Este avasallamiento surge cuando un ciudadano se apropia de un sitio que le pertenece a todos. Talleres mecánicos improvisados, viveros en la vereda, estacionamientos ilegales y puestos callejeros son algunos ejemplos que grafican esta situación.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodieoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

Talleres mecánicos invasivos
Caminando por la vereda, de repente, uno se topa con que, sobre la senda peatonal, hay que esquivar vehículos desarmados, algunos montados sobre caballetes, con sus piezas y repuestos desparramados. En algunos casos también están los mecánicos tirados en el piso, que improvisan talleres al aire libre. Como no cuentan con lugar suficiente para trabajar, avanzan sobre la vereda, un espacio público y común de libre uso para todos.
La ocupación se acentúa cuando los vehículos quedan estacionados -o abandonados- en la vereda y en los alrededores de los talleres mecánicos, que se transforman con el paso del tiempo en juntaderos de basura y suciedad. Ante esta situación, los vecinos con movilidad reducida no pueden pasar por allí ni con sus sillas de ruedas, muletas, changuitos o mochilas escolares.

Viveros en la vereda
Seguimos caminando por nuestro barrio y, de pronto, otra ocupación indebida de la vereda nos obliga a esquivar todo lo que se exhibe en propiedades que funcionan como viveros: desde macetas y plantines hasta grandes bolsas de tierra apiladas junto a otros productos. Tenemos aquí otro caso concreto del no respeto de la vía pública y de quitar lugar para que pueda circular el peatón. Se puede hacer esta exhibición pero dentro del local y, si el mismo queda chico, debe procurarse entonces cambiar de inmueble.

Dársenas conflictivas
El tránsito que deambula por la ciudad tratando de encontrar algún lugar para poder estacionar se agrupa en largas e interminables filas de autos, que van una detrás de otra. Hay lugares puntuales que fueron concebidos para que los vehículos se detengan allí, para luego girar a la izquierda cuando el semáforo lo habilita. Sin embargo, muchos conductores toman esas dársenas como sector de estacionamiento permanente y obstruyen a los autos que tienen que esperar para doblar correctamente.
Un caso testigo y ya histórico de esta situación se lo puede encontrar a diario -y las 24 horas- en el bulevar de Mendoza y Bucarelli, en Villa Urquiza. Este es otro claro ejemplo de la ocupación indebida del espacio público.
Señores automovilistas: ese lugar tiene que quedar libre solo para los vehículos que tienen que girar hacia Bucarelli. No es un parking privado.

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No obstante, no se sabe a ciencia cierta si frecuentemente se le aplican multas a los que estacionan ahí. Si se lo propusieran, los policías de tránsito tendrían trabajo de sobra para sancionar a aquellos que transformaron a su antojo un lugar público en un estacionamiento privado.

Garajes obstruidos
La ocupación de la entrada de garajes particulares, con conductores que no dejan el mínimo lugar para que puedan entrar y salir libremente de sus cocheras, es algo que también genera graves conflictos de convivencia entre desconocidos y hasta entre los mismos vecinos del barrio.
Para evitar esta situación, bien es sabido que está prohibido colocar caños para preservar los lugares de bajada de cordón de los garajes. Tampoco alcanza ya con pintar de amarillo el cordón, para así alertar al que va a estacionar allí: también se ignora esta advertencia. Cuando, ya cansados, los damnificados hacen su reclamo ante la Policía Metropolitana, en ese momento sí aparece el dueño. Pero, insólitamente, se ofende con el frentista perjudicado y hasta le recrimina por qué llamó a la Policía. Hay aquí otro caso concreto de ocupación indebida del lugar público.

Estacionar sobre la vereda
En la infancia de los que ya tenemos más de 40 años, era usual ver cómo -generalmente en algunas zonas del Gran Buenos Aires- se estacionaba directamente sobre la vereda, sin importar si se tapaba o se reducía el espacio del vecino para poder circular. Esto no se consideraba una infracción: era algo común y frecuente. Hay que aclarar, también, que el parque automotor era mucho menor.
Hoy en día -y desde hace ya largo rato- ésta es una costumbre casi normal en zonas densamente pobladas por edificios y vehículos. Sus propietarios, especialmente en horarios nocturnos, se aprovechan ante la desesperación por no poder encontrar un lugar para estacionar, y los suben por las rampas para discapacitados de las esquinas. Con su accionar, están perjudicando a otros que no pueden hacer uso correcto de la vereda y de sus bajadas.

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¿Reservado para?
Hay muchos comercios que reciben mercadería en horas de la mañana, como las fruterías, verdulerías y supermercados. Para ello, “reservan” los lugares para estacionar en la entrada de sus comercios con cajones y sillas en desuso, para que cuando llegue el reparto pueda estacionar allí. Lo criticable aquí es que, cuando el camión se va, siguen guardándose esos lugares para luego estacionar sus autos particulares.
A semejanza de los trapitos, que para estacionar piden dinero, esos lugares se transforman en sectores reservados.

Venta callejera y puestos de flores
La venta ambulante es difícil de erradicar. Ahora, si para colmo los puesteros avanzan sobre las veredas -algunas muy estrechas en zonas de circulación con gran caudal de personas- quedan caminos tipo pasarela por donde tienen que pasar los peatones unos detrás de otros, como en fila india. Los perjudicados son ellos y en cambio los puesteros ocupan la vía pública, en infracción, vendiendo productos sin permiso y sin pagar ningún tipo de impuesto.
Algunos puestos de flores también se apropian de las veredas y en días clave, como el Día de la Madre o de la Primavera, generan grandes embudos y congestiones en lugares por donde tendrían que pasar cómodamente las personas, sin necesidad de estar esquivando floreros, baldes y ramos de flores.
Los puestos deberían tener lugares predeterminados con límites claros, como lo tienen por ejemplo los directores técnicos en los partidos de fútbol, que están dentro de un rectángulo demarcado con pintura blanca y del que no deben salir. Si lo hacen, pueden ser amonestados o expulsados.

Obras en construcción
Los edificios y las obras en construcción son otros de los grandes tomadores del espacio público. Si bien tienen fundamentos para recibir la carga y descarga de materiales y maquinarias, muchas veces el peatón se ve obligado a bajar a la calle para poder atravesar el lugar, con el riesgo que esto implica.

Establecimientos educativos
Las escuelas también sufren la ocupación del frente de la calle donde tienen que llegar los micros escolares, camionetas y algunas veces ambulancias para el ascenso y descenso de los alumnos. Muchos irresponsables conductores dejan igual sus vehículos estacionados allí durante largas horas, a pesar de la presencia de las barandas y los cordones pintados de amarillo. Tampoco puede haber un policía de tránsito controlando que los autos no se detengan allí: ésta tiene que ser una conducta individual y responsable.

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Con todos estos ejemplos, queda bien en claro que el espacio público es muy poco respetado. Lograr que no sea mal usado es un tema de educación, que todos los ciudadanos deben aprender para no perjudicar al otro. El tiempo dirá si esto es posible de lograr o estamos simplemente ante una utopía.

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