Fue durante 23 años juez de línea y alcanzó su cenit profesional en 1994, durante el Mundial de Estados Unidos. Vecino de toda la vida de Villa Urquiza, se ocupa de la designación de los árbitros asistentes en todas las categorías del fútbol argentino. Hace dos años sufrió un robo en el que perdió casi todos sus ahorros.

Por Marcelo Benini
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“Yo tengo un Fiat Palio y un departamento. Pero si de golpe me ves con un BMW y me voy a vivir a las Lomas de San Isidro vas a preguntarte qué hizo éste”. La definición pertenece a Ernesto Taibi (62), juez de línea retirado. Tras dirigir desde los juveniles de la D hasta la 1º A, alcanzó la cúspide profesional al participar del Mundial de Estados Unidos en 1994. Continuó once años más en el arbitraje, hasta que se retiró en 2005.
“Yo laburé desde los 18 años. Mis viejos me dejaron educación por un lado y un local en Olazábal y Pacheco por el otro. Cuando falleció mi papá seguí un tiempo atendiendo el negocio: comercializaba productos de limpieza y de perfumería. Como gracias al arbitraje empecé a viajar seguido, alquilé el local y luego lo vendí para meterme en un emprendimiento con dos socios más. En 1995 fundamos en Pacheco y Blanco Encalada un geriátrico, Don Emilio, que administré durante más de diez años. Fue una experiencia linda pero muy desgastante, porque te hacés carne de un montón de cosas que pasan ahí adentro”, cuenta Taibi, quien tras colgar el banderín encontró una nueva función en la AFA. Su responsabilidad actual es designar a los árbitros asistentes de todas las categorías del fútbol argentino.

-Conociste toda la trayectoria dirigencial de Julio Grondona. ¿Cómo lo definirías?
-Yo nunca tuve un problema con él. Soy un agradecido, ya que durante su gestión recorrí el mundo. Él reconocía errores, como el del partido final de River. Con Lamolina le propusimos un árbitro, pero él quería a Pezzotta y después dijo haberse equivocado. Lo de Passarella fue un invento: River no descendió por culpa de él, se vino abajo solo. Hubiera sucedido lo mismo si la Selección no clasificaba al Mundial: el palo lo recibía Chiqui Tapia, por ser el dirigente en ese momento.

-Estás mencionado en unas escuchas de AFA que trascendieron hace unos años (N. de la R.: Grondona habla con Abel Gnecco, director de la Escuela de Árbitros, y le dice “ojo los líneas que ponés, que por ahí con éste, ¿cómo se llama?, Taibi, hay que tener cuidado”). Da la sensación de que no confiaba en vos, pero en el buen sentido. Como que no estabas metido en la rosca…
-Sí, Grondona le dice a Gnecco que yo no intervenga en las designaciones. Le pedía que las hiciera él solo, porque yo era muy duro. Sin querer, me estaba elogiando.

-¿Quién es para vos el mejor árbitro argentino?
-Patricio Loustau.

-¿Y por qué entonces va Pitana al Mundial de Rusia?
-Nosotros nos preguntamos lo mismo.

-¿Qué opinás del VAR (Video Assistant Referee)? ¿Tendrá éxito o fracasará?
-Hasta ahora, lo que se vio no fue óptimo. No se puede retroceder dos minutos una jugada para corregirla. Debe ser de rápida aplicación, si no se pierde la esencia del fútbol.

-¿Qué anécdota podés contar de tu carrera profesional?
-Ver jugar a Maradona con Caniggia o que Diego me pregunte cuando entraba a la cancha “¿cómo te va Ernesto”? son recuerdos imborrables. Y ser testigo de los entrenamientos de Messi en el predio de Ezeiza es una experiencia increíble.

-¿Imaginás qué puede pasar en Rusia con la Selección?
-Haber perdido tres finales seguidas es un grano para estos jugadores. Esta generación se debe un título.

-¿Vas a ir al Mundial el año próximo, como espectador?
-Tengo ganas, pero tendría que ser una invitación. Porque antes que gastar esa plata para ir a ver a la Selección prefiero visitar a mi nieta que vive en España. Nació el 14 de julio del año pasado y la vi por última vez en el verano.

-Hace un par de años sufriste un robo en tu departamento de Díaz Colodrero y Quesada. ¿Cómo fue?
-Sucedió un 25 de diciembre. Yo acababa de vender el geriátrico, guardé parte de ese dinero en el departamento y me fui a pasar Navidad en Concepción del Uruguay. Estaba por cenar cuando me suena el teléfono y me dan la noticia. Volví manejando a la noche con uno de mis hijos a toda velocidad, una locura, para llegar a mi casa y confirmar lo que ya sabía. Me robaron 50.000 dólares, parte importante de los ahorros de toda una vida. De algo así no te reponés ni económica ni anímicamente. Imagino a la gente que atraviesa otra clase de desgracias y entonces me siento un afortunado, pero yo podría estar en una situación mucho más tranquila y la tengo que pedalear. Traté de remontar el barrilete como pude. Si te afanan a los 30 años, tenés la edad o la fuerza necesarias para recuperarte. A los 62 no podés volver a empezar.

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