Las decisiones que se toman en la Ciudad no siempre responden a las necesidades de los vecinos. Esto se evidencia, por ejemplo, en la llamada Siberia urquicense, una zona que carece de comunicación por la falta de líneas de colectivos. Como se modificaron algunas paradas, los nuevos túneles también trajeron complicaciones a los pasajeros.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

Con la llegada de los viaductos y también de los denominados “sapitos” a nuestra comuna, se modificaron recorridos y paradas de colectivos. Esto impactó en los hábitos de muchos vecinos y comercios y, de manera indirecta, también derivó en el aislamiento de zonas que se abastecían con el transporte público.

Caso testigo
Un ejemplo puntual es la línea 107, que desde que se inauguró el viaducto “Francisco Seeber”, de la calle Monroe, cambió su trayecto histórico dentro de Coghlan y Villa Urquiza. Ahora circula por Monroe directamente hasta la Av. Triunvirato, para proseguir luego su ruta. Antiguamente doblaba desde Monroe por Roque Pérez (hoy contramano), bordeando el Hospital Pirovano, y después tomaba Pedro Ignacio Rivera hasta Washington. El camino continuaba por Manuel Ugarte y atravesaba las vías por Nahuel Huapí hasta llegar a Pacheco, también contramano desde la apertura del túnel. Tras retomar en Cullen, llegaba finalmente a Triunvirato.
De un momento a otro, la zona de Coghlan dejó de tener ese vital servicio hacia Urquiza. Hoy sólo queda el que va, en sentido inverso, hacia Belgrano con destino final en Ciudad Universitaria. Para llegar a Monroe, los vecinos tienen que atravesar las vías por Estomba, Plaza o Mariano Acha -si prefieren hacerlo a nivel- o si no utilizar las escaleras de los sapitos de Holmberg y Donado. Desde la creación del viaducto, las paradas de los colectivos quedaron muy lejos unas de las otras, lo que va en detrimento de las personas mayores o con movilidad reducida.
En consecuencia, quedan marginados y se ven obligados a caminar o tomar un taxi para poder llegar a destino. El vecino y lector Miguel Ángel (@miangelrom) aporta, vía Twitter, una simple solución a este problema: que la línea 107 tenga un ramal con un cartel indicador que diga “Por Nahuel Huapí” y que ingrese al barrio de Coghlan con una frecuencia menor de coches. Por ejemplo que, de cada cuatro unidades uno de ellas lo haga por Nahuel Huapí hasta la plaza Echeverría, para luego atravesar las vías por Triunvirato y finalmente retomar su ruta por Monroe.
Esto no requiere de una gran inversión por parte de las empresas y del Gobierno de la Ciudad: sólo hay que instalar los palos nuevamente en las paradas donde fueron quitados e informar a los vecinos de este desdoblamiento del servicio.

En Pacheco y Rivera todavía permanece el poste de la parada de la línea 107, pero en sentido inverso al tránsito. Sería positivo que vuelva a pasar por esa zona.

Que vuelva el 140 al Parque Sarmiento
Allá por la década del noventa, los vecinos de la zona del Parque Sarmiento -y también los que vivían en los alrededores de la Estación Drago- tenían la suerte de contar con un servicio muy espaciado de la línea 140 gracias al ramal del cartel amarillo. En vez de doblar desde Álvarez Thomas hacia Monroe, seguía derecho por Galván hasta el Parque Sarmiento y regresaba luego por Valdenegro hasta Pedro Ignacio Rivera, para atravesar las vías por Mariano Acha. Después empalmaba con la calle Lugones y retomaba el recorrido habitual de las otras unidades que venían desde Triunvirato.
Sería positivo poder contar con este servicio otra vez, aunque resultaría irrisorio dada la situación en la que se encuentra el Grupo Plaza. Desde hace varios años, esta empresa -que también administra las líneas 114 y 133, entre muchas otras- brinda un servicio deficiente en todos sus recorridos, con unidades que constantemente sufren desperfectos y dejan varados a cientos de pasajeros.

