Ezequiel Fernández Moores es vecino de Villa Urquiza y uno de los periodistas de mayor prestigio del país. Analiza el escándalo de corrupción que salpica desde el año pasado a la FIFA y habla de la renovación de autoridades de la AFA luego de la fallida elección. Acaba de publicar su libro “Díganme Ringo”, sobre el boxeador Oscar Bonavena. Su llegada y las caminatas por el barrio.

Por Agustín Gallego

agallego@periodicoelbarrio.com.ar

Puede que él no lo sepa o no quiera enterarse, por modesto, pero muchos jóvenes con vocación de periodista, leyendo sus columnas, quisieran ser como él. Ezequiel Fernández Moores es una de las firmas de mayor prestigio de La Nación. En 2016 cumple 38 años de trabajo. Se le nota la pasión por su profesión y así la ejerció, con singular talento, desde sus primeros pasos en la agencia Noticias Argentinas (NA), en el año en que la Argentina ganó el Mundial 1978. Tras realizar un posgrado en la Universidad de Navarra, regresó al país a comienzos de la década del 80 para trabajar en Diarios y Noticias. Luego escribió en el diario Página/12 y colaboró en Noticias, Tres Puntos, The New York Times, Veja (Brasil), Il Giorno (Italia) y World Soccer (Japón), entre otros medios.

Su trayectoria periodística se ha centrado en la política y el deporte. Incansable, Fernández Moores también trabajó en televisión y en radio. Fue columnista en programas de las radios Continental, Belgrano, Rock and Pop, Del Plata y Aspen. En 1997 recibió el Premio Konex por su labor en la prensa gráfica. Elegido entre los diez mejores periodistas de la década por TEA, publicó Breve Historia del Deporte Argentino y Díganme Ringo, de Editorial Planeta, el título sobre la vida del boxeador Oscar Bonavena editado por primera vez en los años 90 y ahora relanzado.

La idea de escribir el libro surgió a fines de los 80, cuando una editorial le propuso elegir entre una lista de veinte grandes personajes para contar una historia. “Entre medio de varios futbolistas famosos estaba Ringo Bonavena. Me gustó esa idea de correrme por un rato del fútbol”, comenta el periodista y escritor.

-¿Cuál es tu vínculo con el boxeo?

-Ya había escrito sobre este deporte, aunque siempre con una mirada muy crítica. En el Hospital Borda consulté neurólogos y vi boxeadores dañados. Tomar a Bonavena como objeto de mi trabajo abrió la posibilidad de acercarme al boxeo desde otro lugar. Y Ringo era un personaje cercano: cuando era chico veía sus peleas con mi viejo y mis hermanos y también había vivido en la zona del Botánico, como yo.

 -¿Qué te llamó la atención cuando abriste las puertas de Ringo?

-Era un típico porteño que provocaba los hechos para salir en los medios. Fue el primer mediático, mucho antes de que se inventara esa palabra. Eran tiempos en los que no existían los agentes, las relaciones públicas ni Internet. Tampoco había asesores de marketing ni grandes auspiciantes. Bonavena fue un personaje que se hizo a sí mismo.

 

Por su carisma, hoy podría ser uno de los candidatos a participar en “Bailando por un sueño”. ¿Aceptaría el boxeador la propuesta de Marcelo Tinelli?

-(Risas) Era un tipo muy simpático, entrador, vivo y le gustaba tanto la guita que creo que hubiese buscado la vuelta para participar en el concurso.

Ya quedan pocos personajes como Ringo.

-Sucede que hoy la marca de zapatillas les impone a los deportistas qué es lo que tienen que decir o cómo deben comportarse. Quedan pocos con esa libertad absoluta para decir lo que se les cante. Gestos como los del Black Power (N. de la R.: Una señal de protesta de los derechos civiles negros en Estados Unidos realizado por los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos en los Juegos Olímpicos de México 1968) hoy son impensables. Da la sensación de que la industria del deporte los margina y los disciplina. Haciendo el libro sobre Ringo me encontré con la figura de Muhammad Ali, que en ese sentido es un personaje único. Fue una persona que le dijo no a Vietnam y le quitaron los títulos. Pierde sus mejores años de boxeador, en los que podría haber hecho mucho dinero. Y cuando vuelve decide recuperar la corona arriba del ring y no por medio de un tribunal, que bien podría haberlo hecho. Era un boxeador de una calidad extraordinaria. También era fanfarrón, difícil y bocón. La perfección no existe. Si existiera lo perfecto sería todo muy aburrido.

