Señales de tránsito casi ilegibles y paradas de colectivo inexistentes (o desactualizadas por el cambio de sentido de algunas calles) confluyen en un combo fatal que desorienta a conductores y pasajeros. Se pueden encontrar ejemplos varios en Villa Urquiza y Saavedra, que demuestran que aún queda mucho por renovar del mobiliario urbano.

Por Sergio Calandra
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Como las personas y la naturaleza, las ciudades no son compartimentos estancos y sus estructuras y fisonomías cambian a lo largo del tiempo. Estas modificaciones, traccionadas por el ser humano y en menor medida por los fenómenos climáticos, llevan a que las metrópolis estén en constante movimiento. Por ejemplo, cuando se construyen nuevos edificios en donde antes existían viejas casonas, se diseñan viaductos para atravesar por debajo las vías del tren, surgen metrobuses en avenidas o se ensanchan autopistas.
Pero así como se realizan estas grandes obras, al mismo tiempo se descuidan muchos otros pequeños detalles que afectan el diario vivir de miles de vecinos. Por caso las paradas de colectivo, las señales de tránsito y los carteles indicadores de calles, entre otros ítems. Cabe recordar que hace ya varios años se anunció con bombos y platillos que la Ciudad había suscripto un contrato millonario con empresas encargadas de la renovación y reposición del mobiliario urbano.

Este poste de la parada de colectivos de Echeverría 5225 parece roto por una patada voladora de un vándalo karateca.

En muchas zonas la nueva cartelería ya está instalada y funcionando correctamente, pero en otras brilla por su ausencia. Más allá del incumplimiento del Ejecutivo porteño en concretar estas obras, hay causas exógenas que pueden hacer que el mobiliario urbano no esté en las condiciones que debería:

* Accidentes con vehículos de todo tipo que terminan golpeando o rompiendo los postes que sostienen señales viales, paradas y refugios de colectivos.

* Vandalismo urbano que, a toda hora y lugar sin control policial alguno, se ensaña en maltratar y destruir lo público.

* Fenómenos meteorológicos extremos, como por ejemplo la terrible granizada del último 23 de marzo que durante varios minutos destrozó vehículos, techos, vidrios, ramas de árboles y todo lo que encontró a su paso.

Ejemplos en Villa Urquiza y Saavedra
En Echeverría 5225, entre Bauness y Bucarelli, existe un poste de parada de colectivo que está roto. Es de los antiguos y de plástico. Allí se detienen las líneas 108, 112 y 176 pero realmente hay que ser un adivino para saberlo. Gracias a que la línea 176 colocó un sticker amarillo en la columna, el pasajero ocasional sabe que allí hay una parada en actividad. Su estado actual no cumple con la función primordial de informar y orientar.

En Pacheco y Rivera este viejo poste de la parada del 107 -que ya no pasa más por ahí- sobrevive al paso del tiempo.

Cuando se hace el reclamo a la Comuna 12 ante un caso como éste, responden que hay que llamar al 147 o ingresar a www.buenosaires.gob.ar, porque el mantenimiento le corresponde al Área de Mobiliario Urbano del Ministerio de Ambiente y Espacio Público. Desgraciadamente, la burocracia interna no les permite interactuar entre sí a los distintos departamentos de la Ciudad para agilizar estos reclamos y el ciudadano padece la tardanza. ¿Acaso no hay inspecciones periódicas para controlar el estado de los postes y paradas de colectivos?
Un caso similar se da en Donado esquina Balbín, justo donde se encuentra la obra del viaducto y la Parroquia Sagrada Familia. Allí existe uno de los nuevos refugios de colectivos con publicidad, pero la pantalla está rota y abierta y no luce bien iluminada durante las noches. Al lado resiste un antiguo y viejo poste de plástico con los stickers de las líneas que paran allí.

Este viejo cartel de plástico sobrevive en Donado y Balbín, con los stickers al lado del nuevo refugio sin función alguna.

Paradas desactualizadas
Hay muchas calles de nuestros barrios que cambiaron su original sentido de circulación por efecto de los nuevos sapitos y en consecuencia se modificó el recorrido de las líneas de colectivo que las atravesaban. Una vez concretados estos cambios, el Gobierno de la Ciudad no retiró los viejos postes de donde estaban antes las paradas y eso generó desorientación en los pasajeros ocasionales.
Un caso puntual se puede encontrar, por ejemplo, en la calle Pacheco casi Rivera, en donde un poste enchapado de la línea 107 permanece en sentido contrario al tránsito pese a que desde más de cuatro años no pasa por allí; actualmente lo hace por Monroe, desde el Hospital Pirovano.
Y hay otro poste de la línea 140 ramal Parque Sarmiento -ya desaparecida- que yace en la calle Galván esquina Congreso sin cumplir ninguna función útil, solo ocupando el espacio público. Cabe agregar que en las calles y avenidas de la Comuna 12 el estado -y en algunos casos la ausencia total- de muchos carteles viales es realmente lamentable y preocupante, más considerando que su finalidad es organizar el tránsito ciudadano.

Este nuevo refugio en Donado y Balbín, Saavedra, luce desmantelado. No cumple la función para que la que fue diseñado.

¿Prohibido estacionar?
Monroe casi esquina Triunvirato es una zona comercial de alta circulación de personas por la presencia de la estación del ferrocarril, del subterráneo y de múltiples líneas de colectivos que la atraviesan. Todos sabemos que encontrar un lugar para poder estacionar es casi imposible y además se encuentra expresamente prohibido hacerlo sobre la mano derecha de Monroe. Pero allí sólo hay un viejo cartel oxidado que casi no se ve, adherido a una columna entre gallos y medianoches. Si las reglamentaciones vigentes no están indicadas en forma clara y visible, los conductores pueden quedar en infracción sin saberlo.
Algo similar ocurre en Bucarelli y Rivera, que dicho sea de paso se ha transformado en una peligrosa intersección sin semáforos, con reductores de velocidad que ya no alcanzan para disminuir el ritmo de los vehículos y evitar accidentes. En esa esquina hay un cartel de Prohibido Estacionar -seguro de la década del 80- colocado a la altura del Banco Credicoop, al que se le sacó muy desprolijamente la doble franja diagonal negra.
Probablemente indicaba que tampoco podía detenerse ningún vehículo, pero hoy solamente señala que no se puede estacionar. Además está escondido entre las ramas de los árboles, en muy mal estado y sucio. Si no se agudiza la vista antes de estacionar, más de un automovilista deja su vehículo allí plácidamente y luego con seguridad recibirá la multa correspondiente en su domicilio.

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