Basta con circular por algunas avenidas y calles de la zona para comprobar que no existe una sola cuadra completa que se encuentre en condiciones para caminar sin tropezar o caerse. Esto lo padecen especialmente los adultos mayores y las personas con movilidad reducida. Las raíces de los árboles, uno de los causantes del problema.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra
YouTube: Fiscal de las Calles

En muchos aspectos de nuestra vida, la resignación es una sensación ya asumida cuando, a pesar de poner mucha voluntad y esfuerzo, no se logra determinado objetivo y se debe convivir con esa situación frustrante que parece no tener solución. Si extrapolamos este sentimiento a la vida barrial ciudadana, el estado desastroso de las veredas en general hace que también nos resignemos a aceptar que no hay forma de transitar por ellas libremente, sin tener que estar esquivando faltantes de baldosas, desniveles, pozos, cordones irregulares, parches de cemento, caños de desagües pluviales, postes de iluminación rotos y tantas cosas más.
Y ni que hablar en los días de lluvia, cuando se pisa una baldosa floja. En ese caso, zapatos, botamangas de pantalones, vestidos y polleras se mojan con el irritante chorro de agua que lanzan estos “sapitos”.

Responsabilidades
Cada persona es responsable de sus actos y también de mantener en buen estado todo lo que concierne a sus bienes materiales, para no perjudicar al otro. Es más que obvio que las veredas donde están ubicadas sus propiedades entran dentro de esas obligaciones. Pero bien es sabido que, en la mayoría de los casos, las aceras son rotas infinitas veces por las empresas de servicios para realizar nuevas instalaciones o reparaciones de emergencia. Y que después, cuando se cierran las aperturas, lo hacen defectuosamente, a las apuradas y sin controlar si a posteriori necesitan una nueva revisación.
Si se hunden, rompen o despegan las baldosas, ya no hay nadie presente a quien se le pueda reclamar. Es ahí cuando se empieza a destrozar y desmenuzar por partes toda la vereda. Los que sufren esta desidia son el caminante, en especial los adultos mayores y las personas con movilidad reducida, y el vecino propietario frentista.

Carrera de obstáculos
Si algún domingo o feriado, usted vecino, tiene tiempo y ganas o está muy aburrido, lo invito a recorrer con tranquilidad un par de cuadras sólo mirando el piso. Así podrá notar el estado calamitoso de algunas cuadras de la zona. Por ejemplo, en la vereda par de Triunvirato entre Mendoza y Juramento, observará que hay que circular zigzagueando, como si fuera una carrera de obstáculos, porque no hay ninguna parte pareja en la superficie. Falta gran cantidad de baldosas, lo que genera desniveles, y otras están rotas o trituradas en múltiples partes. También se ven pedazos de hierros, caños o cables que salen a la superficie, además de piedras y escombros, por lo que resulta casi imposible caminar sin caerse o torcerse un tobillo.


Nuevas veredas
A pesar de que el Gobierno porteño está rehaciendo algunas aceras con cemento alisado -muchas de ellas en las esquinas junto a las rampas- hay otras cuadras con gran circulación de peatones a las que nunca les llegan las nuevas y necesarias veredas. Por ejemplo, a la salida de la estación del subte B, en Triunvirato y Monroe, justo donde está la casa de comidas rápidas, la vereda presenta un collage de baldosas faltantes, sueltas o rotas. Por tratarse de un lugar de alto tránsito, debería remodelarse todo su entorno con materiales nobles y baldosas más resistentes, muy bien adheridas al piso.
En muchas otras zonas de la ciudad sí se están cambiando grandes superficies de veredas con modernos baldosones. Es el caso de la calzada circular de Plaza Italia, en las entradas al Jardín Botánico y ex Zoológico por Av. Santa Fe y Las Heras. ¿Algún día llegarán estas necesarias obras a las inmediaciones de la estación de subte Juan Manuel de Rosas-Villa Urquiza? Ojala que así sea.

Raíces destructoras
Ya es eterna la pelea cuerpo a cuerpo entre las veredas y las raíces de los árboles. Lamentablemente, no siempre es una bendición tener en la puerta de nuestras casas especies arbóreas muy añejas, porque quitan luz y visibilidad en horarios nocturnos. Las veredas y su estado son responsabilidad directa de los propietarios frentistas, pero a pesar de esto muchas veces tampoco se hacen cargo de ellas. Y, para colmo de males, las empresas de servicios no hacen su trabajo de cierre de veredas como deberían.
Que quede bien en claro que nadie está en contra de los benefactores árboles: al contrario, son totalmente necesarios para nuestro ecosistema. Pero el lugar ideal para su completo desarrollo son los parques y áreas abiertas, ya que sus raíces encuentran mayores espacios para explayarse sin afectar a las veredas.
Los antiguos y robustos árboles son los que causan grandes estragos, generalmente en superficies angostas. Por ejemplo, cuando sus ramas caen en días de tormenta sobre propiedades y vehículos estacionados debajo de ellos. El mal que generan es mayúsculo, ya que también afectan a los servicios de cable, internet y telefonía, que luego tardan en ser restablecidos.


Los propietarios, comerciantes o edificios que tienen la mala suerte de contar justo en el frente de sus propiedades con estos grandes “arbolachos” no pueden hacer nada para que las raíces no levanten su vereda o cordón. Para peor, si allí un peatón sufre un accidente son los principales demandados en caso de un juicio.

Pocas respuestas
Cabe recordar que está prohibido cortar o podar árboles de la vía pública, ya que se trata de una tarea exclusiva del Gobierno de la Ciudad a través de sus empresas contratistas. Sin embargo, a pesar de las incontables denuncias que realizan y coleccionan los vecinos, las soluciones nunca llegan a tiempo. Es muy común ver muchas veredas destrozadas, con sus baldosas en desnivel, caños de desagües a la vista de todos y hasta cordones levantados que no permiten abrir correctamente las puertas de los autos.
Seguro que esta crónica muchos vecinos ya la conocen de memoria, porque siempre mencionamos que las vías para denunciar estos casos son el 147 o bien personalmente en las sedes comunales. Hasta que el gran aparato burocrático arranca, analiza y proceda en cada situación, los vecinos se cansan y ven cómo sus veredas se inflan y rompen de a poco. O esperan que algún día esos grandes árboles caigan pesadamente sobre todo lo que encuentren debajo. Quizás ésta sea la única forma natural para que sean retirados. Triste resignación.

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2017/05/Fiscal-1-150x150.jpg