una planta industrial textil de tejeduría y tintorería. Con esa mercadería nos abastecíamos para hacer la indumentaria que confeccionábamos en Las Flores, a 200 kilómetros de Buenos Aires.

-Qué poco se ve esa perspectiva federal, tanto en la política como en el empresariado.
-Por supuesto. Hay un problema estructural tremendo que son Buenos Aires y el conurbano. No puede ser que en el cinco por ciento del territorio tengamos casi la tercera parte de la población, como si el resto del país fuera desértico. Acá me hago eco de la famosa obra de Ezequiel Martínez Estrada, que sintetiza que La cabeza de Goliat -la Capital y el conurbano- es tan grande que absorbe toda la sangre del cuerpo. Lo más triste de todo es que no escucho a un solo político hablando de esto. Los verdaderos valores, en todos los aspectos, están en el interior del país. Siempre me ofrecieron instalarme en provincias con promoción industrial, que tienen una serie de beneficios impositivos, pero me negaba porque sabía que había muchos chanchullos, como decimos popularmente.

-¿Cuándo fue el apogeo de Gatic?
-Del 90 al 93. Fue fenomenal. A principios de los 80 y luego en los 90 exportamos calzado Adidas a Alemania, algo impensado, porque no daban abasto y nuestra calidad era tan buena como la de ellos. Aparte de eso tuvimos la marca de natación Arena, Le Coq Sportif, New Balance, LA Gear, Asics, Umbro y Reef. En el año 70, cuando empecé a fabricar Adidas, en el país no había más de veinte casas de deporte. Dejamos Gatic con 2.300 tiendas. Llegamos a facturar 350 millones de dólares por mes y la empresa fue cotizada en 400 millones de dólares.

-¿Cuándo vino la debacle?
-Con el Plan de la Convertibilidad y la inundación de productos importados, algo que le manifesté al ministro Domingo Cavallo. Abrir de par en par las Aduanas fue tremendo. Entraban productos como si nada, sin ponerles derechos específicos. Con Alpargatas logramos que para los años 97 y 98 no pudieran entrar al país más de 11 millones de pares de todos los tipos de calzado. Pero en el 97, en vez de esa cantidad ingresaron 18 millones de pares y en el 98, 22 millones. Fue realmente un desastre. Lo que hicieron con Gatic no tiene nombre. Tengo un juicio contra el Estado por 300 millones de dólares, que obviamente sé que nunca voy a cobrar. Destruyeron una empresa que fue un ejemplo como industria nacional, social y federal. Me dan ganas de llorar cada vez que paso por la planta de San Martín. Está arruinada totalmente. Actualmente trabajan 70 personas en una cooperativa. En la planta de tejeduría de Pigüé, donde ocupábamos a 350 empleados, hoy hay 60. La única cooperativa que funciona, y muy bien, es la de San Luis del Palmar, en Corrientes. La fábrica de La Calera, Córdoba, está destruida. Si 100 empresarios hubieran llevado 25 plantas a diferentes pueblos del interior, ¿sabe lo que sería el país? Tener 2.000 villas alrededor del conurbano es un drama.

-A lo largo de su trayectoria se codeó con presidentes, ministros, banqueros y empresarios. ¿La corrupción se origina en el sector público o privado?
-En ambos. A mí me dieron mil oportunidades para entrar en la corrupción y no lo hice. La única materia en el mundo que se clasifica con 10 puntos, y no admite el 9,50, es la decencia. Sos decente o no lo sos. Nunca entré en ninguna cometa. A Menem le pude haber dicho “¿Dr., cuánto vale esto?”, pero nunca me salió. Fui a contramarcha de las tristes realidades que imperaban en este país y hoy lo estoy pagando.

-¿Qué fue de su vida laboral una vez que quebró Gatic?
-Me dediqué a instalar fábricas con industriales del calzado vulcanizado y ahora recuperé una marca propia, Envión, que vistió a varios equipos del fútbol argentino, entre ellos a mi querido Huracán. Seguiré luchando porque mi pasión es la industria y, como digo en el final de mi libro, voy a morir con las botas puestas.

-Hace un mes cerró una licenciataria de Adidas en Esteban Echeverría que, como a Gatic, la fulminó la apertura importadora. ¿Ve similitudes entre el proceso menemista y la actualidad?
-Estoy muy pronto a tener una entrevista con Mauricio (Macri) y quiero hacerle notar esto. Que no cierre la importación, pero que le ponga un coto. No podemos tener una economía cerrada pero tampoco una totalmente abierta, porque es un desastre. Hacen falta fuentes de trabajo, sobre todo en el interior del país.

-¿Cómo analiza el rumbo económico?
-Setenta años de desatino no se arreglan en dos años, pero no cometamos los mismos errores. Reitero que hay que controlar la Aduana e incentivar a los industriales a que adopten la última tecnología que hay en el mundo. Por eso quiero reunirme con Mauricio y contarle mi experiencia. Con 88 años y 70 en la industria, tengo fuerzas, ganas y proyectos para seguir luchando.

Crédito de foto de portada: www.nuevodiadigital.com

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