En los últimos años ha proliferado la construcción de pasos bajo nivel en los barrios de la Comuna 12. Como beneficio, evitan accidentes en los cruces ferroviarios y agilizan el tránsito vehicular. Sin embargo, también presentan falencias en su higiene e iluminación, que generan un clima proclive a los hechos de inseguridad.

Por Sergio Calandra
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La Comuna 12 ha sido una de las más favorecidas por la construcción de viaductos y sapitos en la Ciudad de Buenos Aires. En breve, en Saavedra se inaugurará un túnel más, el de la Av. Ricardo Balbín, que despertó la preocupación de un sector de vecinos al considerar que agravaría las inundaciones y también provocó el rechazo de los comerciantes por el impacto negativo en la actividad. Sin embargo, aquellos que miraban con ojos críticos este tipo obras una vez terminadas destacan su utilidad y se adaptan a los cambios.

Inseguridad
La inseguridad siempre está presente y aflora más fácilmente en ciertas ocasiones, por ejemplo cuando se generan nuevos lugares físicos por la instalación de nuevas obras. Los sapitos y viaductos son utilizados mayoritariamente por vehículos que los atraviesan raudamente, salvo en las horas pico que se genera congestionamiento, pero también por peatones que caminan de un lado al otro de la pasarela.
Es en este caso cuando, principalmente en horarios nocturnos, se produce un ambiente propicio para los hechos delictivos. Recordemos que, hace poco, en el vecino barrio de Colegiales una chica de 13 años fue abusada sexualmente por un hombre en el Puente Jorge Newbery. Sumada a la falta de presencia policial, en este tipo de situaciones las cámaras de seguridad no alcanzan para que no se cometan ilícitos, ya que se desarrollan en cuestión de segundos. Por eso, para prevenir estos hechos también deberían ser eficientemente vigilados los alrededores de los túneles.

Motochorros en acción
Cuando los sapitos se encuentran atascados de tránsito en toda su extensión, esperando a que se habilite el semáforo para su salida, se abre el camino para el accionar de los motochorros. En unos instantes, rompen los vidrios de los vehículos detenidos, sustraen carteras, celulares y efectos personales y luego escapan haciendo zigzag. Nadie los detiene ni los controla.
Este tipo de arrebatos es muy habitual en los túneles de Holmberg y Donado, donde la circulación vehicular es permanente porque sirven de entrada y salida desde y hacia la Av. General Paz y el Acceso Norte. Además, en esa zona hay mucho movimiento de personas por la presencia de la nueva Sede Comunal 12, la estación Drago del Ferrocarril Mitre y la sede del CBC de la UBA. Por este motivo, durante el día los robos a peatones son menos frecuentes pero no así a los vehículos detenidos en hilera, que los sufren sin poder avanzar para ningún lado.

El viaducto Luis Alberto Spinetta, en Coghlan, luce inexplicablemente en penumbras muchas noches cuando se corta su iluminación.

Iluminación
Para seguridad de conductores y peatones, los viaductos deben estar dotados de iluminación artificial tanto externa como interna. No obstante, una imagen que llama la atención y se repite muy a menudo es la oscuridad que presentan muchos túneles de la Comuna 12. En ocasiones, sus luminarias LED se encuentran en penumbra durante varios días consecutivos y también a lo largo de distintas semanas del mes, como si se hubieran quemado de repente por efecto de una suba de tensión o por alguna otra falla. En estos casos, la única iluminación es la que brindan los faroles de los autos.
Edenor, Mantelectric, Ilubaires o a quien le corresponda del Gobierno de la Ciudad: se deben controlar estos cortes y proceder con un servicio de emergencia para solucionarlos lo más rápido posible. Es increíble cómo, con todos los avances tecnológicos existentes, no se pueda monitorear aunque sea remotamente cuando los pasos bajo nivel quedan a oscuras y así poder mandar una cuadrilla al instante. Este punto se debe tener muy en cuenta en todos los túneles que se están por inaugurar, para que no siga ocurriendo lo mismo y se evite un clima inseguro.
Este escenario se puede apreciar, por ejemplo, en el túnel de Av. Congreso, en Coghlan, que ante fallas eléctricas se convierte en una boca de lobo. La estación de servicio YPF sobre la calle Plaza es el único punto de referencia visual, ya que todo su alrededor tiene un aspecto sombrío. Este inconveniente debería ser solucionado al instante, ya que no se puede prescindir de este servicio en un lugar público y de alto tránsito.
Es muy poco creíble que, como comentan algunos vecinos, estos cortes los realice el propio Gobierno de la Ciudad para ahorrar energía, considerando que las lámparas LED colocadas son de bajo consumo. Además, el alumbrado público de calles y avenidas no es factor de ajuste ante una crisis, como sí puede serlo la iluminación de monumentos públicos y marquesinas publicitarias, que pueden apagarse o bajar su intensidad.

La limpieza de los sapitos, como en el de la calle Pacheco en Villa Urquiza, también deja mucho que desear.

Vandalismo urbano y limpieza
Como si todo lo anteriormente mencionado fuera poco, los viaductos también padecen la acción depredadora del ser humano, que destruye reflectores y lámparas y grafitea sus paredes. Aquí también deben actuar las cámaras de seguridad instaladas en los pasillos, con el fin de identificar y penalizar a quienes atacan un espacio público.
Por otro lado, en cuento a la limpieza, en los túneles suelen permanecer por las noches personas en situación de calle que no tienen dónde resguardarse. Al día siguiente, cuando tienen que liberar los corredores peatonales, dejan tiradas pertenencias, restos de comida, chapas y cartones, por lo que el sector se transforma en un juntadero de basura. Hasta que el personal del Gobierno de la Ciudad realiza el barrido y limpieza, el lugar muestra un aspecto sucio y desprolijo, que a su vez acarrea malos olores.

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