El tránsito que circula por la Ciudad es cada día más numeroso y peligroso. Es por esto que algunas intersecciones de calles y avenidas, que no cuentan con semáforos ni reductores de velocidad, se convierten en riesgosas para conductores y peatones. Enumeramos cruces de nuestros barrios en los que se registran constantes accidentes.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
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En materia de tránsito el ser humano es, lamentablemente, hijo del rigor. Debe estar vigilado porque el exceso de velocidad, sumado a la falta de prudencia, produce heridos y muertes. Si los accidentes se pueden evitar, entonces no son accidentes. Todos sabemos que si los vehículos son mal utilizados, sin reglas ni control, pueden transformarse en armas letales.
Además de un cambio de conducta de parte de los conductores, las autoridades municipales también tienen que hacer lo suyo. Puntualmente, es necesario que se aceleren los tiempos de gestión para dar respuesta a los pedidos y reclamos de los vecinos. Por ejemplo en aquellos cruces de calles y avenidas en donde el alto caudal de tránsito ya no puede ser regulado simplemente disminuyendo la velocidad para que los vehículos y peatones puedan cruzar.
Si no hay agentes de tránsito, la colocación de un semáforo es la mejor opción en estos casos. La autorregulación ya no funciona más.

La esquina de Altolaguirre y Olazábal necesita con urgencia semáforos, por la fluidez de los vehículos que pasan por ambas manos.

Falta de respuestas
Los vecinos ya están cansados de presentar reclamos y que se los desestimen uno tras otro, sobre todo los referidos a intersecciones peligrosas que a diario contabilizan gran cantidad de accidentes. El argumento esgrimido para rechazar los pedidos es que la prioridad para la instalación de semáforos son las avenidas. Pero sucede que, por sus dimensiones y caudal de tránsito, muchas calles incitan a los conductores a superar los 40 kilómetros por hora sin percatarse de los carteles que indican lo contrario.
Un ejemplo concreto se puede apreciar en Crisólogo Larralde y Galván. No son avenidas sino calles, pero el tránsito las considera arterias rápidas y desarrolla altas velocidades, llegando a sobrepasar los 60 kilómetros por hora. Cuando no hay semáforo, cabe recordar que la prioridad de paso la tiene siempre el que circula por la derecha. Pero vaya uno a explicárselo al que viene a las “chapas” por Larralde o Galván… No queda otra opción que clavar los frenos o directamente volar por el aire.
Hospitales, compañías de seguro, fuerzas policiales, medios periodísticos y redes sociales actúan como fiscales y a diario recolectan pruebas de las colisiones. En el apogeo de la tecnología, donde todo es vigilado por cámaras de seguridad, ¿las autoridades municipales y los jueces no perciben los accidentes que suceden repetidamente en los mismos lugares? ¿Qué otras pruebas hacen falta para que se proteja la integridad de los ciudadanos?

En Capdevila y Congreso, los maceteros colocados por la farmacia de la esquina sirven para atajar a los vehículos que colisionan.

No sólo son perjudicados los automovilistas sino también los peatones, que no pueden cruzar en un tiempo lógico de un lado al otro de la acera. Los adultos mayores, las personas con movilidad reducida y las madres con sus cochecitos son los que más padecen esta situación. Alguna razón debe existir para que las autoridades hagan la vista gorda ante los múltiples accidentes que se producen en muchas esquinas de nuestra comuna. ¿Será que colocar semáforos es muy costoso? Con la recaudación de impuestos municipales, que se supera año tras año, parece un chiste.
A quien le cuesta dinero -y un mal trago- es al conductor, que debe reparar su vehículo y litigar con la otra compañía de seguros. También los comercios y propiedades aledañas, por los daños que sufren en sus fachadas.
Enumeraremos algunos de los cruces más peligrosos de la Comuna 12, que cuentan con gran cantidad de colisiones en su haber.

Av. Olazábal y Donado
Desde que se inauguró el sapito, el tránsito no cesó y, sumado al nuevo asfalto de Donado y la eliminación de la cuneta en Olazábal, se registra mayor velocidad una vez que abre el semáforo ubicado en Monroe. Los vecinos ya perdieron la cuenta de la cantidad de choques que se produjeron en los últimos meses. En Olazábal y Holmberg, donde por suerte ya se colocó un semáforo, la realidad es otra. Holmberg ya no es más una calle sin control.

Altolaguirre y Av. Olazábal
Como en el caso anterior, desde que se hizo el túnel el tránsito se incrementó y, al llegar a Olazábal, cruzar la avenida demanda tiempo y paciencia. Es una esquina importante, situada en una zona densamente poblada que incluye a la Policía y los Bomberos.

Intentar atravesar por el Pasaje Foullier hacia Gabriela Mistral, en su cruce con Constituyentes, es una verdadera odisea.

Av. de los Incas y Donado
Esquina compleja si las hay, con gran caudal de tránsito en ambas manos. Para peor, por Los Incas pasa la línea 80 de colectivos, que la hace más difícil de atravesar. Ayuda mucho cruzar por Donado junto con algún colectivo de las líneas 93, 112 o 90. Impera la ley del más fuerte.

Av. Congreso y Capdevila
Los maceteros colocados en la esquina de la farmacia son para atajar los accidentes que terminan sobre la vereda. Muy esporádicamente atraviesa por Capdevila algún colectivo 176 del ramal que termina en el Museo Saavedra y ayuda a salir vivo de ese intento.

Av. de los Constituyentes y Gabriela Mistral
Imposible cruzar en vehículo y menos aún de a pie desde el Pasaje Foullier hacia Gabriela Mistral. El tránsito por Constituyentes es muy intenso, con el adicional de los camiones de gran porte que vienen desde Mosconi cuando habilita el semáforo y el tránsito que avanza desde Juramento. Una odisea lograr que alguien deje un huequito.

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