El actor, surgido de la inagotable cantera de Cris Morena, se presenta de jueves a domingo en el emblemático escenario de Villa Urquiza con la obra “Los martes, orquídeas”, basada en la película de la década del ‘40 que consagró a Mirtha Legrand. “Me gané el goce de hacer este personaje tan entrañable”, confiesa.

Por Pablo Riggio
priggio@periodicoelbarrio.com.ar

Dice Felipe Colombo (35) que este año, exactamente a dos décadas de su llegada a la Argentina desde su México natal, fue un año de “replantearse cosas”, tanto personales como profesionales. En medio de esa revisión mental de su carrera y de sus proyecciones a futuro surgió la posibilidad de actuar en la obra Los martes, orquídeas. Y, de alguna manera, todo se acomodó un poco: “Esta obra me removió muchas cosas como actor mexicano y argentino. Siento que es una cuestión personal: me gané el goce de hacer este personaje que es tan entrañable”.
Surgido de la cantera de Cris Morena, se hizo conocido por sus trabajos en Chiquititas y Rebelde Way y construyó una extensa carrera en televisión y teatro. Actualmente conduce el ciclo Alimento Balanceado por Radio Nacional Rock, participa de la tira Mi Hermano es un Clon por El Trece y se presenta de jueves a domingo a las 20 en el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza con Los martes, orquídeas, basada en la película estrenada en 1941 que consagró a Mirtha Legrand como una de las grandes figuras del cine argentino.
Con la actuación de Mario Pasik, Graciela Pal y Candela Vetrano (en el papel que supo interpretar la diva), la directora Lía Jelin y el guionista Jorge Maestro realizaron un exhaustivo trabajo para respetar el contexto histórico de la obra, pero adaptándola a los requisitos de una comedia de los tiempos que corren.

-¿Cuál es el principal atractivo de esta obra?
-Funcionan muy bien en conjunto cada una de sus partes: la adaptación del libro, acompañada por la escenografía, los peinados y los vestuarios. El hecho de que haya un pianista en vivo, que lo hace un actorazo, Santiago Otero Ramos, le da un plus. La gente, principalmente los jóvenes, piensa que se va a encontrar con un drama o algo medio antiguo porque es una obra que tiene 80 años y cambiaron los lenguajes y los códigos del humor. Pero esta comedia blanca -un género muy instalado en el ADN del porteño- tiene todos los engranajes que hacen que funcione hoy en día.

-¿Se tocó mucho el guión?
-Sí, las escenas más largas se redujeron a una coreografía, por ejemplo, y se resolvieron de distintas maneras para lograr subirnos a una obra que está tan instalada en el imaginario. Tal vez muchos no vieron la película pero Mirtha es un ícono y este fue el puntapié de su carrera.

-¿Qué instrumentos utilizaste para crear a tu personaje, que “vivió” hace 80 años?
-Me costó mucho este personaje porque todo ese lenguaje y esa musicalidad que está en la genética del teatro y el cine argentino de aquella época yo no la tengo porque, básicamente, nací en otro país. Muchas cosas de ese lenguaje lo tienen los argentinos por sus abuelos o por tenerlo de oído. Entonces yo comía mirando películas de la época, algunas las veía pero otras simplemente las tenía de fondo para escuchar la música, el ritmo, cómo hablaban, qué decían. Quería escuchar a Juan Carlos Thorry (N. de la R.: quien interpretó originalmente a su personaje en la película), a Luis Sandrini

-¿Hablaste con Mirtha desde que se estrenó la obra?
-Vino a ver la función, se paró en el medio del teatro y dijo unas palabras bellísimas. Y contó: “Al estreno fui en tranvía y volví en un Cadillac, que aún no sabemos de quién era”. Después habló con nosotros sobre cada uno de nuestros personajes. A mí me preguntó cómo me llamaba y cuando le dije mi nombre me contestó: “¡Ah, Felipe! No te reconocí”. Eso es un gran mérito.

-Ya trabajaste en el Teatro 25 de Mayo con las obras “Cardenio” y “Filomena Marturano”. ¿Qué te genera este escenario?
-Este teatro es hermoso, lo adoro. Me encanta la gente que labura acá y su mística: la parte gardeliana y del cine, luego la historia de recuperación y el cariño que le tiene la gente del barrio. Todos los que vienen acá destacan lo hermoso que es. Además hay espectáculos muy lindos y tiene mucho movimiento con la milonga y los cursos. Es una perla, un centro cultural. ¡Solo me falta usar la parrilla que está en la terraza!

-¿Qué conocés del barrio?
-Vivo en Colegiales, pero conozco mucho porque tengo gente acá. Me gusta mucho la zona. Cada tanto vamos a la Cantina Bruno a la salida del teatro, siempre nos tratan muy bien. Nos vamos después de hacer la función y nos quedamos hasta tarde haciendo sobremesa, nos aguantan un buen rato. Pero el barrio tiene muchos espacios lindos: que el teatro tenga proyección de cine me parece muy interesante en ese sentido.

-Hacés teatro, tele, radio y hasta tuviste una participación reciente en “ShowMatch”. ¿Qué es lo que sigue? ¿Te interesa dirigir?
-Son 35 años particulares los míos, porque empecé a trabajar a los seis y es un recorrido muy largo. Entonces uno se pregunta: ¿hay otras cosas que puedo hacer? Sí. ¿Hay tiempo? Se puede encontrar. Es interesante hallar un lugar de confort para nuevamente salir de allí y buscar otras cosas que interesen. Me voy aggiornando, por eso estudio libros, dirección y guión. Me hago tiempo para aprender la parte teórica, que casi ni la tuve porque trabajé desde que nací. Dirigir es algo que se me pasa por la cabeza. No inmediatamente, pero lo pienso a futuro.

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