En algunos barrios de la ciudad, como en Villa Urquiza, Saavedra y Coghlan, se han empezado a subastar inmuebles de carácter estatal. La idea es destinar estos terrenos a la construcción de torres, que favorecen a unos pocos, en lugar de crear más y mejores espacios verdes para el disfrute de todos los vecinos.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Hace unos días visité la ciudad de Mar del Plata con el fin de recorrer algunos lugares que hacen a la historia de La Feliz. Dentro de las visitas, tenía incluido mi paso por la “Casa sobre el Arroyo”, más conocida como la “Casa del Puente”, obra que Amancio Williams realizó en los 40 para su padre, el afamado músico Alberto Williams. El inmueble se vendió y, durante una década, funcionó LU9, radio local que estuvo en el edificio hasta 1977. Luego la casa fue cerrada y entró en un deterioro imparable.
Desde hace unas décadas pertenece al Municipio de General Pueyrredon, lo que la hace un lugar público, y fue creado el Museo Casa sobre el Arroyo. Pero, hasta la fecha, ni la administración municipal ni provincial pudieron mejorar su situación. Recordemos que ésta no es una casa más: figura entre las veinte viviendas más sobresalientes de la arquitectura moderna a nivel mundial; su diseño es destacado en revistas y libros extranjeros.
Muy poco se ha hecho para restaurarla y, de no tomar una decisión contundente, su fin llegará estrepitosamente. Es aquí donde uno se pone a pensar, ¿cuál será la causa por la que no se puede poner en valor esta vivienda? Y entonces, inmediatamente, descubrimos que intereses especulativos son la pieza clave de este rompecabezas. El predio que ocupa la casa es muy apetitoso para dejarlo en manos de los sentimentalismos, diría un especulador inmobiliario.
Algo parecido a lo que está sufriendo el Palacio Roccatagliata, de nuestro barrio de Coghlan, aunque en La Feliz ni disfrazada quieren dejar en pie la casa. Hace poco tiempo sufrió un incendio adrede que ha dejado en descubierto que hay otros intereses, que no tienen que ver con restaurar y poner en valor este brillante ejemplo marplatense de arquitectura moderna.
Toda esta vivencia me ha dejado pensando, ya que una vez más queda en evidencia el poco interés por lo público. Muy poca conciencia se ha tomado sobre la importancia de la protección de tierras o construcciones públicas, a pesar del gran esfuerzo en difundir estos valores por parte de los especialistas.
Y como en todos lados se cuecen habas, la Ciudad de Buenos Aires no podía quedar fuera de estos asuntos especulativos. Infinidad de obras patrimoniales han pasado a degüello en nuestra urbe o, en el mejor de los casos, han sido mutiladas, dejándole el terreno libre a los operadores inmobiliarios. Pero, como si esto fuera poco, vemos que ahora van por más.
Es que algunos terrenos públicos porteños fueron vendidos y otros están en peligro porque son muy atractivos para realizar grandes emprendimientos edilicios. Así lo advierten los vecinos de Mataderos, Recoleta, Retiro, Coghlan, Villa Urquiza, Saavedra y otros barrios más de la Ciudad, donde bienes estatales corren el riesgo de transformarse en privados.

La Ciudad, de remate
La tesis de algunos economistas extranjeros es que, pese a su valor paisajístico, ambiental y social, el espacio público no tiene precio y no se negocia en el mercado. Bien sabemos que aquí esto no es respetado, porque el interés inmobiliario tiene mucho poder. En lo que va del año, el Gobierno de la Ciudad cedió nueve predios de espacios públicos. En septiembre se vendió por 33 millones de dólares un terreno del Ejército, cercano al Campo Argentino de Polo, en donde funcionaba la sastrería militar. El predio vendido será transformado y se contempla la construcción de una plaza pública o la creación de una nueva calle que comunicará Dorrego y Clay. Pero, a juzgar por lo que viene sucediendo en los últimos años, las plazas se asemejan a grandes playones de cemento, con algún que otro macetero y muy poco verde.
Las leyes que rigen en la CABA explican claramente que de esos terrenos sólo un 35 por ciento -que ya es demasiado- podrá destinarse a usos privados, mientras que el resto deberá ser de uso público. La crítica a estas medidas es que la mayoría del porcentaje de espacio público luego se transforma en veredas o espacios construidos y no en áreas verdes. En el barrio de Retiro, sobre la Avenida Libertador, hay un espectacular terreno que saldrá pronto a la venta. Allí prácticamente se ocuparán 10 mil metros cuadrados, dejando 17 mil para espacio público.
Los pocos terrenos que quedan están siendo subastados, aunque siempre se tiene la ilusión de que sean utilizados para mejorar la ciudad y su calidad ambiental. Pero, sin duda, el negocio es más fuerte y toma preponderancia ante cualquier decisión. En Mataderos, por caso, el predio ubicado en Emilio Mitre -perteneciente a Vialidad Nacional- también será afectado. Se podrán construir torres de más de 20 pisos, rompiendo el perfil urbano del barrio y demoliendo el sentido de pertenencia del lugar.

Nuestros barrios, en la mira
No son muy buenas las noticias que llegan a la Comuna 12. En Villa Urquiza, el Gobierno porteño ya puso en venta el terreno cercano a la estación de subte Juan Manuel de Rosas, donde actualmente funcionan unas canchas de futbol. Allí se podrán erigir edificios de aproximadamente 15 pisos, en una superficie edificada de 30 mil metros cuadrados.
Cercano al shopping DOT, en el barrio de Saavedra, también hay un importante terreno listo para la subasta, donde se habilitaría la edificación de hasta unos veinte pisos. Recordemos que en este sector de la ciudad las inundaciones fueron devastadoras hace algunos años, dejando varios muertos. Si bien se tomaron algunas medidas paliativas, no dejamos de seguir agregando cemento a nuestros suelos.
Otro caso bastante confuso, que tiene en vilo a los vecinos de Coghlan, es la suerte que correrá la pequeña plaza pública que forma parte del predio del hipermercado ubicado en Congreso entre Estomba y Naón. Esta gigantesca cadena de hipermercados se retirará del lugar y no se sabe qué ocurrirá con el terreno. Los vecinos lucharon para que este lugar se transformara en su totalidad en un espacio verde en los 90, aunque sólo se consiguió que lo sea una pequeña parte. Está considerada la primera plaza de Coghlan, teniendo en cuenta que los predios linderos a la estación fueron transformados en plaza años después y el resto son plazoletas.

Conclusión
Sin dudas, el mundo experimenta un proceso de acelerada urbanización, en el que la calidad de vida se va deteriorando en detrimento de la gente y en beneficio de la especulación inmobiliaria, según lo informado por Naciones Unidas en la declaración sobre las ciudades y otros asentamientos humanos en el nuevo milenio.
Ninguna de estas propuestas que está implementando el Gobierno de la Ciudad favorecerá a aquellos que quieren vivir en una metrópoli mejor. Buenos Aires se está volviendo cada vez más gris, con alturas que sólo proyectan sombras, y con escasos espacios verdes. Está en manos de los vecinos evitar que ésta se transforme en una ciudad hacinada y poco habitable.

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