En un contexto de crisis energética y necesidad de ahorro, en la vía pública hay postes de luz que permanecen prendidos durante el día, generando un consumo innecesario. Esto sucede en varios sectores de Villa Urquiza, por ejemplo en la canchita de fútbol ubicada en el bulevar Goyeneche. También repasamos un caso concreto de Coghlan.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

En la actualidad, ahorrar y no derrochar electricidad es un gesto elogiable, en especial por el costo de las facturas luego de años de tarifas subsidiadas. Respecto al consumo energético en la Ciudad, en general ha mejorado -y mucho- todo lo relativo a la iluminación de la vía pública, sobre todo en aquellas calles en donde los árboles forman conos de sombra y oscurecen las veredas. Las nuevas lámparas led que se colocaron en los espacios públicos porteños ofrecen una iluminación más potente y focalizada y disminuyen la cantidad de dióxido de carbono que se emite a la atmósfera.
Sin embargo, todavía resisten las viejas -y no por eso inútiles- lámparas de mercurio que durante décadas iluminaron a la ciudad, la mayoría de ellas ubicadas en el cruce de calles, suspendidas con tensores. Estos artefactos aún no fueron reemplazados por los nuevos postes de iluminación, por lo que presentan una notoria diferencia respecto a su capacidad de alumbrado.

Luminarias full time
En este tema también es importante mencionar el derroche de energía, y no precisamente el que puede realizar un usuario residencial con su aire acondicionado funcionando por debajo de los 24 grados. Nos referimos a cuando permanecen encendidas durante todo el día las luminarias de la vía pública.
Por falta de control y mantenimiento, se las puede encontrar prendidas en horarios diurnos, generando un consumo extra innecesario. Para citar un caso, esto sucede en la esquina de Manuel Ugarte y Superí, en el barrio de Coghlan. Deben funcionar sólo cuando oscurece, ya que si permanecen encendidas durante el día no es correcto el rol que están cumpliendo.
Un caso concreto de esta situación también se da desde hace varios meses en Villa Urquiza, en el bulevar Goyeneche entre las calles Tamborini e Iberá, donde hay una canchita de fútbol. En ese lugar hay colocado un importante poste de iluminación, que en horarios diurnos tiene todas sus luces LED prendidas. Si bien el consumo de estas nuevas luminarias es menor, de todos modos generan un derroche de energía.


Pareciera que ninguna autoridad municipal responsable de esta área recorre de día las calles, porque es difícil de comprender cómo no se detecta una anomalía tan obvia que está a la vista de todos. Ante estos casos, sabemos que la tecnología puede llegar a fallar y entonces es la mente del ser humano la que tiene la potestad de corregir los errores.

Más controles
En la Ciudad los servicios públicos están concesionados a distintas empresas contratistas, que se encargan de su mantenimiento y buen funcionamiento, pero es necesario auditar su gestión. Los vecinos son los primeros en alzar la voz cuando algo anda mal, aunque a veces sus reclamos no son escuchados y todo sigue igual durante meses y meses. Es entonces cuando el control lo tiene que realizar directamente el Gobierno de la Ciudad y sus distintos organismos competentes. Cuando las luminarias están encendidas a toda hora, si hay fallas en los sensores de crepúsculo o amanecer o si están mal programados los relojes, son las empresas las responsables directas para solucionar esto.

Crisis energética
No hace falta aclarar que todo el sistema de distribución y generación de electricidad, en la ciudad y en el país, se encuentra en estado precario y al límite. Es por eso que, mediante campañas públicas de difusión nacional, se les solicita a los usuarios mesura con sus equipos de aire acondicionado y otros artefactos del hogar que requieren de electricidad. Pero este pedido resulta contradictorio luego de ver cómo en la vía pública hay luminarias prendidas de manera innecesaria a plena luz del día.
Ojalá que se controle más, y como corresponde, a las empresas encargadas del alumbrado público. Así se optimizarán los recursos económicos con los que cuenta el Gobierno de la Ciudad, que provienen de los altos impuestos que pagamos todos los vecinos. Lo mínimo que se pide es contar con obras y buenos servicios.

Riesgoso asfaltado
Cambiando de tema, otra área en la que también hay que investigar el correcto funcionamiento de las empresas adjudicatarias es en la referente al asfaltado y repavimentación de la vía pública. Es necesario controlar, en especial, la garantía de los materiales que se utilizan y cómo son aplicados y tratados.
Particularmente en la calle Lugones, entre Monroe y Blanco Encalada, en Villa Urquiza, se formó una joroba muy peligrosa sobre la mano derecha. Lo paradójico es que, pese a que ésta es una arteria que fue asfaltada a nuevo hace un año, pareciera que se deformó como si circulara en ella tránsito pesado las 24 horas, cuando por allí apenas pasa la línea 93 de colectivos.


Esta elevación del pavimento es un riesgo latente, ya que si las ruedas de un auto la rozan puede provocar daños en el vehículo y también accidentes. Hay que rever urgentemente cómo se hizo esta obra y por qué se deterioró de esta manera un asfalto técnicamente nuevo y que tiene muy poco uso.

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