Un escandaloso inicio de obra del proyecto inmobiliario Evoque puso en vilo a los vecinos de Villa Urquiza. La pérdida de un caño de agua socavó los cimientos de la construcción y, como si se tratara de un terremoto, descalzó la acera y comprometió gravemente a un local comercial. Tras una denuncia de este periódico, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad detectó el derrame de líquidos contaminantes en la vía pública.

El sábado 3 de setiembre amaneció con angustia para los vecinos de Villa Urquiza. El gigantesco pozo que en los últimos tres meses se cavó en la esquina de Triunvirato y Olazábal para levantar una torre de lujo, donde antes funcionó una estación de servicio Shell, comenzó a engullirse la vereda. De hecho, fracturó una porción de al menos veinte metros, generando una grieta de casi diez centímetros. Cerca de la esquina, la acera incluso se levantó cinco centímetros por sobre su nivel natural.
La causa de este principio de derrumbe se debió a la rotura de un caño pluvial, que recién al día siguiente los operarios de la empresa AySA lograron sellar. Mientras tanto, toneladas de agua drenaron sobre la superficie excavada por los constructores del edificio Evoque, que fueron socavando los cimientos. La zapatería Popeye debió cerrar sus puertas y sus empleados abandonaron el local ante la aparición de rajaduras, que días más tarde pudimos comprobar (ver nota aparte). Algunos vecinos del edificio lindero decidieron autoevacuarse, por precaución, ante la incertidumbre reinante.
Como primera medida, la avenida Triunvirato fue cortada a la altura de Blanco Encalada. Lo propio se hizo en Olazábal y Bauness y en Mendoza y Avalos. El desprolijo operativo policial provocó un caos de tránsito durante varias jornadas, ya que los automovilistas no encontraban la forma de salir de la zona. ¿A nadie se le ocurrió programar los desvíos con tres o cuatro cuadras de antelación a la zona del conflicto?
El domingo 4 la situación no cambió demasiado. Si bien se había logrado resolver la pérdida de agua, algunos vecinos sostenían que hacía mucho tiempo que existía esa fuga y que se demoró en resolverla. La obra fue clausurada por la Policía Metropolitana de la Comuna 12, pero un cartel pegado en uno de los accesos deslinda responsabilidades en AySA: “Por causas ajenas a la obra (desperfecto en caño de agua) estamos realizando un operativo preventivo en la construcción”.

Combustible en el desagüe
Además del derrumbe de la vereda, El Barrio pudo constatar la filtración de agua con fuerte olor a combustible en la alcantarilla de Triunvirato. La denuncia de este periódico, a través de las redes sociales, motivó que la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y la Dirección General de Control de la Calidad Ambiental del GCBA inspeccionaran el predio de Triunvirato y Olazábal. Las autoridades detectaron “la presencia de hidrocarburos con bajo riesgo de explosividad y vuelcos indebidos en el sumidero de la vía pública”. En consecuencia, se procedió a la clausura.

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Luego de la inspección, la controvertida obra de Villa Urquiza dejó de drenar agua con combustible al desagüe de Triunvirato, pero, para indignación de los vecinos, comenzó a hacerlo desde dos gruesos caños de PVC directamente hacia la alcantarilla de Olazábal. Independientemente del riesgo de explosión, que se está subestimando, se trata de un grave atentado al medio ambiente. Informes de hace varios años alertaban que, de continuar este proceso de contaminación, la potabilización del agua del Río de la Plata será algún día imposible.
A partir de las denuncias realizadas por El Barrio, el abogado y vecino Facundo Somosa realizó una presentación ante la Unidad Fiscal para la Investigación de Delitos contra el Medio Ambiente.

La palada inaugural
“Junto a Baigún Operaciones Inmobiliarias y la Inmobiliaria Vega, en Urbania Desarrollos comenzamos las excavaciones de nuestro emprendimiento Evoque Olazábal con este evento simbólico, nuestra palada inaugural”, anunciaban en mayo los responsables del proyecto Evoque, en Triunvirato y Olazábal, desde su página de Facebook. Hubo brindis y caras sonrientes. Sin embargo, no tardarían en aparecer los problemas. Primero fue el persistente olor a combustible, denunciado por varios vecinos, y luego el derrumbe de la vereda, que afectó las viviendas y locales linderos.
Una nota del diario Clarín describía el proyecto como una torre residencial de formas inéditas para el barrio, que ocupará una esquina neurálgica donde había una estación de servicio. “El proyecto, icónico, ya es un éxito en la preventa”, anunciaba el artículo. Los departamentos de cuatro ambientes se ofrecen a más de 500.000 dólares.
La empresa Shell, propietaria del lote, vendió el terreno a principios de esta década a través de una subasta y la mejor oferta fue la del grupo que integran las firmas Urbania Desarrollos y Compañía Buenos Aires (CBA). “El uso anterior motivó que durante dos años se realizaran trabajos de remediación del terreno con tratamiento de residuos tóxicos, algo indispensable en lotes que tuvieron este uso. Así, sus adquirientes lo encontraron en buenas condiciones”, explicó a Clarín Gustavo Cohen, responsable de las torres Mirabilia, en Palermo Hollywood, entre otros emprendimientos. El diseño arquitectónico estuvo a cargo del estudio M/SG/S/S/S y plantea “una torre de 15 pisos sobre basamento que se adapta a las medianeras, toma la forma curva de la esquina y genera un gran atrio de acceso en triple altura sobre Olazábal”.
Villa Urquiza es uno de los barrios que más ha crecido en altura y muchos temen que su infraestructura no resista. Después de la tragedia en 2010 del gimnasio Orion, a escasos 100 metros de distancia de Triunvirato y Olazábal y en la que murieron tres jóvenes, existe el lógico temor de que una obra en construcción provoque un desastre si no se arbitran los debidos controles. Seis años después, un barrio que supo ser residencial sufre otra vez las consecuencias de la imprevisión constructiva y, acaso, el relajo de quienes deben fiscalizar.

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