Disfrutar de la ciudad también implica poder descansar y conversar con el otro sin necesidad de levantar la voz por encima de los niveles normales de audición. Avenidas con intenso tránsito, paradas de colectivos, camiones recolectores y salones de fiestas confluyen en un cóctel sonoro realmente explosivo. Algunos casos de nuestros barrios.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

Existen muchas esquinas clave de la Ciudad de Buenos Aires en las que, tras haber medido con aparatos especiales los niveles de sonoridad que generan, quedaron catalogadas como las más ruidosas de la Capital. Por suerte, dentro de ese grupo no hay ninguna esquina de nuestra Comuna 12. Sin embargo, sí hay muchas avenidas que presentan ruidos molestos, principalmente aquellas que reciben un intenso flujo de tránsito que incluye camiones de gran porte y varias líneas de colectivos. Como aliciente, en los meses veraniegos el bullicio disminuye y nuestros barrios parecen recobrar la tranquilidad. Pero hay ruidos que de todas maneras se pueden percibir.

Tener una parada de colectivos justo debajo de balcones y primeros pisos puede ser un problema para los vecinos que residen en ellos.

Estruendosas avenidas
Triunvirato, Constituyentes, Álvarez Thomas, Olazábal y Galván son vías que constantemente generan una significativa contaminación sonora. Esto se debe al caudal de tránsito que circula por ellas, que muchas veces lleva a los vecinos a tener que estar gritando o alzando la voz para poder conversar. Los que tienen los medios económicos para colocar aberturas con doble vidrio en sus ventanas quizá puedan mitigar un poco su penar. A la hora del descanso, otros optan por ponerse tapones en los oídos junto con cubre orejas, pero muchas veces esto tampoco alcanza para lograr el silencio absoluto.
Es relajante sentir cómo, entre las 21 y las 6.30, disminuye notablemente el monótono “run-run” de estas avenidas. Como es casi imposible controlar los motores y los caños de escape de los miles y miles de vehículos que circulan por la ciudad, hay que resguardarse de ellos de la mejor manera posible. Pero aquí nos centraremos también en los ruidos que surgen de la propia convivencia entre vecinos y que sí se podrían evitar.

Ruidosas paradas de colectivos
Hay mucha gente que, por naturaleza, tiene su sistema nervioso muy alterado y, ante un pequeño sonido, se exalta. Esto se agrava en aquellos vecinos que tienen justo en la entrada de su propiedad las bulliciosas paradas de colectivos. Ante este escenario es difícil no tener los nervios crispados: detención de los colectivos, apertura de sus puertas, bocinazos y discusiones entre los choferes y conductores…
En Coghlan hay un ejemplo del hartazgo que genera esta situación. Para menguar la sonoridad de la parada de las líneas 41, 169 y 175, vecinos de Congreso y Melián colocaron en la reja que protege el vidrio de su ventana una nota donde piden a los pasajeros que traten de hacer el menor ruido posible.


Equipos de aire acondicionado
Hay numerosos comercios, supermercados y bancos que cuentan con sistemas centrales de aire acondicionado con grandes torres de enfriamiento, que cuando están ubicados en el pulmón de manzana de zonas residenciales generan un zumbido permanente que perturba el descanso. Sucede una situación similar con las bombas y los motores de agua. Ante este escenario, son recurrentes los reclamos por ruidos molestos ante la Fiscalía Contravencional (0800-33347225) y las autoridades del Gobierno de la Ciudad. Pero, frente a la falta de respuestas, el damnificado no tiene otra alternativa que dudar de la transparencia de las inspecciones que realizan periódicamente los organismos de control.

Contenedores y camiones recolectores
La carga y descarga de basura en los contenedores de la vía pública también contribuye al aumento de la contaminación sonora. Escuchar esos golpes secos es algo molesto y provoca crispación entre los vecinos. Ni hablar del ruidoso recorrido de los camiones recolectores, que a partir de las 21 comienzan a vaciar los recipientes de las veredas. También se los puede ver y escuchar en horarios diurnos realizando las mismas tareas, pero estos ruidos están disimulados por otros más potentes. Lo positivo de este sistema es que los camiones pueden compactar la basura mientras circulan.

Los contenedores de residuos también generan ruidos molestos a los vecinos cuando se los vacía, cuando se los llena o cuando la gente golpea sus tapas involuntariamente.

Perros aulladores
Otro tema que causa serios problemas de convivencia sonora entre los vecinos es el de los perros. Muchos dueños dejan a sus mascotas solas en sus viviendas durante todo el día y, a pesar de contar con balcones y terrazas para dispersarse, ladran y aúllan reclamando por comida o la presencia de sus amos. Esto indudablemente pone los pelos de punta a los vecinos que viven en las propiedades aledañas, más aún cuando ellos también tienen sus propias mascotas. Cabe mencionar además a los llamados “perros guardianes”, que a veces sin motivos ladran y asustan a los peatones y las mascotas que circulan tranquilamente por la vereda

Salones de fiestas
Vivir en la misma cuadra o al lado de un salón de fiestas no es aconsejable: los ruidos son insoportables y no todas las propiedades se encuentran debidamente protegidas para amortiguar los fuertes sonidos. Lo mismo ocurre dentro de los salones de usos múltiples en los edificios en propiedad horizontal. Si estos espacios no cuentan con paneles acústicos en paredes, techos y pisos, convivir con ellos es realmente insalubre. Los límites de tolerancia al ruido, especialmente en horarios nocturnos y cuando la mayoría se dedica a descansar, son cada vez menores.
El vecino tiene que bregar y luchar contra el avance de sus derechos individuales, en este caso con la invasión sonora. Los ruidos molestos no debe ser considerados como algo normal dentro de nuestro diario vivir.

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