Así como se realizan encuestas para analizar estadísticamente la situación económica o la aprobación de los dirigentes políticos, a nivel barrial los sondeos “boca a boca” dan cuenta de la preocupación de los vecinos por el mal estado de las veredas y calles. Hay inconvenientes en el tránsito por la repavimentación de avenidas empedradas.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

Ahora y siempre, con sólo preguntarle a la gente en la calle cómo está sobrellevando el alza de los precios en los supermercados o la suba de tarifas, inmediatamente en base a sus respuestas se podrá tener un claro panorama de la situación económica del país. Extrapolando esta práctica a las problemáticas barriales, a través de una encuesta “boca a boca” es posible evidenciar cuáles son los temas que más les alarman a los vecinos. Comúnmente, la respuesta casi automática de los encuestados expresa la preocupación por la falta de mantenimiento de calles y veredas de la zona y da cuenta de la poca reacción de las autoridades municipales para solucionar sus reclamos.

Atado con alambre
Algunas veces las veredas rotas son reparadas pero luego, por diferentes motivos, rápidamente se vuelven a romper o despegar. Esto se debe a que las baldosas no se adhirieron bien o porque hay pérdidas en la red de agua o cloacas. También se puede deber a las vibraciones del tránsito y del subte o al crecimiento desmedido de las raíces de los árboles. Ante este escenario, los vecinos realizan los reclamos y denuncias correspondientes pero en escasas ocasiones las autoridades les otorgan una solución definitiva a sus problemas. Los que más padecen el estado deficiente de las veredas son los adultos mayores: pueden tropezarse y sufrir golpes y lesiones, especialmente los días de lluvia.

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Avenidas en mal estado
A diferencia de lo que ocurre en calles laterales y de menor circulación, en las principales avenidas, y sobre todo en las comerciales, aún no se construyeron las modernas veredas de cemento alisado. Cuando hay roturas o imperfecciones, en cambio, se opta por colocar nuevamente las grandes baldosas con tramas circulares de color bordó o gris oscuro, que aparentan ser más resistentes pero que cuentan con un estado de conservación bastante cuestionable.
Por ejemplo, esto se puede apreciar a lo largo de la Av. Triunvirato desde Monroe hasta casi La Pampa, en Villa Urquiza. Sobre ambas veredas hay gran cantidad de baldosas de color bordó, negro y gris oscuro, que presentan una evidente falta de mantenimiento. Muchas de ellas están despegadas, con desniveles y faltantes de pedazos y, en algunos casos, directamente son inexistentes.
Esto entorpece la circulación fluida de peatones y en especial la de aquellos que llevan cochecitos para bebés, sillas de ruedas y bastones o muletas. Una vereda que está rota desde hace años es la de Triunvirato entre Mendoza y Juramento, mano par: entre otros problemas, hay un pedazo de cordón amarillo que tapa un hierro que emerge de las baldosas. El gobierno porteño debe tomar cartas en el asunto a la brevedad, para así evitar accidentes y lesiones.

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Nuevos asfaltos
En varios rincones de la Ciudad se comenzó con la repavimentación de muchas arterias que históricamente cobijaban en su superficie sólidos y duraderos adoquines. Por ejemplo, en el barrio de Belgrano, la calle Juramento, entre Cabildo y Barrancas de Belgrano, fue asfaltada nuevamente, lo que acarreó una importante resistencia vecinal. No obstante, ya con las obras consumadas, los habitantes de Belgrano reconsideraron su posición y destacaron los beneficios del nuevo asfalto.
Hay muchísimas cuadras de Villa Urquiza, Coghlan y Villa Pueyrredon en las que todavía no se procedió a refaccionar las viejas calles y avenidas empedradas, para así favorecer el escurrimiento del agua de lluvia hacia las alcantarillas y el barrido de residuos y hojas. En el proceso de repavimentación, primero se realizan las cunetas con cemento en sus bordes y después se asfalta toda la acera en forma completa, eliminando los viejos adoquines.
Años atrás, cuando se colocaban los nuevos asfaltos, no se hacían previamente las cunetas como ahora y es por eso que conviven hoy en día, en muchas calles, múltiples capas de asfalto una encima de la otra; de forma cóncava dejan ver los antiguos adoquines, con el peligro que eso conlleva. La gran diferencia de altura que hay entre el asfalto y el adoquín en los bordes de los cordones, sumado a las crecidas raíces de los árboles, hace que los vehículos no puedan abrir correctamente sus puertas e imposibilita el ascenso y descenso de los pasajeros. Cuando los autos quedan estacionados sobre el cordón no se los puede sacar tan fácilmente y hay que realizar varias maniobras para poder salir, corriendo el riesgo de chocar o romper las ópticas propias y las de otros vehículos. La calle Nahuel Huapí en toda su extensión y también Manuel Ugarte son dos claros ejemplos de esta situación.

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Calles poceadas
Las calles y avenidas porteñas presentan a diario pequeños y grandes nuevos pozos, que se suman a las irregularidades naturales de todo asfalto y dificultan el tránsito de vehículos. El Gobierno de la Ciudad debería utilizar los recientes camiones que adquirió para bachear estas imperfecciones y evitar, de esa manera, que los conductores dañen sus cubiertas y amortiguadores.

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