Si la ciudad ya es un caos por el caudal de tránsito que circula, a esto se le suma la confusión que generan algunos carteles, que desinforman o se encuentran desactualizados. Por este motivo, hay desconcierto entre los conductores respecto de dónde pueden dejar sus autos. Repasamos algunos ejemplos de nuestros barrios.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

Gracias a Dios todavía no llegaron a los barrios de nuestra Comuna 12 las odiadas y temidas grúas que se llevan los autos mal estacionados en cuestión de minutos, como sucede desde hace un par de décadas en Barrio Norte, Recoleta, el Centro y en algunas zonas de Palermo. En esos barrios están correctamente señalizados los lugares donde no se deben dejar los vehículos, con líneas amarillas en las esquinas, aparte de estar colocados carteles que indican dónde se pueden comprar las tarjetas y en el peor de los casos dónde ir a retirar el vehículo que fue removido. Todo aquel al que alguna vez le llevó la grúa su auto probablemente recordará el personaje Bombita, encarnado por Ricardo Darín en la película Relatos Salvajes, que se harta ante el incesante sistema recaudatorio de la ciudad.

Zonas libres de chatarra
A diferencia de nuestros barrios, en los que permanecen durante meses y hasta años juntando suciedad, obstaculizando el tránsito y restando lugares para estacionar, en el Microcentro hay pocos autos abandonados en la vía pública. ¿Será porque si aparecen las grúas los acarrean inmediatamente al playón municipal? Los vecinos de estas zonas tienen la extraña suerte de poseer el índice de Chatarra “0” en sus calles, ya que si no pagan los tickets la grúa a cargo se los lleva irremediablemente.

Trampas tipo cazabobos
Es casi imposible para cualquier automovilista poder conocer -calle por calle y avenida por avenida- dónde se puede estacionar correctamente si es que no está claramente señalizado. Más aún teniendo en cuenta que en muchos lugares hay excepciones a la regla y en otros prohibiciones puntuales.
El placer de manejar se topa con esta cruda realidad, sobre todo cuando sorpresivamente saltan infracciones que uno ni sabía que las había cometido. Esto no sucedería si todo estuviera señalizado como corresponde y así se evitaría la picardía argentina de decir “pero si había un montón de autos estacionados ahí” o bien “el trapito me dijo que estacionara sin problemas”.

Carcelería vetusta o inexistente
Hay muchas cuadras en el barrio de Villa Urquiza en las que la ambigüedad a la hora de estacionar causa muchos dolores de cabeza y de bolsillo a los automovilistas que transitan por la zona. En calles que tienen circulación de tránsito medio y con estacionamiento un poco menos complicado que en otras zonas comerciales y céntricas, se pueden encontrar colocados de mano izquierda los nuevos carteles de permitido estacionar con la E mayúscula bien grande en blanco sobre fondo azul.

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Pero en otros lugares, mucho más importantes por el movimiento de personas, comercios y tránsito con zonas de trasbordo intenso, la cartelería brilla por su ausencia, desinforma, confunde o está degradada por el paso del tiempo o por efecto del vandalismo urbano.

Inocentes infractores
Por defecto, el ser humano tiene la tendencia de no acatar las normas que se le imponen. Pero si, sumado a esto, las autoridades responsables del ordenamiento del tránsito esconden o directamente no colocan las señales de reglamentación en forma visible, estamos ante una negligencia o ante un abuso de autoridad. No es justo multar a individuos que nunca supieron que donde estacionaron no estaba permitido, ya que ningún cartel lo informaba como tendría que ser.

