Comenzó el otoño y el espacio circular que hasta hace un año ocupaba la calesita de Coghlan se llenó de hojas muertas. La casilla vacía completa el paisaje bucólico del extremo sur de la estación ferroviaria. Ya no se escuchan canciones infantiles, el clásico traqueteo mecánico ni gritos de chicos felices.
La primera calesita de Coghlan se había instalado en 1975, en el mismo lugar, pero su encanto duró hasta 1977. Un año después se inauguró la de Elvira y José, que giró por última vez en noviembre de 2016. “Mi marido trabajaba en una fábrica de papel glacé y yo era costurera. En 1978, al enfermarse mi madre, necesitaba un trabajo con menor carga horaria y que estuviera cerca de nuestra casa. Decidimos comprar una calesita e instalarla en este predio, que estaba vacío”, recordaba Elvira hace unos años.

La calesita de Elvira y José dejó de girar en noviembre de 2016.

La muerte de la anfitriona le puso punto final a un paseo que hizo feliz al menos a dos generaciones de vecinos. José no tuvo fuerzas para seguir adelante solo y la calesita se mudó a Necochea. Fueron casi cuatro décadas de giros de tres minutos, sortijas fáciles y caramelos masticables de cortesía. El silencio se apoderó de ese rincón de la estación.
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