Dueño de una prosa minuciosa, elegante y algo salvaje, como la gambeta de Lionel Messi, Fernández Moores evita los lugares comunes y las frases hechas y tiene una mirada crítica del ejercicio del periodismo actual: “Esta profesión tiene cierta cosa soberbia al tomar de modo arrogante esa idea histórica del cuarto poder. No me atrae cuando el periodista se hace pasar por fiscal, juez o policía. A veces daría la sensación de que el periodismo busca colocarse por encima de todo y de todos, sin respetar a los demás. Lo he visto desde siempre en colegas y en medios, pero hoy lo noto acentuado”.

-¿Encontrás alguna relación entre el actual escenario y el periodismo que se practicaba tiempo atrás?

-Con lo que sucede hoy en el mundo en relación a la revolución de las comunicaciones, no importa si un hecho es verdad o no, si está chequeado o no. Gana el que informa primero. No importa qué se dice sino cuándo se dice. Antes los medios y la producción de noticias descansaban con el papel y ese formato daba tiempo para chequear lo que se iba a publicar. Hoy, con los portales web, no se sigue ese circuito. La tele tiene el rating del minuto a minuto y las páginas web han impuesto la dictadura del click. No importa si la noticia que se publica es verdad o no, siempre y cuando tenga muchos clicks. Este esquema alimenta el morbo, incluso podríamos hablar de anti-periodismo. El problema es que para los que vivimos etapas anteriores esto no es correcto. La gente de mi generación se molesta en las redacciones, porque sabe que eso tiene más de marketing que de periodismo. Yo no tengo que vender una noticia, tengo que informar. Entiendo que el periodismo es un negocio, pero como todo negocio debe tener sus propias reglas.

Fernandez Moores 1

 Los jefes del fútbol

Es un tipo que propone algo distinto en su columna deportiva de los miércoles en el diario La Nación. Un tipo que cuando habla siempre infunde confianza. Un tipo que supo ser amigo de Eduardo Galeano. Fernández Moores no se toma a la ligera lo del “FIFAGate”, el megaescándalo de corrupción que salpica desde el año pasado a la casa madre del fútbol, mientras que afuera, a pasitos nomás, los candidatos no aflojan y siguen en la disputa por el sillón que supo ocupar durante tres décadas Julio Humberto Grondona.

-El 2015 fue un año especial para el fútbol. ¿Cuál es tu impresión?

-Fue un año que determinó un antes y un después en el fútbol. Lo que sucedió en la FIFA nunca antes había ocurrido. Durante décadas la FIFA fue tratada con el status de república autónoma y nadie se podía meter con ella. Pero un buen día llegó el FBI, cuya intervención marcó el momento bisagra. Si hubiera sido una policía de cualquier país no hubiera tenido el mismo desenlace, pero se metió una superpotencia de la investigación criminal. Estos agentes ya contaban con los datos necesarios y se hizo uso de una ley extraterritorial que solamente los Estados Unidos pueden aplicar. Veo bien que hayan encontrado un freno para aquellos dirigentes que han abusado del poder y de la impunidad. Pero soy un periodista al que le gusta analizar los vínculos del deporte con la política y no soy ingenuo: no creo que esto haya sucedido por el bien del fútbol.

 -¿Pensás que, tras la muerte de Julio Grondona y la suspensión de Joseph Blatter, el fútbol mundial está huérfano de líderes?

-Sí, puede ser. El líder deportivo me interesa en la medida en que defienda el deporte. En algún sentido, si los nuevos líderes pasan a ser títeres de las corporaciones ya no me interesan. Tantos años de permanencia les daba un poder propio a algunos dirigentes y les permitía negociar desde el fútbol. Esto llegó a enviciarlos. Los dineros que cobraban por izquierda formaron parte de ese poder. No tengo claro aún a quién responde la nueva dirigencia: si está acomodada por el poder económico o por el poder deportivo.

Fernández Moores, periodista de culto y dueño de una mirada entrenada en comprender lo que sucede, considera que existen puntos en común que unen el “FIFAGate” y el fútbol argentino. “Los informes oficiales del FMI no lo mencionan con nombre y apellido, pero dan todos los pelos y señales de Julio Grondona. Si estuviese vivo, yo no sé si no estaría detenido en Nueva York”, afirma el entrevistado.

