Oriundo de Santiago del Estero, su dueño empezó como un empleado más y con el paso de los años se hizo cargo del local, al que luego se sumaron sus dos hijos. Hoy reparan un promedio de diez autos por semana. En esta nota destacan la relación con los vecinos y recuerdan cuando un cliente llamado Roberto Goyeneche se ponía a cantar en la puerta.

Fausto Montenegro dejó su Santiago del Estero natal a los 18 años y vino a Buenos Aires para realizar el servicio militar. Con una mano atrás y otra adelante, a la par comenzó a trabajar de aprendiz en un taller de chapa y pintura ubicado en Palermo, que luego se mudó a una casa antigua de Tamborini 3585.
Como no le alcanzaba para pagar una pensión, en sus inicios el pequeño altillo del reducto saavedrense hacía las veces de hogar. Trabajaba junto a otros tres compañeros, con quienes se asoció y con mucho esfuerzo logró comprar el local. Al poco tiempo los socios abandonaron el emprendimiento y quedó solamente él, que se hizo cargo del Taller San Francisco y lo adoptó para siempre como su medio de vida.
Con alegría y humildad, hoy está celebrando 50 años ininterrumpidos de trabajo. La fecha exacta de fundación fue el 1 de mayo de 1968, cuando Av. Balbín era Del Tejar, estaba empedrada y tenía un bulevar en el carril central. “En el barrio habían pocas construcciones en altura y muchos espacios verdes”, recuerda Fausto, hoy vecino de Larralde y Superí.
Hace una década se sumaron a trabajar sus dos pichones, Lucas y Ariel, que ya frecuentaban el taller desde pequeños. “Veníamos a cebar mate y a jugar entre los autos. Desde chicos mamamos este oficio”, asegura Lucas, actualmente encargado de los clientes de las compañías de seguros y concesionarias. Su hermano hace las tareas de pintura y el viejo encabeza la empresa con su experiencia. Aunque los dejó hace dos años, mamá también está presente.
“No hay en la zona un taller con tanta antigüedad -se enorgullece Fausto-. Todavía conservamos algunos clientes de los primeros años y de otros ya vienen los nietos. La relación con todos ellos es muy buena, por eso aguantamos tantos años”. El servicio también es muy eficiente: “Reparamos un promedio de diez autos por semana y, a lo largo del año, no recibimos ningún reclamo. Por suerte nunca surgen inconvenientes con los clientes”.
Uno de los más famosos que pasó por allí fue Roberto Goyeneche, vecino de la esquina, quien iba con su hijo a arreglar el Chevy. “El Polaco era amigo. Le gustaba hablar de Platense con los muchachos del taller y le pedíamos que cantara Nieblas del Riachuelo. Conocemos a toda la familia”, dice Fausto, quien durante estos 50 años también atendió al Loco Gatti, el Pato Fillol, Daniel Passarella, Pinino Más, Enrique Dumas, Zamba Quipildor, Los Chalchaleros, Griselda Siciliani y Pablo Codevilla, entre otros personajes célebres.

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