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Un caso concreto se da en Monroe, desde Pacheco hasta Bucarelli, en Villa Urquiza, una zona totalmente caótica en donde es común la ausencia de lugares para poder detenerse y también estacionar. De la mano izquierda ni se discute que está prohibido estacionar, porque es evidente que al no existir cartel alguno así lo es.
Pero es sobre la mano derecha cuando surgen las dudas, que en muchos casos se diluyen cuando llegan las multas a los desprevenidos infractores. A metros de la calle Pacheco hay un cartel rectangular mutilado -con fondo blanco y letras negras sin la gran E de prohibido estacionar- con la leyenda “No estacionar días hábiles de 8 a 21 hs”. Esta señal pasa totalmente desapercibida por estar al inicio de la cuadra, ya que luego hacia la calle Díaz Colodrero se suceden todas las paradas de colectivos que se detienen ahí.

Lluvia de fotomultas
Las fotomultas llueven en esa cuadra a toda hora del día, porque los conductores -que no son adivinos ni tarotistas- desconocen que ahí no deben detenerse. Tampoco ayuda que los cordones no estén pintados de color amarillo en señal de advertencia. Más adelante, apenas cruzando la Av. Triunvirato, reposa justo en la esquina donde está la panadería un cartel totalmente gastado que con su franja y contorno rojo prohíbe la nada, porque la E negra se despintó hace ya muchos años. Este solitario cartel debería indicar que está prohibido estacionar no sólo allí sino también sobre la mano derecha hasta por lo menos la calle Bucarelli.
Entonces, en este caso, ¿tienen la culpa los conductores de no respetar algo que está prohibido expresamente pero que no está correctamente indicado? Es esta una forma perversa de multar y recaudar, ya que no se le advierte al ciudadano que lo que está haciendo está mal. Comparando esta actitud con los comercios y cadenas de supermercados, que son multados por no exhibir correctamente los precios de la mercadería en las góndolas o en los avisos publicitarios, ¿no habría que hacer lo mismo con el Gobierno de la Ciudad, que directamente no tiene los carteles colocados como debiera y en el estado óptimo para que todo aquel que no lo sepa pueda acatar la orden? Luego, si la persona incumple, ya es problema y responsabilidad del infractor.

Olazábal, otra trampa cazabobos
Lo mismo sucede en la Av. Olazábal, entre Burela y Barzana, en la cuadra donde están los bomberos y la comisaria. También está prohibido estacionar allí de mano derecha, pero no hay cordones pintados de amarillo y el único cartel que indica la prohibición está colocado a demasiada altura soportado por un poste de luz. ¿Tienen o no razón los conductores multados -que muchas veces estacionan allí para hacer algún trámite en la comisaría- cuando apelan estas multas ante el juez debido a la falta de señalización?

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Carteles para discapacitados
Mantener actualizado el padrón de carteles de estacionamiento exclusivo para personas con discapacidad parece también un asunto que se le escapa de las manos al Departamento de Tránsito de la Ciudad. Hay muchos carteles de propietarios de vehículos que ya se han mudado, que ya no poseen más auto o que fallecieron, pero que siguen estando vigentes, lo que quita lugares clave de estacionamiento.
Muchas veces son los propios vecinos los que les indican a los automovilistas -y hasta a sus familiares cuando están de visita- que estacionen libremente en esos lugares, porque ya no vive más el dueño original. Sin embargo, esto no quita que el vehículo que repose allí indebidamente sea sancionado.
Otro ejemplo esclarecedor se lo puede encontrar en la Av. Congreso al 4500, casi esquina Lugones, también en Villa Urquiza. Sobre la vereda impar, pese a que desde hace más de cuatro años se mudó el beneficiario, allí sigue habiendo un sector reservado para discapacitados.

Dudosos carteles con tarjeta
Es calamitoso el estado de muchos carteles de estacionamiento con tarjeta en algunas calles céntricas de nuestros barrios. Están totalmente oxidados, caídos o torcidos. Nunca se sabe si son cuadras habilitadas oficialmente para tal fin por el Gobierno de la Ciudad o bien se trata de alguna avivada que nunca falta. Si los carteles estuvieran perfectamente colocados y a la vista de todos, nadie entraría en disputa con los tarjeteros que tienen que cumplir con su trabajo.

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