-¿Quién fue Julio Grondona para el fútbol argentino?

-Fue un representante clásico del dicho criollo “lo atamos con alambre”. Nos dejó un uso del poder permanente, una muñeca extraordinaria para acomodarse a todos los tiempos políticos de los últimos 35 años. Cuando hubo que proteger a Boca y a River, fue de Boca y River. Cuando hubo que ser de los clubes chicos, fue de los clubes chicos. Un tipo camaleónico. Su arte era ese poder para identificar hacia dónde soplaba el viento y allí acomodarse. En términos políticos, era una persona brillante. Era un tipo que en las reuniones dejaba hablar a los demás y hablaba último. Pero también ejercía el poder de un modo intimidatorio, a tal punto de creerse impune e inmune.

-¿Imaginabas que se iba a dar la transición de esta forma cuando él muriera?

-Sí, me imaginaba algo así. No me sorprende lo que está pasando. Lo que cambió en el fútbol es que al convertirse en una herramienta tan poderosa son cada vez más los actores que quieren meterse allí. Los negocios que mueve son cada vez mayores y entonces hay más tiburones interesados en patear una pelota.

-Y en este marco, ¿cómo se explica el vínculo entre el fútbol y la política?

-El fútbol se fue convirtiendo en un actor protagónico en el mundo. Es una disciplina que atraviesa todos los campos. La llegada de Mauricio Macri a Boca es uno de los ejemplos más claros del vínculo entre fútbol y política. El objetivo final de Macri, a mi juicio, siempre ha sido llegar a ser presidente del país y recuerdo que, el día que ganó las elecciones en Boca, el diario Ámbito Financiero tituló en tapa “Nace un proyecto político”. Lo que el fútbol da es visibilidad. Es un camino parecido al que siguieron, por ejemplo, Silvio Berlusconi en Italia y Horacio Cartés en Paraguay. Otro caso del vínculo entre política y deporte es el de las trasmisiones por televisión. Cuando el gobierno impuso el Futbol para Todos era la forma más clara y efectiva de visibilizar la presencia del Estado. Si lo hubiera hecho en otros lugares no se habría notado tanto. En definitiva, el fútbol es una herramienta que vale mucho más de lo que un contador público podría calcular.

Nómade urbano

Cuando conoció a su actual pareja, descubrió un rincón de la ciudad con calles empedradas y grandes arboledas que actualmente se reparten entre Belgrano y Villa Urquiza, pero que oficialmente corresponde a este último barrio. El recuerdo que tiene Fernández Moores de su llegada se mantiene fresco como si hubiese ocurrido hace pocos días: “Nunca había visto esta zona y cuando la conocí me dio la sensación de estar afuera de la ciudad sin salir de Buenos Aires”.

Desde que vive en Villa Urquiza, disfruta de las caminatas al aire libre con el aroma de los tilos que perfuman la zona. “Camino siempre por el barrio, a veces salgo a correr. En mi tiempo libre hago un circuito por la zona. Me gustan todos los espacios del barrio. Washington, Heredia, cualquiera de las veredas por las que vaya es hermosa. Melián es una de las calles más lindas que tiene Buenos Aires. Esos árboles gigantes que parecen que van corriendo a la par me encantan. La zona fronteriza entre Belgrano y Villa Urquiza es la que más me gusta porque es la que más vegetación conserva”, comenta el periodista que nació en Congreso y creció en Palermo.

Cuenta que al caminar por el barrio también recorre los comercios y va sumando historias. “El chino de la caja del supermercado chino de Plaza y Blanco Encalada es un fenómeno, bien adaptado al barrio: te atiende como si fuera un porteño más. Frecuento las verdulerías de la zona, que tienen mercadería de calidad. Hace poco tiempo, en Mendoza y Triunvirato, pusieron una heladería que me gusta. Cada vez que voy me atienden muy bien. Está buenísimo que locales así se sumen al barrio”, describe.

Eso sí: el café se toma en Belgrano R, en la Plaza Castelli. Allí funciona un polo gastronómico bellísimo que es parada frecuente del periodista. “Antes de llegar a Villa Urquiza estuve un tiempo viviendo en Belgrano, cerca de la estación. Me quedó el sabor de la plaza. Son mis preferidos Maru Botana, Jolie y el Centro Cultural”, concluye Fernández Moores.

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