El mes pasado relevamos una seguidilla de incidentes protagonizados en Villa Urquiza por la línea 140. En un lapso de 24 horas, y a tan sólo dos cuadras de distancia, a fines de diciembre se prendieron fuego dos unidades en las calles de Villa Urquiza. El primer colectivo se incendió el lunes 26 en Triunvirato y Monroe, esquina clave del barrio. El segundo al día siguiente, en la parada de Olazábal y Álvarez Thomas. El 20 de agosto de 2015 había ocurrido otro episodio con la misma línea, perteneciente al Grupo Plaza, cuando un ómnibus se detuvo por fallas mecánicas en Constituyentes y Crisólogo Larralde y quedó envuelto en llamas.
Si diciembre fue un mes movido para la empresa que pertenece a los hermanos Claudio y Mario Cirigliano, enero no se quedaría atrás. El jueves 26 un colectivo de la línea 133 que se dirigía hacia Puente Saavedra se incendió en la intersección de las avenidas Olazábal y Triunvirato, sin que se produjeran víctimas. “Cuando el chofer de la unidad advirtió un recalentamiento de la planta motriz, alertó a los pasajeros y les pidió que se bajaran. En esas circunstancias, el ómnibus comenzó a incendiarse y rápidamente las llamas se expandieron por toda la carrocería, que fue consumida en poco tiempo”, citaron varios medios nacionales.
No sería todo. El domingo 29 un interno de la línea 114 se quedó atravesado en Blanco Encalada y Burela, perdiendo gasoil y con el motor en marcha. Finalmente, el martes 31 otro colectivo 114 sufrió desperfectos mecánicos y dejó de funcionar en Griveo y Gavilán, Villa Pueyrredon. Tras la difusión de esta seguidilla de graves irregularidades, en las redes sociales de nuestro periódico se multiplicaron los mensajes de usuarios que se quejan de la falta de mantenimiento de las líneas que integran el Grupo Plaza y circulan por la Comuna 12, así como de la suciedad externa e interna de las unidades, de la escasa frecuencia y hasta de la imprudencia con la que manejan sus choferes.
Es muy raro que entre diciembre de 2016 y enero de 2017, en un lapso no mayor de 40 días corridos, se hayan registrado en Villa Urquiza no menos de tres incendios y dos fallas graves de colectivos pertenecientes a las líneas 114, 133 y 140. Uno de ellos, el que afectó al interno de la 133, pudo haber sido fatal de no mediar un accionar más rápido del chofer. A la luz de estos hechos, no es descabellado pensar -considerando que los Cirigliano fueron considerados responsables por la tragedia ferroviaria del 22 de febrero de 2012, que causó 52 muertes en la Estación Once- que un colectivo del Grupo Plaza pueda protagonizar un siniestro con víctimas.
A fines de la década pasada advertíamos que, tras la incorporación de modernas unidades con aire acondicionado, los ómnibus del Grupo Plaza habían empezado a mejorar las frecuencias de sus coches y el confort de los pasajeros. Sin embargo, el servicio volvió a decaer luego del criminal accidente de 2012 y unidades que no llegan a los diez años de antigüedad lucen como chatarras rodantes. Por ello es momento de que el Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte de la Ciudad y la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), actúen de oficio ante el riesgo de que el Grupo Plaza provoque una nueva tragedia en el transporte público porteño.

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