El desarrollo inmobiliario sin límites viene avasallando a nuestros barrios y, así, infinidad de casas fueron suplidas por grandes torres. Ahora van por los terrenos del Estado: como advertimos en la última edición, se está rematando la Ciudad. En Villa Urquiza, se edificará en altura en un predio lindero a la estación del subte B.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Cada vez son menos las casonas que se mantienen en pie en la Ciudad. Es que los terrenos que ocupan son muy apetitosos para los agentes inmobiliarios, de allí que las grandes mansiones que tenía Buenos Aires poco a poco fueron desapareciendo. Quedaron solamente unas escasas casonas, que al presente se pueden contar con los dedos de las manos. Pero hoy van por todo tipo de terrenos, incluyendo también los espacios públicos, sin ningún miramiento.
Los mercadólogos aseveran que la explosión inmobiliaria de la última década fue devastadora con las casas antiguas de grandes superficies distribuidas por todo el suelo porteño. En los lugares donde no se pueden duplicar los metros cuadrados, porque está prohibido construir edificios en altura, los diseñadores se las arreglaron con proyectos como los conocidos “PH”. Estas viviendas tienen características similares a las casas, pero el terreno es compartido con otros propietarios.
En ocasiones, sus diseños son de una arquitectura interesante, aunque siempre están los especuladores que realizan verdaderas ratoneras, con mala calidad de hábitat, que simplemente dan respuesta al mercado. En otros casos se realizan construcciones vip, que tampoco solucionan el déficit habitacional de la Ciudad.
Un caso para analizar es el de Puerto Madero, el barrio más caro de Buenos Aires. En un principio allí no se iban a permitir torres, pero luego la presión del mercado dio pie a que el barrio tuviera los edificios más altos de la ciudad, algunas de ellos con más de 55 plantas. En los antiguos terrenos portuarios se edificaron más de 20 torres que superan los 30 pisos y actualmente está en construcción la torre más alta de Sudamérica.
Originalmente, el master plan impulsado a principios de los 90 tenía como objetivo el rescate de los viejos docks del puerto -depósitos de granos- para convertirlos en los actuales edificios de restoranes y oficinas, entre otros usos. Pero, en 1996, la Legislatura porteña transformó el Código de Planeamiento Urbano, lo que permitió la construcción de edificios de gran altura en esta zona.
Así, Puerto Madero está hoy dividido en sectores claramente diferenciados: los docks, el espejo de agua de los canales, una línea de edificios de no más de siete pisos y el bulevar Juana Manso unido a la zona de las torres, que a su vez están agrupadas en los diques 2 y 3.
El problema de alturas excede a la Capital Federal: también se está extendiendo al conurbano. Los municipios han empezado a advertir que los centros de cada barrio, como Monte Grande o Ituzaingó, crecen sin cuidado. Por eso han empezado a poner límites hasta que se desarrolle una infraestructura adecuada en cada lugar. Mayormente, estos centros no tienen los servicios adecuados (cloacas y luz, entre otros), algo que hoy está provocando serios conflictos de convivencia.

Subestimar a los vecinos, un error
Muchas veces las empresas y el mismo Gobierno de la Ciudad hacen oídos sordos a los reclamos vecinales. Pero en determinadas oportunidades la Justicia les da la razón y falla a favor de las denuncias realizadas. De esta forma se han podido frenar obras que estaban fuera del código de edificación y los empresarios fueron obligados a respetar las normativas.
La pregunta es muy clara, ¿qué es lo que está fallando? Bueno, la respuesta también es clara: el Gobierno de la Ciudad, a veces haciéndose el desentendido y otras por desconocimiento o excepciones, ha dado pie a que esto sea así. Hace unos meses, las emprendedoras inmobiliarias TGLT y Consultatio se quedaron con dos los últimos terrenos vip de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de un predio de Retiro que forma parte del proyecto llamado Catalinas II. Estará destinado a oficinas de alta gama y se emplazará frente a las torres originales que llevan ese nombre.
Son una infinidad de obras las que han violado el código de edificación y no han respetado las normativas vigentes. Hace un par de años los vecinos reclamaron por una torre que excedía las alturas permitidas en la Avenida Crámer, pero aún no ha cambiado nada. Seguramente se pagará la multa y quedará todo arreglado. Hace unos meses, por caso, en Coghlan se volvió a parar la obra que rodea al histórico Palacio Roccatagliata y se desconoce si esta vez será la definitiva.

Consultatio y TGLT construirán torres de oficinas en los terrenos públicos que compraron en Retiro.

Chau canchitas
Villa Urquiza nació como un barrio de casas bajas. La lejanía con el centro mantuvo por años esa vida barrial, que lugares más céntricos ya habían perdido. Hoy la única palabra que se escucha en Urquiza es demolición. Desde 2005 el barrio empezó a perder su fisonomía. La llegada del subte fue un primer paso para que la gente se fuera desplazando desde otros barrios, atestados de autos y ruidos, hacia la tranquila Villa Urquiza.
Esto provocó un crecimiento inusitado en el mercado inmobiliario y el valor de las casas pasó a fijarse por las medidas del terreno y las alturas permitidas. La presión fue tal que en muchas calles se cambió el gálibo edilicio para poder dar paso a más cemento. En 2016 Villa Urquiza fue el barrio con más demoliciones en proporción a su superficie.
En noviembre los vecinos se manifestaron en la Plaza Jorge Casal, de Triunvirato 4763, para expresar su rechazo a la construcción de torres en el terreno ferroviario que se encuentra limitado por Triunvirato, Roosevelt, Bucarelli y las vías del tren. La Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Villa Urquiza reunió firmas para evitar que se construyera en este lugar, que actúa como un pulmón dentro del barrio.
Se proyectan torres de 65 metros con un área edificable del 35 por ciento de la superficie de la parcela, mientras que el resto será destinado a espacio público preferentemente parquizado. Aparte habrá una superficie edificable total de 30.000 metros cuadrados. Los vecinos temen que el acceso al espacio parquizado sea restringido y se lo use como parte del emprendimiento privado.
Por otra parte, para hacer estas torres se sacrificarían el complejo de canchas de fútbol, las viviendas que dan a la calle Bucarelli y los negocios de Triunvirato, donde se emplaza la Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Villa Urquiza. Carlos, vecino del barrio, nos dice: “Estuve en la reunión de vecinos con el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, que se hizo el pasado 8 de diciembre en el Club Pinocho. Cuando me tocó hablar pedí al Gobierno de la Ciudad y a la Legislatura que dejaran de vender los espacios públicos. En especial me referí al caso de los terrenos de la calle Roosevelt, que por la Ley 2534, aprobada el pasado 30 de noviembre, se autorizó su venta para la construcción de edificios. En su respuesta, el Jefe de Gobierno se limitó a decir que “el Gobierno de la Ciudad no vende los espacios públicos”.
La ley que se aprobó demuestra lo contrario, ya que un terreno estatal que podría transformarse en una plaza debe considerarse un espacio público. A todo esto deberíamos agregar la necesidad de un estudio de impacto ambiental, porque esta transformación que se quiere llevar a cabo afectará la cotidianeidad del lugar. Buenos Aires se ha vuelto la ciudad con mayor cantidad de rascacielos de Sudamérica y eso no es un problema. La cuestión es saber dónde deberían estar ubicados, para que no perjudiquen a nuestros barrios.

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