La Siberia, libre de “bondis”
Geográficamente y también sentimentalmente hablando, en todos los barrios de la Capital Federal existen sub-zonas que se van formando por las costumbres de los vecinos, las características de su edificación y la actividad comercial. Esto se puede palpar en la llamada zona de la Siberia, en Villa Urquiza, demarcada por Triunvirato, Larralde, Constituyentes y Congreso. Allí el transporte público es una asignatura pendiente, porque se encuentra muy incomunicado del resto de los barrios al no contar con suficientes líneas de colectivos.
Este aislamiento se evidenció aún más desde la inauguración de la estación cabecera Juan Manuel de Rosas, ya que los vecinos que residen en la Siberia no tienen cómo llegar hasta allí para tomar el subte. Las únicas líneas que circulan por esta zona, y con muy pobres frecuencias, son dos. La 112, que lo hace por Bucarelli, pero que queda muy alejada de las calles linderas a Constituyentes, como Achega, Aizpurúa, Medeyros y Ceretti. Y la 176, con el ramal que finaliza en el Museo Cornelio Saavedra antes de Constituyentes y que luego regresa por la calle Núñez.
La única opción que tienen los vecinos es caminar varias cuadras hasta las avenidas Congreso, Triunvirato o De los Constituyentes para tomar los colectivos de las líneas 140, 71, 175 y 169. Esta falencia se da porque el barrio no es atravesado en sentido oeste-este y viceversa por ningún ramal de los que circulan por Congreso. Soluciones hay, y muy simples. Por ejemplo, si se contara con algún colectivo que ingresara por las cuadras de la Siberia, como el 140 y 71, se acabaría el problema.
Los vecinos más antiguos recordarán cuando, allá por la década del 80, transitaba esta zona la línea 187, que hacía el recorrido Chacarita-Jose León Suárez. Al no existir más la empresa propietaria, el servicio se levantó y profundizó la soledad de este rincón del barrio.

Estación incomunicada
Al estar cerrados los accesos, donde también se forma una especie de mini Siberia es en la Estación Drago. Los vecinos y pasajeros tienen que caminar muchas cuadras para poder acceder a las únicas salidas habilitadas, que nunca se terminan de remodelar. Por ejemplo, no se puede entrar ni salir desde las plataformas que están sobre la calle Mariano Acha porque los molinetes de control de pasajes aún no están instalados y las cortinas metálicas bloquean el paso. Hay que ingresar, entonces, por las calles Donado o Holmberg, tanto para tomar el servicio hacia Retiro como hacia José León Suárez. Es una falta de responsabilidad y sensibilidad que no se habiliten en tiempo y en forma todas las entradas. Como siempre, los damnificados son los pasajeros y vecinos.

Choferes irrespetuosos
Seguramente a todos les ha pasado que, cuando se aproxima el colectivo a la parada, el chofer a veces no detiene su marcha, pese a los gestos de los pasajeros, que en la desesperación hasta se llegan a bajar a la calzada. Esto puede ser porque la unidad está repleta o bien por la viveza criolla de quien la maneja. Pero hay otros casos en los que la irresponsabilidad de los choferes no tiene nada que ver con que esté completo o no el coche. Hablamos de cuando no frenan para no perder la onda verde del semáforo.
Esto sucede, por ejemplo, en la Av. Mosconi entre San Martín y la calle Concordia, en el barrio vecino de Villa Devoto. Justo en ese cruce, cuando abre el semáforo para todo el tránsito proveniente de Fernández de Enciso, se produce una leve curva a la derecha. Allí existe una parada que, por desgracia, no es respetada por muchos colectiveros.
Por ejemplo las líneas 107 y 114, a pesar de las señales insistentes de los pasajeros, reiteradas veces siguen de largo porque toman de manera muy abierta la curva como pretexto para no detenerse y arrimarse a la parada como corresponde. Los inspectores de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) deberían estar presentes alguna vez en ese lugar para poder registrar las actitudes de aquellos choferes que no cumplen con su trabajo y apercibirlos como corresponde.

Nuevas dársenas de detención
En los últimos meses, los vecinos de las avenidas Mosconi y Olazábal se vieron sorprendidos por la construcción de nuevas y más anchas veredas. Estas dársenas, que se instalaron en paradas y refugios de colectivos, favorecen el ascenso y descenso de personas mayores o con movilidad reducida. También buscan evitar que autos particulares y camiones de reparto se estacionen allí y obstruyan el sector.

En Olazábal y Mosconi se instalaron dársenas para el ascenso y descenso de pasajeros.

Como toda nueva medida, generó aprobación y rechazo de parte de quienes la utilizan. Al margen de las polémicas, estas obras sirven para que los choferes puedan percibir a la distancia que allí deben detenerse y recoger a los pasajeros.

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2017/09/Fiscal-2-1-150x150.jpg