Los espacios públicos y privados de la Ciudad están indefensos ante el continuo e irresponsable ataque de los grafiteros urbanos. Con sus dudosas expresiones de arte, arruinan paredes, paseos y hasta vehículos que se encuentran estacionados en la calle.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

Una película humorística norteamericana de la década del 90 mostraba, en tono de chiste, cómo cuando los grafiteros actuaban con sus aerosoles sobre los muros y monumentos públicos ellos mismos eran rociados directamente en sus rostros y cuerpos con pintura tipo spray, que salía desde adentro de la propia pared.
La polución y contaminación visual que ocasionan los grafitis es un tema que debe ser analizado a fondo, ya que se trata de una práctica muy habitual que llevada a cabo por “pseudo” artistas que realizan sus trabajos desde la clandestinidad, en horarios en los que no pueden ser vistos ni sancionados. En un principio se puede considerar al grafiti como una expresión artística, pero luego, cuando se lo ve por doquier con sus palabras y mensajes ilegibles, ya toma otro tenor. Se transforman, entonces, en agresiones e intrusiones directas en los espacios públicos y privados

¿Jeroglíficos modernos?
En la antigüedad, las civilizaciones prehistóricas utilizaban los jeroglíficos como método de expresión en cavernas y grandes piedras para que, años después, las generaciones futuras pudieran interpretar cómo se vivía en aquellos tiempos: qué vestimentas utilizaban, cómo cazaban a los animales, por qué adoraban al sol y la luna.
Hoy en día, luego de que pasaran miles de años, esos prehistóricos dibujos aún siguen a la vista, incólumes, como si hubieran sido hechos hace muy poco tiempo. Un ejemplo es la cueva de Altamira, una cavidad natural prehistórica situada en el municipio español de Santillana del Mar, Cantabria. Pero los grafitis, una especie de jeroglífico moderno que pulula en las ciudades, seguramente no van a resistir el paso del tiempo. En la mayoría de los casos, son simplemente ensuciadores de paredes que no transmitirán nada a las generaciones futuras.
Si estos diseños cerrados e inentendibles son empleados como medio de comunicación entre bandas de grafiteros, ¿por qué no utilizan entonces otro tipo de soporte que no perjudique las paredes de las propiedades, los kioscos de diarios, los portones de garajes, las persianas metálicas, los vagones del ferrocarril y de subte y tantos otros lugares? Ni los vehículos abandonados se salvan de esta locura. Hasta se puede llegar a ver cómo los camiones de mudanzas tienen sus laterales grafiteados, por ejemplo los de la empresa Sbora. Con los grandes acoplados ocurre lo mismo: son intervenidos cuando quedan estacionados en horario nocturno.
Cabe aclarar que llevar a cabo estas intervenciones dañinas tienen un alto costo, ya que los aerosoles de colores flúo no son ni baratos ni fáciles de conseguir. Para adquirirlos hay que invertir grandes sumas de dinero, además su contenido no alcanza para ser utilizado en muchas aplicaciones y por ello se requieren varios envases para poder realizar un trabajo completo.

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Difícil limpieza
Lo más desagradable es cuando, de la noche a la mañana, el vecino sale a la puerta de su casa, edificio o local y se encuentra con que personajes anónimos pintaron todo el frente de su propiedad, con diseños imposibles de entender. Peor aún es cuando la propiedad en cuestión es nueva o a estrenar con su frente recién terminado y prolijo. Los alrededores de los terraplenes del ferrocarril, que lindan con los fondos de las propiedades y sus paredes, también son un blanco fácil para los grafiteros.
Más cruel aún es cuando se pintan frentes de mármol y granito en antiguos y majestuosos inmuebles, cuyos propietarios ya no pueden invertir dinero en la limpieza del vandalismo. Esto es porque en su mayoría son personas mayores jubiladas sin ingresos suficientes o bien porque los consorcios de esos edificios ya tienen muchos gastos de mantenimiento.

Nadie se salva
El dudoso arte de los grafiteros irrita mucho más a los vecinos cuando los dibujos son emplazados en las fachadas de los colegios, las estatuas y los monumentos públicos. Como no hay autoridad municipal ni policial que pueda lograr que estos lugares no sean vandalizados, será por eso que muchas plazas fueron enrejadas. De todos modos, los vándalos urbanos entran y salen de ellas cuando quieren y hacen y deshacen a voluntad.
Si a duras penas la seguridad de los ciudadanos se encuentra controlada hoy en día, menos podríamos pretender que las ya unificadas policías Metropolitana y Federal puedan multar este tipo de agresiones a lo público y lo privado. Además, si el tan controvertido tema de los “trapitos” y de los manteros no se pudo solucionar, ni nos ilusionemos con que algún día la actividad de los grafiteros sea penada con la ley.

Cuadrillas quita-pegatinas
Es común ver trabajando en la ciudad a grupos conformados por dos o tres personas que, equipados con cepillos, baldes y espátulas, quitan de los semáforos y los postes de iluminación todo tipo de publicidades y afiches adheridos. Estos son permanentemente colocados, en especial en zonas comerciales y de alto tránsito, y afean el mobiliario urbano. Ojalá existieran cuadrillas quita-grafitis que pudieran hacer lo mismo: remover con solvente y aguarrás los dibujos que se apoderan de lo privado y de lo público sin ningún tipo de permiso.

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Cuidado: grafiteros al acecho
Pareciera que los brazos ejecutores de estas pintadas incongruentes llamadas grafitis están al acecho desde la clandestinidad, aguardando para hacer de las suyas cual ninjas urbanos. Las nuevas obras que se fueron inaugurando últimamente, como por ejemplo los viaductos, ya fueron en su mayoría víctimas de esta incomprensible agresión: la de escribir y mamarrachear letreros, carteles, paredes y escaleras.
Esperemos que los grafiteros tengan algún tipo de consideración con los recientes murales en homenaje a Luis Alberto Spinetta, colocados en el túnel de Congreso que precisamente lleva el nombre del Flaco. Estas son obras únicas e irrepetibles que, con mucho trabajo y esmero, fueron realizadas por distintos artistas congregados en el Taller Ambos Mundos. Por el bien de todos, pedimos que no se las vandalice.

Grúa ya: por una chatarra menos
Gracias al hashtag #GrúaYa, con el que El fiscal de las calles denuncia a través de su cuenta de Twitter la presencia de vehículos abandonados en la vía pública, las autoridades de la Comuna 12 retiraron una gran cantidad de autos en mal estado que descansaban hace años en las calles de nuestros barrios.
Como todavía queda mucha más chatarra por retirar, invitamos a los lectores y vecinos a sumarse a esta iniciativa enviando un tweet a @scalandra con el hashtag #GrúaYa, en el que se indique el vehículo y la zona en la que se encuentra. De esa manera se notificará a las autoridades municipales y de a poco se logrará ordenar y limpiar un poco más el caótico tránsito de las calles de la zona.

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